NosotrAs: No permitas que callen tu voz, corten tus alas y apaguen tu brillo

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A veces, recuperar la propia voz significa cuestionar todo aquello que aprendimos a aceptar, reconocer nuestro valor y atrevernos a vivir de otra manera

NosotrAs: No permitas que callen tu voz, corten tus alas y apaguen tu brillo

Hay historias que nacen en la adversidad, pero florecen en la determinación. La mía es la historia de una mujer que aprendió a levantarse después de las caídas, a confiar en sí misma cuando nadie más lo hacía y a descubrir que la verdadera fuerza surge cuando decidimos dejar de sobrevivir para empezar a vivir.

Estudié Técnico en Contabilidad y Secretariado y actualmente soy directora en ventas independientes. Sin embargo, más allá de los títulos o los reconocimientos, el mayor regalo que me ha dado este camino ha sido descubrirme como una mujer fuerte, audaz, inteligente y capaz. Ahí encontré también una misión: ayudar a otras mujeres a reconocer su propio valor. Hoy las guío, las apoyo, las capacito y celebro sus logros para que puedan alcanzar sus metas personales y profesionales.

Cada mañana empiezo mi día bailando ritmos latinos. Es mi terapia, mi forma de recargar energía y recordarme que siempre hay motivos para seguir adelante. Soy madre de tres hijos ya adultos, de 35, 25 y 22 años, y hace quince años me divorcié, quedando al frente de toda la responsabilidad de sacar adelante a mi familia. Muchas personas dudaron de que pudiera hacerlo. Yo también tuve miedo, pero sí pude.

Aprendí que el amor debe comenzar por nosotras mismas y no fue una lección fácil. La aprendí a través de experiencias dolorosas. Soy sobreviviente de una relación marcada por el narcisismo y durante mucho tiempo creí que mi vida estaba definida por las circunstancias que me rodeaban. Hoy sé que salir adelante dependía de mí, aunque en ese momento todavía no lo entendía.

Vengo de una familia humilde de once hermanos. Crecí en un hogar donde la última palabra siempre la tenía mi padre. Mi madre era una mujer amorosa, trabajadora y entregada, pero también una mujer que vivió desde la resignación. Conozco la pobreza porque la viví. Sé lo que es ir a la escuela sin zapatos, sentir hambre y crecer con carencias que te hacen creer que vales menos que los demás. Durante muchos años me sentí poco merecedora del amor, de la atención y de las oportunidades. Esa forma de pensar me acompañó hasta mi vida adulta.

Conocí al padre de mis hijos siendo muy joven. Cuando me embaracé, pensé que estaba construyendo una vida basada en el amor y, con el tiempo, comprendí que, sin darme cuenta, estaba repitiendo muchos de los patrones con los que crecí. Aprendí a callar, a obedecer y a poner las necesidades de los demás por encima de las mías. Aunque estudié con gran sacrificio y trabajé duro para salir adelante, terminé viviendo una historia donde mi voz y mis sueños quedaron en segundo plano.

Mis hijos fueron siempre mi mayor alegría y mi principal motivación. Sin embargo, durante mi matrimonio nunca tuve independencia económica. Nunca manejé dinero ni participé en las decisiones financieras del hogar. Hasta que un día me cansé.

“A escondidas ingresé al mundo de las ventas...”

Lo que encontré ahí fue mucho más que una oportunidad para generar ingresos. Descubrí una versión de mí que había permanecido oculta durante años. Convivir con otras mujeres, aprender, desarrollarme y ganar mi propio dinero me permitió reconocer que no era la persona incapaz que durante tanto tiempo me hicieron creer.

“Por primera vez comencé a sentirme libre...”

Dejé de permitir el maltrato físico, económico y emocional. Poco después descubrí una infidelidad y tomé la decisión de divorciarme. A partir de entonces tuve que enfrentar sola la responsabilidad de sacar adelante a mis hijos.

“No fue sencillo...”

Hubo momentos de incertidumbre, de cansancio y de miedo. Hubo días en los que parecía imposible seguir adelante. Pero cada mañana me levantaba porque sabía que mis hijos dependían de mí.

“La necesidad se convirtió en mi motor...”

