Jean-Jacques Annaud cumple 65 años
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Pero Annaud, que el próximo miércoles 1 de octubre cumple 65 años, rueda allí donde puede y es por eso uno de los directores que trabajan bastante en Estados Unidos, a pesar de las críticas de sus colegas franceses.
París, Francia.- El director francés Jean-Jacques Annaud tiene aficiones poco habituales para ser francés y director. Le gusta la pata de cerdo, las patatas y el chucrut y considera a las mujeres alemanas las más guapas de mundo. "Debo admitir que estoy loco por Alemania", dijo Annaud en una entrevista.
Por eso, el director, que decidió ser cineasta a los siete años, rodó parte de su gran éxito de taquilla, "El nombre de la rosa", en Alemania, en la ex abadía cisterciense de Eberbach.
Pero Annaud, que el próximo miércoles 1 de octubre cumple 65 años, rueda allí donde puede y es por eso uno de los directores que trabajan bastante en Estados Unidos, a pesar de las críticas de sus colegas franceses.
Entre las aficiones de Annaud también figuran los temas difíciles, y eso desde siempre. Ya en su primera película, "Noirs et blancs en couleur" (1976), sorprendió con la temática. La película, que fue rodada en Camerún, es una sátira sobre el colonialismo en la Primera Guerra Mundial.
Sin embargo, por presión de los productores, Annaud tuvo que hacer un montaje diferente de la cinta y ganó luego con la nueva versión el Oscar a la mejor película extranjerra en 1977.
Tras ello, el director, que con su melena gris más bien parece una estrella del rock, se atrevió con otra experiencia arriesgada: llevar al cine las 500 páginas de la novela "El nombre de la rosa", de Umberto Ecco, que rodó en inglés. El papel principal de la película, que atrajo a millones de espectadores a los cines, fue interpretado por Sean Connery.
Alentado por sus éxitos, decidió rodar una película sobre animales en 1988, casi sin personajes humanos. "El Oso", basado en el libro del mismo nombre de James Oliver Curwood, está ambientada en los Dolomitas y también fue un éxito: la prensa destacó el film como "perfección del cine sintético".
A partir de la novela "El amante", de Marguerite Duras, Annaud creó en 1992 una película tranquila, delicada, minuciosamente ambientada con imágenes opulentas.
La cinta, que relata la historia de amor entre un chino y una estudiante europea, sin embargo, recibió críticas diversas y fue despreciada por algunos. Tampoco Duras quedó satisfecha con el resultado, como admitió públicamente.
Sin embargo, Annaud, que estudió cine en tiempo récord en París, no se desanimó y mantuvo el principio de rodar sólo lo que le dicta el corazón. Una decisión que tomó tras realizar más de 500 spots publicitarios, con los que se ganó la vida cuando acabó su estudio.
Así fue que en 1996 comenzó a rodar "Siete años en el Tíbet" basado en el relato escrito por el austríaco Heinrich Harrer en 1952.
La película, rodada en la provincia argentina de Mendoza, no sólo dio que hablar por los altos costos de producción de 50 millones de dólares. Sobre todo en Alemania el film causó revuelo cuando se supo que los patrocinadores de los viajes de Harrer llevaban cruces gamadas. Pero a esas críticas Annaud reaccionó con calma: Cambió posteriormente los diálogos y declaró: "Cínicamente hablando, ahora es una historia aún mejor".
A principios de 2000, el cineasta se enfrentó a su proyecto europeo más ambicioso, que resultó uno de sus grandes fracasos.
"Enemy at the Gates" cuenta la historia real de un joven campesino ruso, que se convierte en héroe como francotirador para los soviéticos en Stalingtrado. En la Berlinale de 2001, crítica y público estuvieron de acuerdo: Una película llena de clichés, para la que se despilfarró dinero de los contribuyentes alemanes.
Annaud es uno de los más aventureros entre los cineastas europeos, que busca su inspiracion en temas complicados y en países lejanos. Su película "Deux frSres" (2004) lo llevó a las ruinas de Angkor en medio de la selva camboyana, donde relató la historia de dos tigres hermanos.
Una película de animales con imágenes potentes, que retomó el éxito de "El Oso" y en la que Annaud recurre a otra de sus aficiones extraordinarias: "Ningún tigre repite voluntariamente una acción. Así que todas las mañana debíamos preparar las escenas, colocar las cámaras y esperar. El truco está en meterse lo más posible en la piel del animal en cuestión. Por eso, ya al escribir las escenas intenté recurrir a mis instintos animales".