El día que una pareja de antropólogos encontró un mundo desaparecido hace millones de años, en un bosque de ámbar de la Isla de Santo Domingo

Por: OMNIA

 

A comienzos de los años 80s del siglo pasado, los naturalistas estadounidenses George y Roberta Poinar descubrieron algo increíble: insectos prehistóricos atrapados y preservados en resinas de ámbar.

Si viste la película Jurassic Park (‘Parque Jurásico’) —o cualquiera de sus variantes— es probable que esto te sea conocido. En esos films, varios científicos logran usar ADN extraído de mosquitos fosilizados en ámbar para volver a darle vida a los dinosaurios.

¿De los mosquitos a los dinosaurios?

El vínculo no es casual: Michael Crichton, quien escribió el libro ‘Jurassic Park’ y lo adaptó para el popular film de Steven Spielberg, se inspiró en el trabajo de los Poinar, quienes además permitieron que se filmara su laboratorio para ambientar algunas escenas de la película.

La pareja—él es entomólogo y ella microscopista electrónica— fue la primera en advertir sobre las propiedades extraordinarias que tiene la resina de algunos árboles como medio de preservación.

El mecanismo natural

En el caso de este hallazgo no solo insectos quedaron atrapados por miles de milenios en la pegajosa resina de los árboles, sino también plantas, pólenes e incluso pequeños vertebrados.

En efecto, una gota de resina puede fluir de un árbol, atrapar un especímen y conservarlo para la posteridad, tal como sucedió con una mina de ámbar descubierta en un bosque de República Dominicana, país que ocupa más de la mitad de la isla de SantoDomingo.

Cuando la resina fluye lentamente se endurece, se convierte en ámbar, y las especies atrapadas se conservan en condiciones casi perfectas, gracias a que no sufren la degradación que produce el contacto con el oxígeno y otros elementos presentes en la Naturaleza.

Y hay que decir que mucho de este ámbar quedó atrapado bajo tierra en varias cuevas, lo  que también contribuyó a su preservación.

Pero mientras para la industria del cine estos fósiles sirvieron para crear un mundo de fantasía, los Poinar los usaron para recrear un mundo real.

Más específicamente, para reconstruir cómo fue el bosque que existió en esa isla hace 45 millones de años.

Una visita al  pasado

Fue en 1986, cuando los Poinar —que viven en Oregon— lideraron una expedición a las minas de ámbar en la región montañosa del norte de República Dominicana.

Allí pudieron recolectar cientos de muestras de fósiles en ámbar de millones de años de antigüedad, que se formaron en lo que en el pasado se conoció como ‘La Española’ o Isla de Santo Domingo, que hoy en día comparten Haití y la Dominicana.

Estudiando esas muestras por años, pudieron reconstruir el ecosistema del bosque, a pesar de que dejó de haber rastros de su existencia hace 15 millones de años.

El resultado, que publicaron en 1999 en el libro ‘El bosque de ámbar: reconstrucción de un mundo desaparecido”, es la imagen más precisa que la ciencia ha producido hasta ahora de un bosque tropical prehistórico.

Lo especial de este bosque

Si bien la mayoría del ámbar prehistórico se encuentra en la región báltica, en Europa, el que está en República Dominicana tiene la particularidad de contener un mayor número de restos fósiles.

Esto fue lo que permitió a los Poinar hacer una reconstrucción tan detallada.

Los expertos no solo analizaron los fósiles en ámbar que ellos hallaron, también investigaron muestras recogidas por exploradores dominicanos a lo largo de 20 años.

Así llegaron a la conclusión de que la fuente del ámbar o el principal proveedor de la resina fue un árbol conocido como algarrobo, una especie que habría llegado a República Dominicana desde Sudamérica hace 60 millones de años.

En su libro, los científicos se preguntan qué pudo haber pasado con el ámbar producido por estos árboles entre 60 y 45 millones de años atrás, la edad más antigua del ámbar hallado hasta ahora.