Siempre he dicho que da más pena que te corten la luz o que toquen tu puerta para cobrarte una deuda que acercarte a una persona, presentarte y ofrecer tu trabajo. Aprendí a tocar puertas, a confiar en mí y a no avergonzarme de luchar por mis sueños. Con esfuerzo, disciplina y perseverancia, logré convertirme en directora y obtener reconocimientos nacionales en ventas, pero más importante que cualquier premio fue demostrarme que sí podía construir una vida diferente.

Uno de los mayores orgullos de mi vida es haber acompañado a mis hijos en su crecimiento. Ver a mi hija terminar su carrera profesional, verla cumplir sus sueños y tener la dicha de entregarla en su boda son momentos que guardaré para siempre en mi corazón. También tuve que trabajar mucho para sanar las heridas que dejó el abandono de su padre. Comprendí que el resentimiento no podía dirigir nuestra historia. Aprendí a enfocarme en lo que sí podía controlar: el amor, la educación y los valores con los que decidí formar a mis hijos. Hoy también tengo la bendición de ser abuela. Mi nieta Lucía ha llegado a recordarme que la vida siempre encuentra maneras de recompensarnos después de las tormentas.

Todo lo que he vivido me ha enseñado que la libertad no llega de un día para otro. Se construye poco a poco, con decisiones difíciles, con lágrimas, con trabajo, con tropiezos y también con mucha fe.

Durante años pensé que mi valor dependía de la aprobación de alguien más, de mi capacidad para aguantar o de cumplir las expectativas de los demás. Hoy sé que no es así. Hoy entiendo que el amor propio también se aprende y que, en mi caso, ¡fue una conquista!

He aprendido a rodearme de personas que suman, que inspiran y que me impulsan a seguir creciendo. He aprendido a proteger mi tranquilidad y a valorar la paz que tanto trabajo me costó construir. Sigo trabajando por mis sueños y, claro que me gustaría compartir la vida con alguien algún día, pero hoy estoy soltera por convicción. Me siento plena, tranquila y agradecida. Mi felicidad ya no depende de otra persona.

Una parte fundamental de este camino ha sido mi unidad Renacimiento. Ese nombre representa exactamente lo que ocurrió en mi vida: RENACER. Ahí encontré mujeres extraordinarias con quienes comparto experiencias, aprendizajes y apoyo mutuo. Nos escuchamos, nos acompañamos y celebramos nuestros logros porque sabemos lo difícil que puede ser volver a creer en una misma.

Cuando miro hacia atrás, veo a aquella niña que iba descalza a la escuela, a la joven que creyó que amar era aguantar y a la mujer que durante mucho tiempo dudó de su propio valor. Pero también veo a una mujer que decidió romper patrones, levantarse después de cada caída y escribir una historia diferente para ella y para sus hijos.

Hoy sé que las heridas pueden transformarse en fortaleza, que las adversidades pueden convertirse en oportunidades y que nunca es tarde para volver a empezar.

Por eso, si algo quisiera compartir con otras mujeres, es esto:

“No permitas que callen tu voz, corten tus alas ni apaguen tu brillo. Porque cuando una mujer aprende a reconocer su valor, no solo transforma su propia vida: también inspira a otras mujeres a transformar la suya”.

@mariadelpilarse

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María del Pilar Serrato Cruz
Directora de ventas Mary Kay y apasionada por transformar vidas. Mi mayor satisfacción es ser un puente para que otras personas descubran sus talentos, reconozcan su valor y crean en sí mismas.
Pasé de ser una niña con carencias y heridas profundas a convertirme en una mujer resiliente, empática y agradecida. Hoy entiendo que cada experiencia, incluso las más difíciles, fue necesaria para llegar a ser quien soy. Sigo aprendiendo cada día, disfrutando el privilegio de ser, estar y crecer, con la certeza de que todo tiene un propósito y de que siempre podemos volver a florecer.

Nosotras es un espacio de colaboración dentro de Vanguardia, para conocer opiniones de mujeres diversas, libres, furiosas, críticas, creativas e incontenibles. .

Históricamente, el “nosotros” dominó la opinión pública. El “nosotras” es un gesto de presencia política. No es solo identidad: es disputa por la voz. Cuando una mujer escribe “nosotras”, no pide permiso para representar; se asume como parte de una conversación colectiva.