Premisas sobre la igualdad

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Politicón
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En el Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres, escrito por Juan Jacobo Rousseau, en 1755, se afirma que el hombre no nace desigual sino hasta después de que se compara con sus semejantes y ve sus diferencias. En ese momento es cuando se pierde la igualdad el ser humano.

Lo que buscaron las grandes luchas, emancipaciones y reivindicaciones sociales de los siglos XVIII al XX en diferentes lugares del mundo, fue la afirmación de que la libertad traía como consecuencia la igualdad de los seres humanos. 

La intención premeditada de la búsqueda del poder, por el poder mismo en la historia humana, ha llevado a cancelar este derecho que es inherente a la persona humana. Hablar de igualdad, es hablar de un criterio que mide la legitimidad o la ilegitimidad de una desigualdad jurídica respecto a un criterio determinado. 

Evidentemente, existen desigualdades y siempre van a existir. De hecho, hay desigualdades accidentales, pero en los seres humanos debe de haber un compromiso claro e irrestricto para que las diferencias sociales, económicas, culturales y otras se vayan reduciendo. 

Desde la perspectiva jurídica, la igualdad implica que todos los seres humanos poseen los mismos derechos y la garantía de que esos mismos derechos sean respetados, a pesar de las diferencias de los titulares. 

La idea que ofrece Rousseau en 1762, en El contrato social, es una idea que maneja justamente la tentación del hombre de hacer desigual a los iguales porque afirma que precisamente la fuerza de las cosas tiende siempre a destruir la igualdad, la fuerza de la legislación debe siempre tender a mantenerla (II, 11) dejando en claro que es el pacto social quien convierte en iguales a los hombres por convención y derecho. El problema surge cuando se pone en duda si una igualdad es también libertad y más aún cuando una igualdad elimina libertades que es lo que pasa frecuentemente en una sociedad donde las libertades individuales a veces se han consagrado por encima de las sociales. 

Es claro, la igualdad constituye uno de los presupuestos básicos de la justicia. Ya Aristóteles en el libro de La política (IV, Capítulo XIII), sostenía la interdependencia de ambos valores, afirmando que solamente será justo lo que es conforme a la ley y a la igualdad e injusto lo contrario a aquélla y lo desigual. 

Por lo tanto, sólo a través de la igualdad de oportunidades es posible garantizar un ejercicio de derechos en verdaderas condiciones de igualdad y de justicia. El principio de igualdad consagra la igualdad de derechos y oportunidades entre todos los seres humanos, sin distinción de sexo, raza, nacionalidad, religión, condición social, opinión política, entre otras. No desconoce las desigualdades naturales, sociales y culturales que existen entre los seres humanos como diferencias físicas, intelectuales, económicas o de creencias. Por el contrario, parte de su reconocimiento para luego afirmar, consagrar y promover la igualdad en el ejercicio de los derechos y en materia de oportunidades. Se expresa a través del derecho a recibir un trato igualitario frente a la identidad de circunstancias y opera como límite frente a la arbitrariedad. 

Ahora bien, el derecho a ser tratado igual no sólo es exigible frente a la autoridad pública, sino que también se proyecta a las relaciones entre particulares y es una garantía que se reconoce a los individuos frente a los poderes públicos. La igualdad, en sus distintas manifestaciones, se encuentra reconocida universalmente entre los derechos fundamentales del hombre. 

En las sociedades contemporáneas, dados los acuerdos que han hecho las naciones, la igualdad está totalmente vinculada al concepto de justicia. Para John Rawls (1993), hay dos principios que deben de garantizar a las sociedades su cita con la justicia y la equidad. La igualdad cubre un aspecto cualitativo del ser humano y la equidad, un aspecto cuantitativo en concreto; distribución de bienes y una justa distribución de la riqueza. El concepto de equidad al referirse a las relaciones entre los hombres y mujeres, intenta establecer la imparcialidad en el trato tanto a unas como a otros, ya sea de igualdad en el trato o de un trato diferente, pero que se considere equivalente en términos de derechos, beneficios, obligaciones y oportunidades.

Se refiere al principio por el cual los hombres y mujeres acceden con justicia e igualdad al uso, control y beneficio de los bienes y servicios de la sociedad, incluyendo aquellos socialmente valorados, oportunidades y recompensas donde el salario juega un papel fundamental, con la finalidad de lograr que todos y todas participen de forma equitativa de las oportunidades existentes, no se puede dejar de lado que la equidad matiza la justicia.

En un sistema económico donde los temas básicos son el libre mercado, la globalización, los tratados comerciales internacionales, el consumo y las inversiones extranjeras; el tema de los salarios se vuelve obligatorio, porque es la forma más común de acceder a los bienes que se consideran de uso común y de la implementación de la práctica de la justicia. 

En una sociedad liberal, el punto de partida son las condiciones de libertad y de igualdad, particularmente la creación de un marco de igualdad de oportunidades que se caracteriza por la generación de condiciones iniciales equivalentes entre los ciudadanos. Lo cual daría como resultado una verdadera democracia.

De tal forma que para que se dé la igualdad de oportunidades, es pertinente contar con instrumentos que nos posibiliten contar con un piso básico de satisfactores donde los derechos sociales estén a la base. No es posible que las leyes del mercado, sin decirlo, pongan en entredicho la seguridad y las posibilidades de realización de los individuos sino que debe de haber ciertas condiciones sociales y materiales mínimas que sean el punto de partida para establecer condiciones de justicia. 

No nos compliquemos, la medida cualitativa de la justicia es la igualdad. En un país como el nuestro unos son menos iguales que otros. Y la medida cuantitativa de la justicia es la equidad, donde todavía hay mucho, pero mucho kilometraje por recorrer para igualar a los desiguales, 57 millones de pobres desdicen las cifras alegres del estado mexicano.

Profesor-investigador del Departamento de Estudios Humanísticos del Tecnológico de Monterret, campus Monterrey.

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