El convulsionado año en Sudamérica

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Politicón
/ 30 diciembre 2019

Durante el presente año varios países sudamericanos enfrentaron una situación política y social difícil, que marcará su futuro político y los procesos electorales que se avecinan en cada una de estas naciones.

Venezuela vivió una tensa situación derivada de los diferentes cacerolazos, así como del empoderamiento de Juan Guaidó. Si bien la presión social y el apoyo internacional encabezado por Estados Unidos logró poner contra las cuerdas al régimen de Nicolás Maduro, fue el apoyo de los altos mandos militares, las milicias urbanas, la violencia hacia la oposición y el apoyo de algunos países afines, lo que logró mantenerlo en el poder. Hoy, esta nación con una desdibujada oposición, con una crisis económica y humanitaria creciente, presenta un futuro incierto.

Perú enfrentó un choque entre instituciones, lo que derivó en que Martín Vizcarra disolviera el parlamento por haber rechazado dos proyectos de ley del Gobierno, entre ellos, una reforma del procedimiento de designación de magistrados del Tribunal Constitucional. La oposición parlamentaria fujimorista de Fuerza Popular apoyados también por el aprismo, desconoció al Presidente, le destituyó y votó su sustitución por la vicepresidenta opositora Mercedes Aráoz la que al día siguiente renunció. La tensión no pudo ser mayor con un presidente que convocó a elecciones parlamentarias para enero, respaldado por las fuerzas armadas.

En Ecuador las medidas económicas del gobierno de Lenín Moreno, quien se sometió a un acuerdo con el FMI para obtener créditos por 4 mil 209 millones de dólares, se vio obligado a tomar medidas económicas como recortar el gasto público, aumentar la recaudación, pero lo que más furia causó fue poner fin a cuatro décadas de ayudas financieras para mantener bajos los precios de la gasolina y el diesel, incrementando sus precios a más del 120 por ciento. Tales decisiones precarizarían más el nivel de vida para la mayor parte de la población. Millares de ecuatorianos salieron a protestar hasta que obligaron al Presidente a cambiar la sede del Ejecutivo a Guayaquil y declarar el estado de excepción en todo el país. Por la magnitud del movimiento social, el gobierno se vio obligado a recular y derogar el proyecto económico.

En Chile, el presidente Sebastián Piñera determinó subir el precio del pasaje del metro en 30 pesos, llegando a un máximo de 830 pesos (1.17 dólares aproximadamente). La protesta alcanzó su máximo nivel cuando la violencia tomó las calles de la capital. El gobierno reaccionó decretando el estado de emergencia, lo que significó el despliegue de militares quienes ordenaron toque de queda algunos días, lo cual derivó en una oleada de violencia que dejó 22 muertos, más de 2 mil heridos y 209 casos de traumas oculares causados por el impacto de balines de goma, perdigones o bombas lacrimógenas. El presidente Piñera derogó la medida, pidió perdón a los chilenos y anunció una agenda de reformas sociales.

En Bolivia el mal manejo de los resultados electorales que dieron como ganador a Evo Morales, desató la ira de la oposición que, liderada por el expresidente Carlos Mesa, se la apropiaron sectores de extrema derecha con el apoyo de militares, quienes dieron un golpe de estado que hizo pedir a Morales asilo en México y luego en Argentina. Con una autoproclamada presidenta sin sustento legal, Bolivia es hoy el mejor ejemplo de regresión política.

En Colombia un paro nacional y el liderazgo de estudiantes desató todo un inconformismo contra el creciente deterioro de la educación pública, la inacabable corrupción, los cientos de asesinatos de líderes sociales y defensores de derechos humanos, la destrucción del proceso de paz, así como las medidas económicas de un gobierno que encabeza un desacreditado Iván Duque, pero que dirige Álvaro Uribe. Las protestas continuarán pero la violencia no parará ya que ha sido ese el medio para mantenerse en el poder.

Se acaba el año pero se continuarán desatando luchas sociales, políticas, ideológicas que polarizarán aún más, en ocasiones destruyendo la democracia, en ocasiones aniquilando derechos, personas, ambientes. ¿Quiénes serán los beneficiados?, ¿quiénes los perdedores?, en el fondo, seremos todos.

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