Un baile peligroso: la música y el narcotráfico
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<span></span><span style="font-weight: bold;">México, D.F.- </span>La familia artística de México está conmocionada por la muerte violenta de los famosos ocurridas recientemente
En la portada de uno de sus discos, el cantante mexicano Valentín Elizalde empuña un arma con estilo. El álbum se llama "Corridos entre Amigos" y lo lanzó en 2003, tres años antes de que lo mataran en la ciudad de Reynosa.
Música y narcotráfico se han mezclado tanto en México que muchos artistas están pagando con la vida las consecuencias. En menos de una semana dos cantantes fueron asesinados: Sergio Gómez, vocalista de la banda K-Paz de la Sierra, y Zayda Peña, del grupo Los Culpables.
Aunque nunca se termina de saber quiénes fueron los autores o cuáles fueron los móviles, la mayoría de este tipo de muertes lleva la marca del crimen organizado.
"Los músicos suelen probar las mieles de la legalidad y de la ilegalidad. Y ese pragmatismo tiene un costo", dijo el experto en seguridad nacional Pedro Isnardo de la Cruz, maestro en Ciencias Políticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Ya sea por meterse con la mujer de un narcotraficante, por una traición, por una canción incómoda o dedicada a un rival o por una confidencia a la autoridad, los cantantes fácilmente se convierten en enemigos de los capos.
"Ellos operan, en sus giras artísticas, en las zonas donde los narcotraficantes suelen ir a espectáculos. Es el medio en el que ellos se mueven, asisten a sus fiestas, incluso son parte de su dinámica familiar o afectiva", señaló el especialista.
Algunos, como Valentín Elizalde, tuvieron la suerte de morir por ráfagas de metralleta y rematados con un tiro de gracia. A Gómez le fue peor. Sufrió golpes, severas quemaduras en los genitales y fue estrangulado.
Según De la Cruz, el tipo de tortura que sufrió el líder de K-Paz de la Sierra apunta a una venganza pasional. "Posiblemente se involucró a sabiendas con alguna mujer que había tenido nexos con algún narcotraficante. El tipo de muerte fue un castigo y un sacrificio que busca reivindicar una humillación sufrida", consideró.
Desde 2006 han sido asesinados sin piedad más de una decena de cantantes mexicanos, la mayoría de grupos norteños, que se caracterizan porque usan un extravagante vestuario de sombrero, botas puntiagudas y trajes vistosos, al estilo de Los Tigres del Norte, la banda más conocida fuera de México.
"Ya tengo lista la tumba/ para cuando yo me muera/ tengo pagada una banda, y un entierro de primera", dice una estrofa del narcocorrido "La Tumba" del grupo Exterminador.
Y es que, efectivamente, muchas bandas cantan para los narcos. O los capos los apadrinan como estrategia de lavado de dinero, según De la Cruz. De forma deliberada o no, se establecen contactos entre los artistas y el crimen organizado.
Tan sólo hace dos meses, el actor y director mexicano Roberto Gómez Bolaños "Chespirito", y el cantante Juan Gabriel fueron mencionados en un libro por el hijo del capo colombiano Gilberto Rodríguez Orejuela, entre los artistas que amenizaban fiestas familiares de mafiosos del Cartel de Cali en los 80.
"Nunca he tenido conocimiento de haber estado actuando para ninguno de ellos", replicó "Chespirito", pero es difícil saber para quién se trabaja o si los empresarios que contratan los espectáculos tienen nexos "con personajes oscuros".
La muerte de Gómez sacudió el medio artístico y muchos cantantes gruperos, que no se sentían amenazados, ahora están preocupados. "Yo no tenía miedo, creía que no tenía por qué tenerlo, pero ahora que salí de la casa le dije a mi familia: me voy, pero no sé si voy a regresar", dijo el cantante José Manuel Zamacona en el funeral.
El grupo de Gómez, K-Paz de la Sierra, con cuatro años de trayectoria y siete discos, se dedicaba sobre todo a las canciones románticas con ritmo movidito y no a los narcocorridos.
Los empresarios del mundo artístico afirman que cada quien deberá cuidar sus pasos. "Hay que seguir adelante", dijo el representante de artistas Servando Cano, pero "el que anda mal que se cuide. Creo que son asuntos personales y nosotros no podemos saber de su vida privada. Que cada quien arregle sus broncas".
No se dejen caer
Sergio Gómez, vocalista de la agrupación K-Paz de la Sierra, fue despedido en medio de porras, ovaciones y gritos de alrededor de 2 mil 500 personas, al salir de la Catedral Metropolitana.
Tras finalizar la víspera la misa oficiada por monseñor Rubén Avila, los integrantes de la banda, así como los familiares más allegados, además de Carolina Jaramillo, encargada de Relaciones Públicas, y Sergio Gómez, representante, unieron sus manos para gritar tres veces consecutivas "¡K-Paz de la Sierra!".
Esta situación ocasionó que brotaran las lágrimas de cada uno de los que emitieron la porra. Mientras que el público y los seguidores del grupo expresaban: "Muchachos no se dejen caer, Sergio no se ha ido, adelante", por mencionar algunas muestras de apoyo.
Posteriormente, respaldada por un fuerte dispositivo de seguridad, la carroza que transportó el féretro de Sergio de Gómez, se dirigió al aeropuerto de la Ciudad de México, para viajar hacia Estados Unidos.
En Indianápolis, su música disfrutaba de gran difusión a través de la estación de radio en español WEDJ-FM (107.1).
"Él era muy popular", dijo Russ Dodge, gerente general de WEDJ. "Esto nos enferma". Su música estuvo de moda desde Chicago, donde K-Paz realizó sus primeras grabaciones, hasta Morelia, Michoacán. Cinco de los discos del grupo han figurado en el Top 10 Latino de la revista "Billboard".
La capilla ardiente abrirá de 16:00 a 20:00 horas el domingo en la casa de pompas fúnebres Stevens Mortuary, en el oeste de Indianápolis. Los restos serán luego cremados, dijo la directora de funerales Sarah Arnold. Gómez vivía en Avon, al oeste de la ciudad.
Aunque no se le conocía por canciones que glorificaran el negocio de las drogas, Gómez reportó haber recibido amenazas de muerte que lo exhortaban a no presentarse en la capital de Michoacán.
Algunos temen que los cantantes, estén o no ligados a los carteles de la droga, sean "adoptados" rutinariamente por pandillas que colocan en Internet videos en los que muestran a sus miembros torturando y ejecutando rivales con sus populares canciones de fondo.