FotoS: OMAR SAUCEDO
Al son de los temas de esta región, los participantes bailan durante el desarrollo de la historia

El pasado jueves comenzaron las funciones de la Pastorela de Coahuila “Entre diablos y pastores te veas”, una obra musical que le da un giro de homenaje y difusión cultural a la tradicional historia de los pastores en su camino al pesebre y a la adoración del recién nacido mesías.

Basada en los textos de las pastorelas de los ejidos de Saltillo, como la de Palma Gorda, rescatados a través de una investigación que realizó el gran impulsor de la pastorela mexicana, Manuel Sabido; esta puesta en escena combina además elementos de la cultura coahuilense en un mosaico de entretenimiento para todas las edades.

Diablo Norteño. El Diablo de la obra representó al mal, en la lucha que tiene contra el bien... y que pierde.

En esta obra los pastores son el mismo grupo de alegres hombres y mujeres con divertidas personalidades, pero con el añadido de ser un tanto cantarínes, pues a través de su voz evidencian su admiración a canciones de compositores coahuilenses como “Échale un quinto al piano” de Felipe Valdés Leal.

Asimismo, en sus vestimentas portan las prendas de comunidades como las de los mascogos de Múzquiz, Coahuila y entre sus miembros dan cabida a personajes inclusivos como el intenso y eufórico Cucharón o la sabia pastorcita que funge a su vez como narradora y que es el primer personaje de talla pequeña en la producción.

De manera similar el arcángel Miguel también porta un atuendo tradicional de los kikapús, mientras que el ermitaño representa a la comunidad de Palma Gorda, así como un aprendiz de diablo ataviado con los harapos del Viejo de la Danza, con todo y un grupo de matlachines que en lugar de venerar a Dios dedican sus pasos al mismísimo Satanás, vestido como todo un ranchero.

La puesta en escena conserva gran parte de los textos originales, en rima, y a diferencia de la edición del 2019 reduce un tanto su elenco, pero en el proceso le da mayor relevancia y diversión al resto de sus personajes.

De igual forma los chistes, que nunca pueden faltar en una obra así, quedan a cargo principalmente del ermitaño y de aprendiz de diablo, quienes se ríen a costa de canciones populares y situaciones cómicas que se volvieron virales como lo que le sucedió a Lolita Ayala cuando tuvo problemas para hablar en vivo, todo en un ambiente sano y ligero.

La batalla entre el bien y el mal, como es costumbre, culmina con la victoria de ángeles y pastores antes de dar paso a la adoración del niño Jesús, con la que terminó la obra ante los aplausos de un Teatro de la Ciudad lleno.