Una posibilidad, afirman, es que las primeras capas de ámbar hallan sido destruidas por la actividad tectónica y volcánica. De hecho, resaltan que debido a esos fenómenos fue “raro encontrar una pieza completa (de ámbar) más grande que una pelota de golf, sin ninguna fractura interna”.

Lo encontrado

Varios de los insectos y plantas que los Poinar pudieron estudiar, gracias a que quedaron atrapados por millones de años en las piedras de ámbar, se extinguieron hace muchos años.

Entre las rarezas que encontraron se incluyen abejas y escorpiones sin aguijón.

También hallaron animales vertebrados pequeños, como sapos, lagartijas, pájaros y algunos mamíferos.

La pegajosa resina de los algarrobos, que destilaba un olor acre, incluso logró atrapar y preservar pelos de un rinoceronte antillano y de un tigre dientes de sable.

También se conservan telas de araña y semillas de plantas que ahora tienen formas diferentes.

La resina actúa tan rápido que logró captar escenas increíbles, incluyendo interacciones fascinantes entre insectos.

“Los organismos (atrapados en la resina) solían morir tan rápidamente que muchos aparecen en circunstancias casi reales”, explican.

Fue así como dieron con dos escenas de combate congeladas en el tiempo: un insecto asesino luchando contra una abeja sin aguijón y una araña atacando a una termita.

Primeros contactos

El ámbar dominicano no solo es valorado por sus propiedades conservacionistas.

También es el más caro del mundo porque es el más transparente y porque se han hallado muestras en colores inesperados, como el azul, violeta, rojo, gris y negro.

“Los indios taínos, habitantes de la isla, pudieron haber sido las primeras personas en notar la presencia de esta gema y apreciar su belleza”, relatan.

“Cuando Cristóbal Colón llegó en el siglo XV los taínos le presentaron sus piezas preciadas, pero los españoles estaban más interesados en el oro, y el ámbar cayó en el olvido”.

“Fue ‘redescubierto’ a principios del siglo XX, primero como joyería y luego por sus fósiles científicamente valiosos, que ahora proporciona una importante fuente de ingresos para muchos”.

Aportes científicos

La investigación de los Poinar ha servido como una confirmación más de algo que sigue generando debate: ¿cuándo llegaron a su posición actual las islas de las Antillas Mayores (Cuba, Puerto Rico, Jamaica y Santo Domingo)?

La información extraída de los fósiles en ámbar sugiere que la masa terrestre de las Antillas Mayores llegó al Caribe hace 25 millones de años, algo en lo que coinciden otros estudios.

La ‘paleo-reconstrucción’ del antiguo bosque que hicieron los Poinar, también sirvió para comprobar lo mucho que se ha reducido la biodiversidad en esa zona del mundo.

Supuestamente están retirados, pero los Poinar no dejan de hacer hallazgos increíbles mientrs se dedican al estudio del ámbar prehistórico.

No obstante que la pareja está oficialmente ‘retirada’, aún sigue sorprendiendo al mundo con sus hallazgos.

Y  las muestras de ámbar fosilizado que recogieron hace décadas en República Dominicana siguen aportando datos fascinantes a la ciencia.

En 2016, George Poinar, quien a los 83 años sigue siendo profesor honorario de la Universidad Estatal de Oregon, anunció que un fósil que había conservado por 30 años contenía una flor intacta de una especie de planta hasta entonces desconocida —bautizada luego como Strychnos electri— que existió hace 15 millones de años y hoy está extinta.

Un año después, los Poinar volvieron a sorprender con otro hito histórico cuando revelaron que una garrapata prehistórica, hallada en ámbar del mismo período, aún contenía sangre del mono al que picó justo antes de quedar atrapada en la resina. Es la única muestra de glóbulos rojos de un antiguo mamífero a la que ha tenido acceso la ciencia.  (Veronica Smink/ BBC News Mundo)

Nota del editor. La Isla de Santo Domingo es la única que es compartida por dos países: Haití y Dominicana.