NosotrAs: La salud mental también es desigualdad
Más oportunidades para las mujeres no han reducido la carga: el desgaste emocional también es una forma de desigualdad
Hoy en día se ha ido generando mayor conciencia en torno a temas relacionados a la salud mental y su importancia resulta cada vez más evidente en todos los ámbitos. Sin embargo, hablar de salud mental sin perspectiva de género nos lleva a negar la existencia de los roles culturales que se nos han impuesto, donde siguen presentes los estereotipos y creencias que definen las oportunidades, pero sobre todo las responsabilidades específicas para cada sexo.
Enfocándonos en las oportunidades, habrá quienes argumenten que actualmente se han abierto nuevos caminos para las mujeres, y es verdad: hoy contamos con más oportunidades que nuestras ancestras. Pero al incluir la variable de la responsabilidad, el panorama cambia. Porque sí, hoy contamos con más oportunidades –laborales, sociales, económicas–, pero sigue existiendo una brecha en la responsabilidad que, en la mayoría de los casos, no se comparte, sobre todo para quienes deciden unirse en matrimonio o ser madres. Pareciera que las condiciones de vida exigen a las mujeres más presencia, más cuidado, más compromiso, lo cual va formando poco a poco un desgaste emocional que, además, debe ser silenciado para no incomodar; porque “calladitas nos vemos más bonitas” y porque, al fin de cuentas, es parte de nuestro rol como mujer “poder con todo”.
¿No es eso lo que estamos exigiendo: más oportunidades, mayor crecimiento personal y laboral? Esa pregunta la tomé prestada de un hombre al que le parecía una “exageración” ese desgaste emocional que antes mencioné, sólo porque una de sus colaboradoras solicitó apoyo psicoterapéutico y, para su mala suerte y prejuicios, se lo tuvo que brindar para cumplir con la NOM-035, la norma oficial mexicana que establece la obligación de identificar, prevenir y atender los riesgos psicosociales en los centros de trabajo.
Pedir ayuda, sobre todo en temas de salud mental, sigue siendo señalado. Hay personas que todavía utilizan la palabra “loca”, “histérica” o “inestable” para quienes deciden cuidar su salud mental, acudiendo a terapia psicológica y, si es necesario, también psiquiátrica. Y aquí una vez más salen a relucir los estereotipos, con el típico comentario: “Las mujeres son muy emocionales y sensibles. Eso no les permite ocupar espacios de poder o de liderazgo”.
Me parece que lo que sigue sin quedar claro es que el problema no es si somos emocionales o no, o si nuestra sensibilidad nos atraviesa más que a ellos; el problema es que nos ha sido difícil ser sostenidas por un sistema machista. Pero ellos tampoco lo han sido, porque, sin querer asimilarlo, el machismo también se ha interpuesto en su desarrollo personal y en su salud mental y emocional: desde niños se les enseñó a reprimir más que a sentir, a controlar en lugar de conversar, a confundir la violencia con autoridad, a mostrarse fuertes, nunca vulnerables, como si eso no fuera también una carga. Poco a poco, les invade un conjunto de estresores que acaban en un burnout o incluso en infartos.
Es por eso la importancia de empezar a mirar la salud mental como un derecho que nos pertenece, desde una mirada más amplia que tome en cuenta los contextos y, sobre todo, las creencias y estereotipos que nos siguen acompañando. Porque es necesario construir una sociedad que sostenga, que empatice, que comparta responsabilidades y que aprenda a visibilizar la lucha que todas y todos llevamos dentro.