Lágrimas sin Dios
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Gaby ya no llora. No hay agua. No tiene lágrimas ni consuelo en el manantial de su corazón tampoco hay esperanza
Gaby no tiene lágrimas. Está seca por dentro. Desde hace muchos años no llora. La sequía, paradójicamente, la mantiene viva al día de hoy. Tal vez y si derramara una gota, estaría abonando y floreciendo en su huerto el hongo putrefacto de su destrucción. Gaby es un desierto viviente, feraz, rudo, inconmovible; no tiene agua, no tiene nubes, no tiene lluvia; Gaby ya no llora. No hay agua. No tiene lágrimas ni consuelo en el manantial de su corazón tampoco hay esperanza. La esperanza murió hace mucho tiempo en su parcela desértica; huerto familiar.
Nunca he visto llorar a Gaby. Ella dice haber olvidado el último día donde sus lágrimas mojaron sus pupilas. Si acaso Gaby llora, son lágrimas las cuales no mojan sus bellos ojos castaños. Y un dato más. Un dato importante: Gaby nunca, nunca nombra ni recita el nombre de Dios. Ella, como todos los humanos, tiene problemas mil (el más grande, las vejaciones a las cuales la somete su madre, una Virgen de corazón negro), se agolpan en su puerta cotidianamente. Ahora el dinero el cual jamás alcanza, ahora la pérdida del empleo; mañana la educación de su rebelde hijo; hoy el enfrentarse con los maltratos de su madre.
Poco puedo ayudar a Gaby si ésta no toma sus propias decisiones. Es una roca. Inconmovible, se enfrenta a todo sin chistar. Pero, Gaby nunca nombra ni pide la ayuda de Dios. Un día le pregunté de ello. Sólo se encogió de hombros, hizo un gesto de mohín en su rostro y dijo en susurros, Ay Chuy, hace años no sé nada de Dios. ¿Para qué? Es mejor así Gaby va por la vida caminando de pie. Va por la vida con lágrimas en sus ojos castaños. Lágrimas las cuales no mojan sus pupilas.
Lectores atentos piden de nuevo a este escritor el abordaje, una reflexión más, piden mis torpes ideas sobre esa abstracción cegadora âcita de Enrique Maza, articulista de Procesoâ llamada Dios. No soy nadie para escribir sobre Dios. Nunca he querido convencerlo a usted con mis imágenes al respecto. Pero, en honor a la verdad y debido a mi vejez y mis lecturas, pues algunas cosas sé de ello. Ideas las cuales he ido anotando en este generoso espacio editorial.
Hay compañeros de plana los cuales tienen lustros haciéndolo, como Luis Fernando Nieto; pero sus aproximaciones son desde esas arenas siempre traicioneras de la fe. Gaby no cree en Dios, lo respeta. El aguerrido reportero Sergio Alvizo polemiza seguido conmigo por ello. Pide y exige más letras. Alvizo cita seguido y se apoya en Pablo, el de Tarso.
Esquina-bajan
Y lo anterior me gusta. Figura alta, tan alta en la Biblia, la cual debería entonces de ser iglesia Paulina y no cristiana. Pero, todo mundo lo sabe, Pablo era Saulo. Y traicionó (conversión, eufemísticamente) sus creencias y su dogma, camino a Damasco. Participó en la lapidación de Esteban. La Iglesia católica y cristiana edificada sobre un acto nada honorable. Pero esto es otro cantar. Sergio Alvizo cita a Pablo cuando polemizamos y sus citas siempre son eruditas.
Con motivo de mi preocupación por los hartos suicidios (¿De cuál hablar hoy? ¿Del ciudadano alemán, Hans Engelbrecht Serrano, quien se descerrajó un plomazo en su boca. De la joven Claudia Karen Lozano, quien se suicidó por mal de amores? La lista es larga) redacto un diagnóstico a trompicones. ¿Ha anotado usted un silencio abominable al respecto por parte de la Iglesia católica y su jerarca, el mediático Raúl Vera López? ¿Tiene qué ver Vera y su fe en esto de los suicidios? Absolutamente sí, aunque a éste no le interesa ni un pinche comino lo anterior.
Un dato el cual llama la atención: la Iglesia Católica, parcela de poder del hollywoodense Raúl Vera López y curiosamente desde su llegada a tierras coahuilenses, ha visto disminuida su presencia. Los datos del INEGI así lo dicen: en los últimos 10 años los católicos en el Estado disminuyeron, pasando de ser 86.4 por ciento a un 83 por ciento y en picada. ¿Y si Vera no habla con Dios?
Letras minúsculas
Gaby nunca nombra ni pide la ayuda de Dios. Tal vez sea mejor así. Sólo valernos por nuestros propios medios y acometer con fiereza, sólo eso