Necesidad. Las carencias son muchas, pero a veces, cuando peor se pone todo, algo sale bien JESÚS PEÑA
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Francisco Javier Esparza Salazar se acordó de lo que le dijo su abuela: la vida es una ruleta: a veces ganas, a veces pierdes; y es como un búmeran: hoy estás arriba, mañana estás abajo, y Javier se puso a ayudar.

Javier es vocalista de un grupo musical y desde que comenzó la cuarentena se quedó sin trabajo, pero en lugar de lamentarse se dedicó a llevar a apoyos a los que, en medio de la emergencia, la están pasando peor que él.

Esta vez Javier se dirige a atender una llamada de auxilio recibida en su página de Facebook, sobre una pareja que vive en una casa desmantelada, ubicada en la calle Emilio Carranza, sin número, entre Hidalgo y Juárez, de la colonia Providencia.

Javier llega a la vivienda en el Platina azul marino que ha comprado con sus ahorros para trasladarse a atender este tipo de contingencias.

La casa donde vive la pareja parece agujero después de la explosión de una bomba o una granada. No hay agua para tomar, ni baño ni luz.

UN FUTURO MEJOR

A Javier lo recibe un hombre, Ricardo Bernal, y una mujer, María Inés Dávila, ambos como de cincuentaitantos.

Ellos dicen que vinieron aquí de Zacatecas en busca de un futuro mejor, pero nunca contaron con que aquí los agarraría la pandemia.

Pasaron muchos días vagando en las calles, como indigentes, hasta que un señor de buen corazón, el dueño de esta casa desvalijada, se las prestó para que vivieran.

Cuando llegaron encontraron la vivienda convertida en baño público, en un muladar lleno de basura y escombros, las paredes manchadas de tizne. Poco a poco la fueron arreglando.

Alguien les prestó una cama medio quebrada para que durmieran y algunos muebles.

Al rato Ricardo y María sintieron en el estómago los aguijonazos del hambre. No tenían trabajo y por ende qué comer. Pero los vecinos de la Providencia, que son gente noble, diario les llevan un taquito.

Sólo que ahora están necesitando con qué vestirse y algo de alimento.

Una amiga de ellos que vive varias casas abajo, le mandó una alerta a Javier, y a su colectivo de ayuda al prójimo, que se llama “Todos somos sabor”, para que los ayudaran.

“No somos de ningún partido político, de ninguna religión, todo lo hacemos de corazón”, dice Javier, quien llegó con su compañero Axel García Vázquez.

Llevaron una paca de playeras y pantalones, para escoger, y algunos comestibles. María y Ricardo se pusieron muy contentos.