NosotrAs: La movilidad también tiene género
La forma en que habitamos y nos movemos por la ciudad revela desigualdades de género, pero también la fuerza del cuidado colectivo entre mujeres
La manera en que ocupamos la ciudad no es la misma para todas las personas. Moverse y habitar la ciudad se vive diferente conforme al género pero también respecto a la identidad, discapacidad, movilidad limitada y los cuidados.
Sin embargo, durante años se han implementado acciones y políticas públicas de la movilidad, así como el desarrollo del sistema de transporte público desde la visión del usuario neutro: masculino, joven y sin discapacidad. Tristemente esto ha dejado una brecha en la accesibilidad y seguridad en la movilidad cotidiana, incluido el uso del transporte público colectivo.
A nivel nacional, el transporte público es el segundo medio de transporte más utilizado por las mujeres. En Coahuila incluso más mujeres que hombres lo utilizan, de acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI. No obstante, aunque somos las principales usuarias, la participación de las mujeres en el propio sistema de transporte sigue siendo mínima. En México sólo 3 de cada 20 personas trabajadoras en el transporte colectivo urbano y suburbano de ruta fija son mujeres, según la Encuesta Anual de Transporte 2024 del INEGI.
Desde pequeñas nos enfrentamos no solo a la travesía de llegar a tiempo a nuestro destino, sino también a la violencia en las calles y en el transporte público, marcada por el acecho, acoso y violencia sexual. Lamentablemente, no fue sino hasta hace poco que este tipo de acciones han empezado a ser reconocidas y sancionadas para los usuarios de las vías o conductores que las ejercen.
Aun así, denunciar sigue siendo un proceso necesario pero también cansado. Desde la experiencia personal, lo identifico con una carga emocional compleja: saber que denunciar es lo correcto pero hacerlo implica recordar y revivir las experiencias amargas que vivimos día con día, simplemente por caminar y dirigirnos a nuestros destinos.
No obstante, cuando camino con mujeres y subo al transporte con ellas, hay una cierta percepción de seguridad y libertad, y creo que eso viene del sentido de cuidado colectivo, tan necesario para hacer frente a la complejidad de la cotidianidad. Desde chica he visto cómo solemos sentarnos cerca unas de otras en el transporte; incluso nos ayudamos a cuidar las bolsas de mandado, a vigilar a las infancias que nos acompañan o las mochilas.
Nos invito a sostener el cuidado colectivo desde lo cotidiano, lo emocional y lo profesional. En cuanto al último aspecto, es de suma importancia impulsar que las estudiantes, profesionistas, conductoras y trabajadoras del transporte y la movilidad sumen capacidades técnicas, operativas y estrategias para fortalecer nuestra participación y toma de decisiones en el sector.
Es fundamental ocupar los espacios para impulsarnos y guiarnos a construir un camino juntas que realmente impulse la movilidad segura de todas, incluyendo infancias, personas adultas, personas con discapacidad, y la comunidad LGBTQ+. Porque si nos falta una, no llegamos todas seguras. Movámonos y habitemos el espacio desde la colectividad.