El planeta parecía inmenso y el ser humano tan pequeño que la gran cantidad de agua, árboles, animales y servicios de la naturaleza, parecían inagotables. Hasta hace unas décadas era imposible aceptar que los humanos tenemos una capacidad destructiva tan grande como para dañar la capa de ozono, extinguir especies o provocar el calentamiento de la Tierra. Entre los problemas ambientales, el cambio climático despliega un interés especial al ser una gran consecuencia global, una amenaza mundial conformada por eslabones de una cadena de desastres ecológicos que afecta a todos sin distinción y es parte de nuestra realidad cotidiana. 

La temperatura de la Tierra se regula a través de los gases del efecto invernadero -dióxido de carbono (CO2), metano, óxido nitroso y cloroflurocarbonos, entre otros-  encargados de disminuir la intensidad con que llegan a la Tierra los rayos solares y permiten procesos necesarios para vida. En los últimos 100 años el desarrollo de actividades industriales y urbanas, basadas en el consumo de combustibles fósiles ha incrementado en forma exorbitante las emisiones de estos gases, alterando su regulación natural y provocado un cambio sustancial en la velocidad con que aumenta la temperatura global. En consecuencia, presenciamos fenómenos naturales que antes no eran ni tan frecuentes, ni tan impactantes. El daño ambiental se revierte y atenta contra la calidad de vida y vulnera el desarrollo.    

¿Qué hacemos para enfrentar el cambio climático?

Las iniciativas a nivel internacional se asentaron en el Acuerdo de París en 2015, donde 195 países acordaron reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a través de la mitigación, adaptación y resiliencia. El verdadero reto esta en traducir esos compromisos en acciones locales que den resultados. Frente a un problema tan complejo no podemos pretender soluciones simplistas y aisladas. Lo ambiental no puede seguir reducido al gusto por lo verde, ni mucho menos considerarse un tema radical incompatible con el crecimiento económico y el bienestar de la sociedad. 

En este asunto todos tenemos parte y debemos realizar acciones que marquen un verdadero cambio social. El gobierno precisa abordar el problema con planeación integral y visión de largo plazo, implementar políticas públicas transversales, crear mecanismos de transferencia y, procurar financiamiento para infraestructura ambiental a nivel local y regional. Se requiere persistencia y acciones contundentes que trasciendan el discurso político y consoliden una efectiva gobernabilidad ambiental.

Como ciudadanos nuestra alternativa es evolucionar en nuestras ideas, dejar de ver a la Naturaleza como un inmenso depósito de recursos y reconectarnos con ella. Es la fuente básica de nuestra subsistencia y bienestar. Empecemos por revisar nuestros hábitos de consumo, educándonos y educando a otros sobre la existencia del problema y nuestra parte en él.  

Empieza, ¡ahorra energía eléctrica y gasolina! Un pequeño cambio, con grandes beneficios. 

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Gabriela De Valle
Reconexión Natural