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Añade Loret de Mola que en una ocasión, Miguel Ángel Osorio Chong, se asomó a la señal de las cámaras de vigilancia que veían al “Chapo”, lo que encontró fue que Guzmán Loera cantaba serenamente el corrido dedicado a su compadre, Ismael “El Mayo” Zambada

De acuerdo a la columna de Carlos Loret de Mola, un par de funcionarios de alto nivel en el sexenio de Enrique Peña Nieto, tenían una app, de aplicación en sus celulares y monitores de oficinas, para vigilar al “Chapo” las 24 horas del día, después de que se fugó de Almoloya. Si de pronto les asaltaba la duda de dónde estaba el capo.

Añade Loret de Mola que en una ocasión, Miguel Ángel Osorio Chong, se asomó a la señal de las cámaras de vigilancia que veían al “Chapo”, lo que encontró fue que Guzmán Loera cantaba serenamente el corrido dedicado a su compadre, Ismael “El Mayo” Zambada.

Incluso los guardias cantaban con él. También los narcotraficantes de renombre presos en las celdas vecinas, como su supuesto enemigo: Miguel Ángel Treviño Morales, el fundador de Los Zetas.

La conclusión fue sencilla: se había roto el primer círculo de seguridad. Despidieron a varios guardias.

 

El Chapo” fue trasladado del Altiplano al penal de Ciudad Juarez. Sin embargo, su traslado suponía un riesgo para la seguridad del narcotraficante, la de su familia y la de la ciudad. Así fue que el narcotraficante pidió garantías de que su familia no sería atacada por sus enemigos del cártel de Juárez.

De acuerdo a Loret, la palabra de las autoridades no era suficiente. El capo pidió que lo dejaran negociar con las cabezas de los otros grupos establecidos en la región.

Lo que vino después, cuentan autoridades federales, fue una reunión a la que acudieron mandos del mundo del narco, citados por Guzmán a través de sus diferentes contactos en el exterior del penal. La junta tuvo lugar en Chihuahua. Estuvieron voceros del “Chapo”, representantes de Vicente Carrillo (ya preso en ese momento) y emisarios de los grupos criminales locales: La Línea, Los Artistas Asesinos y Los Aztecas.

El compromiso quedó establecido para las partes: no tocarían a la familia del “Chapo” a cambio de que el cártel de Sinaloa no intentara quedarse con la codiciada plaza fronteriza. El acuerdo duró unos meses… hasta que se rompió. Siguieron la extradición, el “juicio del siglo” y la condena.