Se acabó el Pacto

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Opinión
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La promulgación de la Reforma Energética pone fin al proceso reformador más ambicioso del México moderno. El partido que durante 12 años se opuso a estas reformas, las enarbola y asume como banderas propias. La historia nos dirá si fue un acierto. Me quedo con sentimientos encontrados. Como todo en política, no hay términos absolutos. Hay cosas buenas y otras malas, cuya sepultura está por verse.

A mi modo de ver, se perdió una oportunidad histórica de concretar una verdadera Reforma Fiscal. El gobierno fue más ambicioso con la Reforma Energética, que generaba un evidente y polarizante debate ideológico. Supongo que pudo más su lógica estatista, que la necesidad de liberalizar y flexibilizar para crecer. La Reforma Laboral se aprobó sin pena ni gloria y con el aval de Acción Nacional. Apoyo que hoy se contradice con su propuesta de incrementar el salario mínimo. ¿Porqué no proponerlo entonces? Una muestra más de que su dirigente actúa por ocurrencias y no conforme a una agenda. 

En telecomunicaciones volvió a quedar claro el poder dominante de las televisoras. Literalmente “chamaquearon” a los legisladores. Una buena Reforma Constitucional que terminó descafeinada en la legislación secundaria. La Reforma Política significó un gran avance, aunque también nos deja ver un PRI contradictorio. ¿Por qué ofrecer ahora la disminución de los diputados y senadores plurinominales y no antes, cuando había ánimo, acuerdo y la sociedad civil lo demandaba?

Finalmente la Reforma Energética, contiene una mezcla del nacionalismo estatista del PRI y del deseo liberador del PAN. Ambos, partidos están conscientes de la urgencia de abrir el sector, diseñan una ley equilibrada en donde no gana ninguno o ganan ambos. Al final de todos los cambios, esta mi favorita: la reforma al sistema de justicia penal que continúa en debate deseando un aterrizaje adecuado.

Se trata de una reforma transversal que afecta y atraviesa todos los temas, es la que previene y castiga el delito, busca reducir los altos niveles de impunidad en donde la corrupción es el peor flagelo. Es el talón de Aquiles de todo este proceso reformador.

Así culmina el llamado Pacto por México. Una evidente Perestroika con una Glasnost que está por verse. Los cambios económicos llegaron, mientras los políticos y sociales continúan pendientes. Tan importantes los unos como los otros. Ambos son complementarios. Uno sin el otro significa fracaso.

Al terminar el pacto, la burocracia debe aterrizar lo acordado. No es cosa fácil ni rápida. El PRI y el Gobierno en el pecado llevarán la penitencia. Su negativa de 12 años puede ser su peor enemigo. Urge al gobierno que las reformas den los resultados que, desde la oposición, negaron a sus adversarios en el pasado inmediato. Resultados urgentes para antes de las elecciones de julio de 2015, aunque requieran adecuación y agilidad del aparato  burocrático. No será fácil.

Al concluir el pacto regresará la política y las posiciones encontradas. Los partidos ya encontraron una vía constructiva en la consulta popular. El PRD busca revertir la Reforma Energética, cuestión que será muy difícil luego de la aprobación mayoritaria en el Congreso. Más allá de intentar unificar a la izquierda bajo una bandera, dudo que logren algo más. Acción Nacional defiende un mejor salario mínimo pidiendo, además, retirarlo como referencia para multas, recargos y otras sanciones. Nada más contradictorio a lo que el propio PAN aprobó en este proceso reformador, que maneja ese concepto repetidamente.

Finalmente el PRI enarbola una bandera atractiva pero convenenciera. No es novedad que apoye hoy lo que ayer obstaculizó: Propone eliminar 100 diputados y 32 senadores plurinominales. En esta acción hay una evidente estrategia electoral, minimizar a una oposición que suele hacer un mal papel en las elecciones legislativas.

Reducir las plurinominales pero no las mayorías, nos daría en 2018 un Congreso abrumadoramente en manos del PRI. Buena idea la eliminación de los senadores plurinominales, su existencia es una aberración constitucional. En cuanto a los diputados, mejor sería eliminar 100 plurinominales y 100 mayorías como propuso el PAN en la anterior legislatura. Otra salida puede ser la eliminación de los 200 legisladores de representación proporcional ¿por qué no? ¿Qué le parece irnos al otro extremo, y quedarnos sólo con 200 diputados y eliminar a 300 de mayoría? Así, sólo votaríamos por partidos, a fin de cuentas son muy pocos los mexicanos que saben quién es su diputado, los que votan en estos procesos lo hacen más por el partido. Sólo es cuestión de obligar a los partidos a democratizar sus decisiones. Esta propuesta es del cartonista de Reforma, Paco Calderón, está para pensarse. 

Twitter: @chuyramirezr

Facebook: Chuy Ramirez

Columna: Regresando a las Fuentes

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