De cuentos chinos y otras truculencias

Opinión
/ 5 diciembre 2021
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Refería Schopenhauer que “lo que más odia el rebaño es a aquel que piensa de manera distinta; no es tanto la opinión en sí, sino la osadía de querer pensar por sí mismo, algo que ellos no saben hacer”. La cita se evoca en razón a la praxis política de sumisión que fue implementada durante la dictadura coahuilteca del hermano sangre y crimen, y continuada en método, remedio y trapito por el encargado de negocios de la marca.

Y aun cuando, a través de negociaciones y acuerdos monetarios, la oposición brava de la derecha coahuilense parecería haber sido amansada y los morenos neutralizados, pese a que el delegado general del Gobierno Federal en el estado vivió en carne propia la represión del tirano y sus compinches, al fin de cuentas el PRI se fue solo en la mayoría de las alcaldías y el Congreso.

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La táctica de maicear a la oposición otorgándole diversas canonjías, como las notarías regaladas o los 90 millones famosos del 2017, son prácticas muy conocidas de los hermanitos en fuga que impusieron a su delfín de entrada.

Los ecos del Cuarto Informe de administración refieren escasez de obra, aumento de deuda pública, abandono social y de la salud de los habitantes, aun cuando el príncipe Manolín se quiera adjudicar la vacunación como iniciativa de su principado sarapero.

La plataforma del libelo de corta redacción y pobre literatura es el reflejo de una gris y sombría administración que vigila desde la torre amurallada del Palacio Rosa (literal) a su ejército de orcos que amedrentan a la población y asustan a los niños y a las palomas, nada más.

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Amurallar la Plaza de Armas de Saltillo fue el acto más significativo de la administración estatal y enmarca el divorcio social e impopularidad del gerente en turno, quien sigue recibiendo instrucciones desde la casa de Las Lomas (comprada con dinero de los coahuilenses) en forma puntual y a cuatro años del supuesto acuerdo de no intervención (de risa).

En el preámbulo del informe del 30 de noviembre llaman la atención la crítica y el posicionamiento, tal vez más a título personal, del diputado local de lo que queda del PAN en Coahuila, Rodolfo Walss, quien denunció: “Lo peor que le puede pasar a una persona es la falta de palabra. ¿Qué le puede pasar a un funcionario que falta a su palabra o no vale nada? Quien descaradamente falta a la palabra, lo que está haciendo es definir su personalidad; la soberbia y la arrogancia de su personalidad que se cree superior a los demás creyendo que saldrá impune, eso nos lleva a preguntarme: ¿Cuánto vale la palabra del gobernador Riquelme?... Encontré en el informe más de 20 mentiras descaradas, voy a empezar con una promesa de campaña de 2017, en Torreón, acompañada de la firma del hoy Gobernador, quien en una plaza pública ante cinco candidatos a la gubernatura se comprometieron, incluso él con su firma que aquí está en esta cartulina que les muestro, y me voy a permitir leer dos de los compromisos que constan en ese acuerdo: número uno: presentar iniciativa de ley para desclasificar el origen y destino de la deuda pública de Coahuila y perseguir a aquellos responsables del daño al patrimonio público. Número dos: en el plazo del periodo de entrega-recepción, iniciar los procesos de auditorías a todas las áreas de la función pública estatal y castigar a los responsables de irregularidades en el desempeño de sus funciones. Y yo le pregunto, señor Riquelme: ¿acaso ha cumplido con esos dos compromisos? Y no solamente me refiero a la megadeuda de los 37 mil millones de pesos, sino el caso Ficrea, también al desfalco al Fondo de Pensiones de los trabajadores de la Sección 38 del SNTE de 3 mil 500 millones de pesos; las más de 13 empresas fantasmas creadas por Rubén Moreira para desviar recursos públicos, también son los sobornos de Jorge Torres López aceptados en los Estados Unidos y no perseguidos en Coahuila. Tal vez pensó Riquelme que nadie se acordaría después de cuatro años de firmar ese compromiso, pero aquí estoy para recordarlo. Pregunté ¿cuánto vale la firma del gobernador Riquelme? Y la respuesta es nada, señores ( rompiendo en el podio una cartulina con la firma del gobernador-gerente)” . ¡Haya cosa!

Fueron advertidos los coahuilenses, por esta pluma, del sometimiento del que iban a ser presa no solamente los políticos que se atrevieran a laborar con el actual gerente, sino los ciudadanos si votábamos por esta opción impuesta. Hoy día, la simulación y el cinismo se apoderan de nuevo de Coahuila y nos dimos cuenta de que, en lugar de elegir a la princesa del cuento, elegimos a la hechicera. Ahora, a pagar el error. ¡Válgame Dios!

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