En filosofía lo que más importa son las preguntas, no tanto las respuestas. Creo que por eso el filósofo polonés Leszek Kolakowski enfocó sus lecciones sobre los filósofos desde la perspectiva de las preguntas en su libro “Las Preguntas de los Grandes Filósofos”. Lo presenta en breves lecciones. Trata de los filósofos que dieron un giro totalmente nuevo al pensamiento de las generaciones futuras. Escribe sobre los grandes filósofos, sacudiendo alguna que otra fibra de nuestra mente. Nos alerta que cerrará cada lección planteando una pregunta que siga siendo válida, incluso en la actualidad, y que no tenga una respuesta satisfactoria.

Empecemos con Sócrates (469-399 a. C.). Como del conocimiento en general, los dos hombres –Jesucristo y Sócrates– que contribuyeron decisivamente en la construcción de la cultura europea, la judeo-cristina, nunca escribieron una sola línea. Aquí la pregunta de este sabio: ¿Y qué es invariable? Lo son las ideas fundamentales, especialmente si tienen algún significado moral. Deseaba saber qué son la justicia y la virtud, el coraje y la igualdad, pero no se refería al uso coloquial de estos términos, si no a lo que significan en sí.

Luego aborda a Parménides de Elea (540-470 a. C.), quien reflexionó sobre el uno que se oculta tras la pluralidad que caracteriza nuestra percepción del mundo. Él insiste en distinguir entre lo que es realmente y lo que parece ser y no lo es, no admite graduación: algo es o no es, no hay estados intermedios. Y he aquí la pregunta: ¿Qué es real?, a bien, ¿deberíamos considerar que sólo lo accesible a la conciencia colectiva es real? ¿Soy yo real? ¿Eres real tú?

Después sigue con Heráclito de Éfeso (540-480 a. C). Es el filósofo propagador de la incesante transformación de las cosas, de su eterna inestabilidad, sostiene que la pluralidad es real, el conflicto es real, la tensión y el movimiento son reales, y también es real nuestro conocimiento de ello. He aquí la pregunta: Si Dios es el máximo de conocimiento, si lo sabe todo, ¿cómo puede conocer el mal y la justicia sin salir de su esencia y volverse malo e injusto?

Y pues no puede dejar de abordar a Platón (427-347 a. C.). Se considera que con este sabio nació la filosofía. A diferencia de Sócrates, él nos legó sus pensamientos por escrito. Efectivamente, si hoy en día debatimos alguna cuestión importante de la metafísica, de la teoría del conocimiento y del saber humanos, de la moral o de la ética, pero también de la política en general, de la dialéctica (es decir, del arte de mantener una conversación de alto nivel) o de la retórica, irremediablemente nos remontamos a Platón. La primera pregunta que nos deja es: ¿sólo existe una alternativa, o la justicia es un decreto arbitrario que puede dictar cualquiera a condición de tener la suficiente fuerza o bebemos el conocimiento de lo que es justo de una fuente de sabiduría ajena a este mundo? Y la segunda: ¿Qué es el siete y qué es un número primo?

Kolakowski sigue con Aristóteles (384-322 a. C.). Se acepta que Platón elaboró el proyecto arquitectónico general de la filosofía europea, pero su discípulo infiel, Aristóteles, construyó sus cimientos. Y Santo Tomás de Aquino asimiló las ideas del filósofo para el cristianismo. Aristóteles se toma la cuestión de la felicidad muy en serio y utiliza este vocablo para describir una condición duradera, o relativamente duradera, del individuo. Nos recomienda esta regla básica y general: en nuestras acciones debemos mantenernos en el punto justo y evitar los vicios que resultan de un defecto o de un exceso.

¿En qué consiste la felicidad y cómo conseguirla? La felicidad es el bien supremo y una finalidad en sí misma, que consiste en ejercitar las aptitudes morales o las virtudes que adquirimos buscando el término medio entre los extremos. ¿Es posible definir la felicidad, tal como lo hace Aristóteles, mediante el comportamiento y la disposición moral activa de los individuos, y en detrimento de los que podríamos denominar las circunstancias subjetivas? ¿Es posible definir la felicidad de una manera sensata sin tomar en consideración su lado subjetivo? Estas son las preguntas que nos planteó el sabio griego. Y como el espacio para este artículo se agotó, siguen pendientes las preguntas de los otros filósofos para el próximo comentario.

@SalvadorHV

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