Los afanes personales de Artemio de Valle-Arizpe

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Opinión
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Buen conversador y mejor escritor, Valle-Arizpe da lustre a su ciudad natal y a la escuela de sus años mozos, el Ateneo Fuente, aun cuando su obra se desplegó en la capital del país

Nacido en Saltillo en 1884, después de estudiar la preparatoria en el Ateneo Fuente y terminar la profesión de Leyes en San Luis Potosí y la Ciudad de México, hizo carrera diplomática en España, Bélgica y Holanda. De regreso, se estableció en la capital del país. Poco después recibió el nombramiento de Cronista de la Ciudad de México. Fue miembro de la Real Academia Mexicana de la Lengua. Escribió principalmente sobre la historia, las leyendas y las tradiciones del México virreinal. “Ejemplo” fue su primera novela de ficción y el primer título de su amplísima bibliografía.

De todos sus libros, “La Güera Rodríguez” contribuyó especialmente a su fama de escritor. Biografía novelada de María Ignacia Rodríguez de Velasco, una dama del siglo 19, de talentos y personalidad impresionante, célebre por su belleza, sus tres matrimonios y su amistad con Iturbide. La tradición popular sostiene que prendó al primer emperador mexicano al punto que este desvió el camino del Ejército Trigarante, el 21 de septiembre de 1821, durante su entrada para consumar la Independencia, a fin de que La Güera pudiera lanzarle flores desde su balcón.

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Buen conversador y mejor escritor, Valle-Arizpe da lustre a su ciudad natal y a la escuela de sus años mozos, el Ateneo Fuente, aun cuando su obra se desplegó en la capital del país, quizás el único lugar que en su tiempo podía brindarle tema a su profunda vocación de escritor colonialista. Sólo ahí podían encontrar cabida su ingenio insondable y su excéntrica personalidad, siempre coronada con sofisticado atuendo. Vestía don Artemio muy elegantemente y complementaba su atavío con fino bastón. Se dice que tenía una impresionante colección de anillos y que usaba uno diferente cada día del año.

El famoso cronista cuenta que, transcurridos más de 30 años de haber terminado sus estudios preparatorios en el Ateneo, un día cerró los ojos y vio cruzar por su mente a cada uno de sus maestros. La evocación le inspiró el capítulo “El Claustro Ateneísta”, que escribió a manera de prólogo para el libro de José García de Letona: “Estudios Literarios. Con juicios sobre el autor por sus discípulos don Miguel Alessio Robles y don Artemio de Valle-Arizpe”. Alessio Robles y don Artemio, con apoyo de José Figueroa, sobrino de “Letonita”, publicaron en 1934 ese volumen en el que reunieron algunos discursos de su estimado profesor de literatura.

En 1959, ya casi para llegar al final de su vida, don Artemio escribió un texto entrañable como pocos, “Historia de una Vocación”. Ahí enumera con prodigiosa memoria los autores que leyó en la biblioteca del Ateneo, y a 55 años de haber egresado menciona, como si fuera ayer, la contribución de esas lecturas a su formación intelectual, con lo que deja clara la influencia de su colegio y su impronta de ateneísta notable.

Terminada su educación preparatoria en el Ateneo, fue a estudiar a San Luis Potosí, donde hizo amistad con el obispo Montes de Oca, ilustre escritor y miembro de la Arcadia Mexicana. Cuenta Valle-Arizpe que, al ver su afición y apego a los libros, el sabio árcade le franqueó su rica biblioteca, en la que se sentía “como ratón en queso de bola o como gato encerrado en pajarera”. Extasiado por su riqueza, ahí leyó y acarició los libros antiguos y quizás de ahí provenga su vocación de escritor colonialista: “Me entregué a velas llenas al ameno oficio de tradicionista”, dice don Artemio.

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“Yo soy nacido en el Saltillo. En ningún otro lugar hubiera querido nacer más que allí”, afirma en “Historia de una Vocación”, texto que don Artemio escribió para el programa Trato con Escritores, del INBA. El texto fue leído por Salvador Novo en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes la noche del 25 de agosto de 1959. En 1960 lo publicó la Editorial Trillas.

Gran conversador, Valle-Arizpe era asiduo asistente a tertulias y reuniones, y siempre estaba al tanto de los últimos cuentos y rumores sobre las gentes y sucesos de su época, especialmente los de Saltillo. Jamás perdió el interés por su ciudad y por su antigua escuela preparatoria. A su muerte, en 1961, sus restos fueron trasladados a su terruño. Se velaron en casa de su hermano, don Jesús de Valle, y se inhumaron junto a los de sus padres en un panteón local. A 65 años de su fallecimiento en noviembre próximo, bueno sería que su ciudad natal le rindiera homenaje a quien le ha dado lustre por ya más de un siglo.

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Profesora de Lengua y Literatura Española. Dirigió el departamento de Difusión Cultural de la Unidad Saltillo de la UAdeC. En 1995 fue invitada por la Universidad Tecnológica de Coahuila, unidad Ramos Arzipe, para encargarse del área cultural, que incluía la formación del Centro de Información y cuatro años más tarde vendría la fundación del Centro Cultural Vito Alessio Robles, recinto que resguardaría la biblioteca de su padre, y donde hasta hoy labora.

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