Los coahuilenses hemos aportado al proyecto de desarrollo nacional. Es tiempo de que esas aportaciones sean reconocidas

Sobre pocas cosas existe unanimidad en la agenda política de cualquier República federada como la nuestra. Una de ellas es que la “federalización” del presupuesto público implica, entre otras cosas, “castigar” a las entidades más productivas, en aras de un presunto proyecto de “desarrollo equilibrado” cuyos resultados no terminan de verse en la realidad.

Y en casos como el de la República Mexicana, en donde la “federalización” en realidad ha significado siempre “centralización”, las asimetrías en el trato fiscal se notan mucho más.

El argumento no es nuevo y contra éste han venido luchando largamente estados y municipios del País, sobre todo del norte: la Federación concentra la mayor parte de la riqueza tributaria que producimos entre todos, y a las entidades de la República les devuelve sólo un pequeño porcentaje de ésta, vía participaciones y programas específicos.

No en todos los casos ocurre así. Los estados “menos productivos”, es decir, aquellos donde la pobreza afecta a un mayor número de sus pobladores, reciben en realidad más dinero del que generan en impuestos, lo que implica, en la realidad, que esas entidades reciben el dinero que se le “quita” a las que producen más.

La idea detrás de esta fórmula es simple: si a cada Estado se le devolviera lo que produce, los “ricos” podrían mantenerse en esa posición, pero los “pobres” vivirían condenados a vivir en la pobreza.

Es una idea correcta, por ello, que se integre una bolsa común que luego se distribuya con criterios “compensatorios”. Pero no lo es menos una idea complementaria: el subsidio de las regiones más productivas hacia las más pobres no puede –ni debe– ser eterno: en algún momento debería equilibrarse la balanza y considerar la necesidad de que las zonas “subsidiadas” puedan desarrollarse y, a partir de ahí, valerse por sí mismas.

En ese proceso cabe preguntarse si el esquema actual puede sufrir modificaciones que hagan menos asimétrica la distribución de los recursos tributarios y permitan a entidades como Coahuila, recibir más dinero y, con ello, estar en posibilidad de financiar mejor sus proyectos de crecimiento y desarrollo.

Darle a cada quien “lo que le toca” es, en esencia, imposible. Pero hacer menos dispareja la distribución de los recursos no es difícil y por ello el reclamo no debería considerarse una extravagancia ni una idea de ocasión.

Como ya se ha dicho, el argumento y el debate no son nuevos. Tampoco lo son los argumentos con los cuales se ha defendido la idea y que han dado lugar, en los últimos 20 años, a modificaciones importantes en la estructura del gasto público en México, modificaciones que se han traducido en incrementos sustanciales a los presupuestos de estados y municipios.

Pero tal circunstancia puede mejorar aún más y por ello debería adoptarse como una buena idea la propuesta de reclamar más dinero para la entidad en el futuro cercano.

Los coahuilenses hemos aportado largamente al proyecto de desarrollo nacional. Es tiempo de que esas aportaciones sean reconocidas y compensadas.

Los coahuilenses hemos aportado al proyecto de desarrollo nacional. Es tiempo de que esas aportaciones sean reconocidas