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El mundo es vulnerable por depender demasiado de India para la producción de las vacunas

Por: Prashant Yadav

Dada la escala de la crisis, resulta imperativo que el Gobierno indio vacune a sus ciudadanos y prevenga futuras olas de contagios. Sin embargo, esta necesidad indiscutible también presagia consecuencias funestas para otros países que dependen de las vacunas que se producen en India.

Estos efectos indirectos ponen de manifiesto un problema sistémico en la producción mundial de vacunas que va mucho más allá de esta pandemia: el mundo depende demasiado de India para las vacunas, y no sólo para las vacunas contra este coronavirus.

Según mis cálculos, basados en datos de la Comisión Global de Políticas Pospandémicas, más del 65 por ciento de todas las dosis mundiales de la vacuna de AstraZeneca fabricadas hasta el mes de abril fueron producidas en India por el Instituto del Suero de India, el productor de vacunas más grande del mundo. Se esperaba que El Instituto del Suero proveyera mil millones de las 2 mil millones de dosis a la iniciativa mundial de distribución de vacunas supervisada por la asociación público-privada Gavi, la Alianza para las Vacunas. Para mediados de abril, India había fabricado casi el 17 por ciento de todas las vacunas contra la COVID-19 del mundo: era el cuarto mayor productor del mundo, después de China (que fabrica casi un 36 por ciento), Estados Unidos (casi un 22 por ciento) y la Unión Europea (más del 17 por ciento), según datos de la comisión.

Sin embargo, India ocupa un lugar importante en el suministro de vacunas para los países de bajos ingresos. Según mis cálculos, más del 55 por ciento de las vacunas entregadas a Covax hasta finales de abril procedían de India. Pero eso fue entonces.

India dejó de exportar vacunas contra la COVID-19 a mediados de abril, para dejar en el abandono a Covax y a los 92 países de ingresos bajos y medios bajos que dependen del programa. Se estima que, para finales de junio, el déficit será de 190 millones de dosis.

REBASADOS  POR LA REALIDAD

La Unión Africana logró negociar acuerdos alternativos para sus países miembros con Johnson & Johnson y para la vacuna rusa Sputnik V, pero no se espera la entrega de esas vacunas sino hasta el tercer trimestre de 2021.

La capacidad de producción de India –de unas 80 millones de dosis en abril, del Instituto del Suero y Bharat Biotech en conjunto– no pueden satisfacer las necesidades del programa de vacunación de India, mucho menos los compromisos mundiales del país. Sólo un tres por ciento de la población de India de mil 360 millones ya está inmunizada por completo. Y, sin embargo, en este momento pueden vacunarse todos los adultos.

EU anunció que enviaría un total de 80 millones de dosis de vacunas contra la COVID-19 a países donde los casos estén en aumento. Es de suponer que algunas de esas dosis irán a India, cuando podrían haberse usado en otros países que también las necesitan con urgencia.

En sólo unas semanas, India pasó de ser uno de los más importantes exportadores de vacunas contra la COVID-19 a un importador neto.

Ya se sabían los riesgos de que se produjera este giro, o deberían haberlos sabido; ha sido evidente desde hace años. Por ejemplo, desde 2010, los fabricantes de vacunas de India –El Instituto del Suero, Biological E. y Panacea Biotech– fabrican y exportan, a precios muy asequibles, hasta el 70 por ciento de las vacunas pentavalentes contra la difteria, el tétanos, la tos ferina, la Haemophilus influenzae tipo B (Hib) y la hepatitis B que se distribuyen en los países pobres a través de Gavi o el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF.

¿Por qué la producción de vacunas se concentra tanto en India? Por dos razones fundamentales: la capacidad técnica del país y los costos generales de fabricación comparativamente bajos.

Sin embargo, esas ventajas se han visto superadas por realidades más crudas. Se hace necesario reconsiderar la cadena de suministro de las vacunas en el mundo.

‘CAMBIO DE PARADIGMA’

En primer lugar, tenemos que desarrollar una manera de hacer un mapeo de la capacidad mundial de fabricación de vacunas de manera rigurosa, rutinaria y transparente. Hacerlo no es tan sencillo como parece. Requiere conocer el tipo de equipo disponible en un centro de fabricación, adaptarlo a los pasos necesarios para producir una vacuna específica, calibrarlo para la dosificación y el rendimiento esperado. Parte de esa información puede ser delicada desde el punto de vista comercial y los fabricantes de vacunas pueden estar reacios a hacerla pública. Sin embargo, este obstáculo puede superarse.

En segundo lugar, los sitios de producción deben multiplicarse y diversificarse.

Como podemos ver en este momento, el mundo es vulnerable por depender tanto de las vacunas fabricadas en India porque puede que el país mismo tenga una enorme necesidad de usar las vacunas que produce. Para minimizar el riesgo de que la demanda interna frustre las exportaciones y la distribución mundial, deberían crearse centros de producción de vacunas en países con poblaciones pequeñas. Los posibles centros de producción deberán estar bien conectados para garantizar la llegada de las materias primas y la rápida exportación de las vacunas. Así mismo, deberán contar con infraestructuras confiables y una mano de obra competente y capacitada para la fabricación de productos biológicos (proteínas complejas elaboradas a partir de células vivas). 

No hay duda de que generar capacidad para la producción de las vacunas en otros lugares y crear una red mundial más descentralizada y transparente será caro. Y, a su vez, es probable que eso aumente el precio de las vacunas. No obstante, el costo de desarrollar resiliencia es pequeño comparado con las pérdidas que India y otros países donde las vacunas son escasas están padeciendo en este momento.

¿Qué pasa cuando la fábrica de vacunas del mundo no puede cumplir sus promesas?

 ©2021 The New York Times Company