Rocha Moya y el fracaso de la asonada política en defensa de AMLO
COMPARTIR
TEMAS
Personajes
Organizaciones
El caso no está cerrado. La Presidenta, con apoyos esperados e inesperados, frenó la asonada; sin embargo, no han sido neutralizados sus enemigos, quienes no están afuera, sino adentro de la 4T
La nueva licencia solicitada por el gobernador Rubén Rocha Moya no cierra el cisma político en Morena. Este es el comienzo, porque por más que desee Claudia Sheinbaum mantener el consenso dentro de la 4T, es imposible conciliarlo con la consolidación de su Presidencia. Rocha Moya intentó una asonada política respaldada por el ala dura de la 4T en defensa de los intereses personales de Andrés Manuel López Obrador, que rompió el pacto que tenía con la Presidenta para actuar con prudencia frente a Estados Unidos. Son los momentos más críticos de Sheinbaum en su joven sexenio, pero, al mismo tiempo, los que lo definirán.
La Presidenta, respaldada por Morena, debe actuar ejemplarmente contra Rocha Moya para elevar el costo político a todos aquellos que, como el gobernador, se presten a ser instrumentos de López Obrador, quien busca controlar el poder, movido por su preocupación y miedo ante lo que Estados Unidos haga con él y con su hijo Andrés. Sheinbaum tiene el camino de la ley: un juicio de procedencia contra Rocha Moya para que sea investigado por el asesinato de Héctor Melesio Cuén, durante la reunión con Ismael “El Mayo” Zambada, exjefe del Cártel de Sinaloa, para resolver un diferendo entre ellos. Y posteriormente, extraditarlo a Estados Unidos, donde lo buscan por delitos cometidos en ese país.
El grave episodio de la rebelión de Rocha Moya no puede verse fuera del contexto de la carta de Andrés López Beltrán al presidente Donald Trump, quejándose de la cancelación de su visa. La misiva provocó el apoyo al hijo de López Obrador, que en realidad era un respaldo al expresidente. El anuncio de Rocha Moya, de que regresaría a la gubernatura, no causó el mismo efecto. La prensa, de forma unánime, salió en defensa de la institucionalidad. Privadamente, los secretarios de la Defensa y la Marina expresaron a la Presidenta su respaldo incondicional. Morena emitió un comunicado criticando a Rocha Moya y los gobernadores del partido en el poder le pidieron madurez y congruencia. Menos de 24 horas después, reculó y pidió una nueva licencia.
Pero el caso no está cerrado. La Presidenta, con apoyos esperados e inesperados, frenó la asonada; sin embargo, no han sido neutralizados sus enemigos, quienes no están afuera, sino adentro de la 4T. Se vio desde la carta de Andy López Beltrán, de la que se enteró por las redes sociales y los medios, pese a que algunos de sus colaboradores estaban enterados y no le avisaron; o de otros, como su coordinador de asesores, Jesús Ramírez Cuevas, a quien acusaron en Palacio Nacional de apoyar al hijo del expresidente y organizar el respaldo del aparato de Morena.
Junto con los gobernadores de Baja California, Marina del Pilar Ávila; Sonora, Alfonso Durazo, y Tamaulipas, Américo Villarreal –bajo investigación en Estados Unidos por presuntos vínculos criminales–, Ramírez Cuevas promovió la carta de apoyo de gobernadores y diputados a López Beltrán, según información que trascendió. El secretario de Educación, Mario Delgado –otro de los investigados–, quería que en el gabinete y los comités distritales de Morena hicieran lo mismo, pero lo frenó el jefe de Oficina de la Presidencia, Lázaro Cárdenas.
La rebelión estaba en marcha. La Presidenta tuvo un encuentro ríspido con su consejera jurídica, Luisa María Alcalde, por su contraproducente manejo sobre la ley de audiencias y las listas de periodistas, políticos e influencers, lo que le abrió la puerta para que saltara hacia una candidatura en una alcaldía. Alcalde, reveló un funcionario, la rechazó y empezó a sabotear reuniones de trabajo. La insolencia e irrespeto a la institucionalidad fue coronada, en esta primera fase, por Rocha Moya, cuyo anuncio del regreso al poder fue celebrado por voceros del ala dura de la 4T.
El senador Gerardo Fernández Noroña dijo que Rocha Moya, así como el senador Enrique Inzunza, otros de los imputados en Estados Unidos, estaban tratando de “reivindicar su trayectoria” que los medios habían “hecho pedazos”, señalando que no había ninguna prueba en su contra. Y mantuvo su posición aun después del rechazo de la Presidenta y de Morena, a diferencia de uno de los principales voceros del movimiento, Antonio Attolini, que primero defendió la decisión y después se alineó con la postura marcada por Sheinbaum. Otros voceros al servicio de Ramírez Cuevas intentaron desvincular de López Obrador la acción del gobernador.
Información de inteligencia, sin embargo, identificó al expresidente como la mano que movió a Rocha Moya. Una fuente dijo que sus principales preocupaciones estaban relacionadas con el acuerdo que alcanzó con Estados Unidos el general Gerardo Mérida, acusado junto con Rocha Moya, Inzunza y otros siete servidores públicos de Sinaloa. Entre lo que Mérida aportó fue información sobre la presunta relación de Andy con Los Chapitos; la pérdida de su visa; la expulsión del contralmirante Fernando Farías Laguna de Argentina, para que sea juzgado en México por contrabando fiscal, que también conecta con el hijo del expresidente; y la detención de Fausto Corrales, que participó en el encubrimiento del asesinato de Cuén.
El episodio de Rocha Moya dejó en evidencia quién es López Obrador y mostró que su rechazo a la institucionalidad contra los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto también se extiende al de Sheinbaum. No fue selectivo, sino general. Fue sistémico, no coyuntural. No obedece a su interés por la nación, gobernada desde hace casi ocho años por Morena, sino a la defensa de los suyos. Hay un quiebre evidente entre él y su sucesora.
“La comunidad internacional está a favor de apoyar a una presidenta como Sheinbaum, pero no a un loco como López Obrador, y por eso le están dando juego”, dijo un funcionario estadounidense, recordando cómo gobiernos con los que se enfrentó López Obrador están colaborando con el de Sheinbaum, como el de Javier Milei, que entregó a Farías Laguna; el restablecimiento de relaciones con la presidenta Keiko Fujimori de Perú, o la aceptación de ayuda no militar del presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, tras los sismos en su país.
A López Obrador se le ve como un factor de inestabilidad regional. A Sheinbaum no. En México, la reacción tan unánime contra Rocha Moya abrió posibilidades de un nuevo entendimiento nacional, donde hay intereses superiores a la política del día con día. Pero no hay un camino decidido en este principio de semana, crítica para el futuro del país.