Efectos secundarios
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Javier Livas
Nunca puedes hacer solo una cosa. Es un proverbio de sistemas que habla sobre los efectos no previstos, daños colaterales o consecuencias indeseables de nuestros actos. Caso Fashion Mall, caso Pemex.
Todo está interconectado, y no siempre para bien. Hacer A, produce efectos imprevistos e indeseables en B, C y D.
Se reportan estos incidentes a diario. En Valle Oriente la instalación de un muro causó que se rompiera una tubería de agua, que a su vez produjo un deslave, que a su vez rompió una tubería de alta presión de gas, que a su vez, produjo un flamazo que apanicó a San Pedro durante varias horas. El tránsito será afectado durante meses.
En otro incidente parecido, trabajadores pinchan otro tubo de agua que deja sin servició a miles de residentes de 13 colonias del área metropolitana.
Pero el premio mayor de los efectos secundarios es sin duda la ruptura de una tubería de Pemex que ha producido un verdadero desastre ecológico en la cuenca del Río San Juan, uno de los afluentes de la presa El Cuchillo, de donde traemos agua para tomar en Monterrey.
La cosa se puso fea gana también el premio por el mejor eufemismo que ha recibido titulares en las noticias. Yo diría que la cosa se puso horrible, porque los daños materiales son aún incalculables. Cientos de familias que viven de una economía ligada al Río San Juan estarán perdiendo una parte importante de su modus vivendi. ¿Y a ellos quién o quienes los van a indemnizar?
No creo que el sistema de administración de justicia esté siquiera preparado para lo que pudiera ser una acción civil por daños en contra de Pemex. ¿Y por qué Pemex, se preguntarán?
Parecería que Pemex es otra víctima y no un agente causal del desastre del derrame de combustibles y otros aceites pesados que arruinan los campos y matan las plantas y las aves.
Sin embargo, PEMEX es civilmente responsable porque es un RIESGO que acepta como empresa mercantil o paraestatal por la instalación de tuberías para la conducción de sus productos.
Independientemente de que sea víctima, Pemex es también agente causal del derrame. Es su obligación proteger y vigilar que sus instalaciones sean seguras. Y no las cumple debidamente, por lo visto.
Es aquí donde entran de nuevo a la escena y sacan su cabeza los temidos efectos secundarios. Pero esto va todavía más allá de lo que pudieran ser accidentes o factores fortuitos en la instalación de una red de conducción de combustibles.
La información que tengo de fuentes que han estado adentro de Pemex, es que la ordeña de ductos tiene dos grandes componentes. Una es la ordeña concesionada por la empresa, en la que los beneficiados son políticos o civiles con algún poder o influencia. Otra es la ordeña furtiva, es decir cometida por aventureros que se la juegan a que no los descubran.
Ya sea de una forma de ordeña u otra, ambas condenables, eso convierte Pemex en una vacota que da leche a muchos vividores. Estas actividades lesivas a la economía se están convirtiendo en cosa de todos los días y empiezan a ser la regla y no la excepción.
La misma PEMEX está asociada a otros esquemas de parasitismo institucional. El escándalos de las gasolineras fuera de control es una parte, pero la otra es el esquema de mordidas que extraen de los gasolineros para supuestamente protegerlos de las inspecciones.
Los efectos secundarios del descontrol total en el que PEMEX se está ahogando, sin embargo, trascienden las pérdidas económicas que le cuestan a la empresa, y se han desbordado a lesionar de mil maneras a la población. En un caso daños ecológicos; en otro, fraude a los consumidores.
La fuga fue detectada tiempo antes de que se convirtiera en desastre, pero nadie hizo caso y nadie puso atención. La PROFECO otro lastre.
Los grandes sistemas fallan cuando fallan sus sistemas de control. El control de todos los controles del Estado somos los ciudadanos.