Don Abundio
COMPARTIR
Don Abundio, el viejo cuidador de nuestro huerto, me pone siempre en apuros con quienes nos visitan en el Potrero de Abrego.
Ya he dicho que este señor tiene un extraño perro. El pelaje del animal, a manchas, es de tres colores: blanco, negro y café. Don Abundio le puso al can un sonoroso nombre: el Almirante. "Porque todos se almiran al verlo" -explica. Y yo no sé si está hablando en serio o no.
El Almirante posee muchas habilidades: saluda; hace el muertito; se alza sobre las patas traseras; salta cuando su dueño se lo ordena.
-¿Cómo hizo usted, don Abundio -le pregunta uno de mis visitantes-, para enseñarle a su perro tantas gracias? Yo no he logrado que el mío aprenda ni una sola.
-Bueno -explica el viejo-. Por principio de cuentas tiene uno que ser más inteligente que el perro.
Mi amigo, desconcertado por aquella respuesta, vuelve a mí la mirada. Yo vuelvo la mirada hacia otro lado.
¡Hasta mañana!...