Rayados estafa al torneo

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Opinión
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Dicen que los equipos se hacen andando, pero en este caso no aplica. Rayados no sólo se encarga de fulminar esa máxima sino muchas otras lógicas más. Es un fenómeno curioso, digno de analizar.

Monterrey sabe que en la cancha está estafando a todos. A los rivales y a la tribuna. Se está estafando a sí mismo. Hace que juega y se roba los triunfos. Invierte migajas y gana oro. Capitaliza puntos con un modelo fantasma y saca ventaja en las posiciones con el argumento del engaño.

Si no fuera por el proteccionismo de Pabón, sus fechorías futbolísticas tendrían, a esta altura, una sentencia condenatoria. Rayados tiene un esqueleto frágil, vacío de conceptos, pero una panza llena de resultados.

Semejante contradicción rompe con los paradigmas naturales y consecuentes de este juego. Como su cosecha no tiene relación con lo que siembra, la autocrítica en esta inusual prosperidad le debe servir a Rayados para darse cuenta de que la espuma se disuelve tan rápido como sube si no se la contiene.

También le debe servir a Barra para reconocer que un equipo en plena competencia no es un banco de pruebas. Hacer experimentos a esta altura no supone ser una iniciativa adecuada, porque termina enredando más los cables y abonando más tensión al ya evidente cortocircuito.

Sin un estilo masticado, es imposible que se puedan afinar otros. Barra quiere estabilizar variando y su confusión se transmite hacia adentro del campo.

Al descartable primer tiempo del sábado en el Tec hay que buscarle una explicación en la inexplicable línea de 5 que propuso el técnico Barra para contrarrestar la línea de 5 adversaria. Cuando los sistemas son espejos y con marcas predefinidas, muere el partido, y los primeros 45 minutos fueron para enterrarlos. Rayados asumió un rol precavido, innecesario, anulando y sin jugar ante un modesto rival. Y las consecuencias fueron directas.

Meza y Velarde no son carrileros, son laterales. Sus plataformas de despegue están atrás, no en el medio. Como no sabían si ir o venir, en ese enjuague, se quedaron flotando marcando a los carrileros rivales. Barra resucitó a Ramos y con más defensores que volantes, el equipo perdió contrapeso, sorpresa, manejo y muchos etcéteras más.

Además, Silva nunca supo donde posicionarse, duplicando funciones con Suazo y Pabón. Los tres juntitos entre los tres centrales poblanos. ¿Quién por fuera? Nadie.

Con el equipo maniatado, Barra se vio obligado a modificar el plan. Los ingresos de Hernández y Ramírez no le surtieron efecto, sino las salidas de Ramos y Silva, porque el DT pasó a un dibujo más acertado con Meza de lateral en una línea de 4 y quitó un tapón arriba.

Sin Silva, hubo más espacios para Suazo y el chileno, a sus anchas, tirándose atrás y generando, fue preponderante para el funcionamiento ofensivo en el complemento.

Silva no es compatible en un ataque con Suazo y Pabón. Los tres juntos no encajan, hay un conflicto de referencias, se molestan y como están apretados dentro de una franja limitada por el centro, son fáciles de anular.

Del 5-2-3, al 4-3-1-2 y luego al 4-4-2. La licuadora de Barra funcionó a full, pero con tanta mezcla de recetas, el equipo volvió a vender humo.




Columna: Tiro directo

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