Alas para el vuelo
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El informe intentó dejar una sensación de despegue.
Y el símbolo sexenal parece ser el anunciado aeropuerto. Con tintes de Quetzalcoatl, de Cuculcán, serpiente emplumada y aletear de águila se ha diseñado esta equis con torso de mujer indoibérica sobre tierras del lago de Texcoco.
Ya menciona el exministro de obras públicas que existe un estudio interdisciplinar que señaló esas tierras como inundables, como cauce y sitio natural de concentración hidráulica. En esa investigación se alude al riesgo de inundar la ciudad por cancelar un depósito natural.
Se planta el proyecto en la cresta de la ola de la modernidad arquitectónica superando las imponentes estructuras de los aeropuertos chinos. Intenta estrenar el futuro con un adelanto en la concepción de una terminal aérea que, además, se presenta como autosustentable.
Todo se hará sobre tierras ya compradas, se dice. No habrá expropiaciones aunque afilen machetes quienes así lo suponen a causa de una asesoría conflictiva de mala fe o mal informada.
En el clima de despegue, la equis del aeropuerto parece desplegar las dos alas para el vuelo.
Es como la espada que se lanzó a la otra orilla para recuperarla de un salto. Este salto intenta ser cualitativo. No más de lo mismo sino alcanzar un nivel superior, no solo de arquitectura sino de convivencia y civilización. El aeropuerto es el niño hermoso. Por él se querrá mejorar la cuna, pintar el cuarto, decorar la casa, pintar la fachada, y con la imitación del vecindario hermosear toda la calle y así contagiar de excelencia a toda la ciudad.
Será como un rascacielos en el arrabal de las casuchas. Es el escenario que unos ven escandaloso y otros esperanzador, como el de las fortunas estratosféricas al lado de los salarios aniquilados. Se habla ya de obras de relumbrón, de elefantiasis espectacular, de una administración de la abundancia que produce tumores y monstruosidades descartando el desarrollo orgánico y proporcionado.
Se requiere tiempo para ver resultados ahora que las oportunidades se quieren complementar con prosperidad en el nivel popular, que es el indicador más fiable de un auténtico progreso generalizado.
¿Estamos despegando? ¿Se ha iniciado el vuelo? ¿Crecerán los contrastes y las desproporciones? ¿Se seguirá concentrando el ingreso en monopolios o se pondrá el capital en manos del pueblo? ¿Modernizar los
aeropuertos será el aleteo para que despeguen todos los estados en un vuelo de justicia social en que desaparezcan corrupción e impunidad? ¿El águila que vuela acabará devorando a la serpiente que se arrastra? ¿Qué nos toca hacer a los ciudadanos en nuestro pequeño mundo familiar, social, laboral, cívico y político para que a nadie se le vaya el avión?