La cigarra y el hambre

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Opinión
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La dualidad inclusión-exclusión constituye la fórmula de la pobreza; su combate, por lo tanto, no debe consistir en procurar bienes a quienes carecen de ellos, como despensas y desayunos, sino en terminar con la exclusión y la marginalidad

Carencia entonada con ese afán de bregar de sol a sol que, más que voluntario, resulta necesario, la situación de millones de pobres en el país se acerca más a la justificación que a la acción, y a la controversia más que a la vía necesaria para su integración en la agenda nacional.

El papel de la pobreza en la patria se está convirtiendo en tradición, en visión cotidiana. El tema se aborda ya no con vergüenza de la incapacidad de sus administradores, sino con un dejo romántico de sus protagonistas, como si exhibirlos en un aparador social y dotarlos de una vía de expresión cultural fuera la solución a sus ancestrales carencias.

https://vanguardia.com.mx/opinion/saltillo-apuntes-sobre-la-capacidad-de-asombro-EG22422017

La dinámica social del siglo 20 tuvo el mérito de integrar y dar oportunidad a todos los protagonistas sociales para que, a través de la educación, pudieran asumir un nuevo papel de desarrollo individual, luego familiar y grupal. A partir de ahí, la pobreza empezó a cambiar de cara y también de síntomas.

Su estrato se amplió porque su clasificación no derivó del análisis tradicional, según el cual pobre era quien carecía de bienes para sostenerse o desarrollarse.

El fenómeno social de la distribución de la riqueza y la estratificación en nuestro país fue víctima de un espejismo muy engañoso: se interpretó como desarrollo económico el hecho de que, día con día, más familias contaran en sus hogares con bienes de consumo, como aparatos electrónicos sofisticados y otros más tradicionales como televisores, modulares, refrigerador y videos; bienes que antaño no era común ver en muchos hogares mexicanos. Basados en ello y en el hecho de que algunos miembros de esas familias trabajaban en fábricas con empleos “estables” derivados de su antigüedad, los analistas presentaban cifras más amables tratándose de las clasificaciones de la pobreza nacional.

El primer problema surgió precisamente de esa “nueva clasificación”, y es que, basándose en que el pobre es el carente de bienes, se maquilló su realidad. Actualmente, la pobreza se refleja en fenómenos como la marginalidad y la informalidad; es decir, es pobre quien no puede acceder a servicios continuos, no logra integrarse a la sociedad y, además, carece de una fuente formal o estable de ingresos económicos.

Se trata, en realidad, de una condición social que puede analizarse en el sentido de que el pobre se aleja del acceso a los bienes y servicios provistos por el Estado o por el mercado, para instalarse en un espacio, la mayoría de las veces ilegal, que le provee las mínimas condiciones para satisfacer sus necesidades básicas.

La dualidad inclusión-exclusión constituye la fórmula de la pobreza; su combate, por lo tanto, no debe consistir en procurar bienes a quienes carecen de ellos, como despensas y desayunos, sino en terminar con la exclusión y la marginalidad a través de instrumentos que canalicen sus carencias de ocupación, acceso y sociabilidad.

La pobreza suele formar una masa grande y absorbente que nunca se repliega; simplemente avanza por entre las cañerías de la injusticia citadina y campirana, no se detiene, solamente sobrevive y converge con todos nosotros, que pasamos a su lado y la vemos como quien observa a un muerto ajeno.

Una sociedad dentro de otra que se automargina y pretende imponer sus propias reglas, cuidadas por la antigua lideresa o el agitador, que lo mismo abusa que margina.

https://vanguardia.com.mx/opinion/la-4t-acentuo-la-ignorancia-y-pobreza-DG22534052

El contraste radica en que el sector informal en México representa más de la mitad de la población ocupada, una proporción que refleja la dimensión estructural del problema.

El Producto Interno Bruto (PIB) per cápita de México, que ronda los 15 mil dólares anuales, resulta insuficiente para reducir los márgenes de la pobreza. El Gobierno no ha querido tomar posesión de su compromiso más fuerte y mucho menos la sociedad, que se condenará a ser cada día más pobre en creatividad e ideas.

El fin de la cigarra nos espera si no reaccionamos con soluciones eficaces, métodos con efectos reales y mejores maneras de actuar.

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Orestes Gómez es saltillense, estudió en la Facultad de Jurisprudencia de la UA de C y la Normal Superior de Coahuila las licenciaturas en Derecho y Educación Media. Ha impartido cátedra en la Facultad de Jurisprudencia de la UAC, Preparatoria Mariano Narváez de la UA de C, UANE planteles: Saltillo, Torreón, Piedras Negras y Matamoros y en la Universidad Autónoma de Piedras Negras. Ha impartido conferencias en la UANE Saltillo, CTM Coahuila, Asociación de Maquiladoras de Nuevo León y Facultad de Economía de la UA de C. Ganador del premio estatal de Periodismo de Coahuila en 5 ocasiones: 1996, 1999,2000 y 2006 en editorial en prensa y la presea Antonio Estrada Salazar por 25 años de trayectoria. Ha escrito tres libros: uno de poesías titulado “Memorias del Tigre Espejo”, “Cuentos Conurbados” y uno relacionado con los Recursos Humanos “A Little bit about Mexican Law and Human Resources”. Es un tigre espejo que merodea por entre los muros de la desigualdad, la represión y el oprobio escupiendo verdades através de su incómoda pluma.

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