La necesidad de vestirse va acompañada de gustos y preferencias: la moda. La forma de vestir, a lo largo de la historia se ha convertido en una expresión de los usos y las costumbres de una sociedad, que dejan ver aspectos socioeconómicos, culturales e incluso ambientales. 

La moda es un fenómeno que va de la mano con el consumismo, que se ha expandido de manera exponencial a partir de la revolución industrial, ya que, gracias al uso de máquinas de coser, la capacidad de producir ropa se volvió mucho más rápida y baja en costos. Esto, sumado a la globalización y el internet, hizo posible expandir el mercado de una forma extraordinaria.

Ahora la industria de la moda aplica el sistema de producción “fast fashion” o moda desechable, al lanzarse un diseño que sorprende, grandes empresas lo adoptan y fabrican de manera rápida y económica para que pueda ser accesible a miles de personas a las que les gusta y les crean la necesidad de comprarlo ¡ya!, lo adquieren, definen estilo, marcan tendencia y luego lo desechan, para adquirir el de la nueva temporada. Este ciclo es cada vez más corto y más acelerado. 

Y como todo, la moda también genera un daño ambiental, es decir tiene una huella ecológica y el fast fashion la hizo mucho más grande, ya que su estrategia es producir con recursos y mano de obra muy barata. 

Al aumentar el consumo de textiles se demanda también una mayor cantidad de recursos para generar su producción, por ejemplo, para producir una camiseta de algodón se requieren casi tres mil litros de agua, y además se requieren químicos para su coloración y tratamiento, que acaban en convertirse en aguas residuales que afectan el medio ambiente. Además, es más frecuente la utilización de fibras sintéticas derivadas del petróleo.

Y esa camiseta ahora se utilizará por corto tiempo, porque los productos están diseñados para no ser duraderos, por lo tanto, su vida útil es mucho más corta y terminan convirtiéndose en residuos mucho más rápido. Además, las prendas se transportan desde países lejanos donde fueron producidas, generan una huella de carbono alta, por el combustible y recursos empleados para su transporte. 

En los últimos 15 años, la producción de ropa se ha duplicado y su vida útil cayó 36 por ciento. Cada año se producen 100 mil millones de prendas de vestir en el mundo, y esta cifra va en aumento. La industria textil es responsable del 2 por ciento de las emisiones de CO2 en el planeta, para 2050 se estima que generará el 26 por ciento.

Esta forma de consumo se acentúa cada vez más, contribuyendo enormemente al cambio climático. 

Éste es un ejemplo de como todos nosotros, a través de nuestras decisiones del día a día contribuimos al cambio climático y a la degradación ambiental. La conciencia ambiental se trata de saber qué comprar, cómo consumir, cómo reducir los desechos y minimizar nuestra huella en el planeta.  

Gabriela De Valle
Reconexión Natural