Verano y micropigmentación: qué es mito y qué es realidad
Durante años, el verano ha figurado entre las fechas prohibidas para someterse a una micropigmentación. La exposición al sol, las piscinas o el aumento de la sudoración han alimentado la idea de que estos tratamientos debían esperar al otoño
Actualmente, esta técnica se utiliza para definir las cejas pelo a pelo, intensificar el borde de los labios, delinear los ojos o reconstruir la areola mamaria tras una cirugía, entre otras aplicaciones estéticas y reparadoras.
Uno de los motivos por los cuales esta creencia está asentada, es la aparente similitud en la técnica entre micropigmentación y tatuaje, Para la especialista y referente en micropigmentación Mónica Aránguez, la respuesta es clara: el verano no constituye una contraindicación, aunque sí exige extremar algunas precauciones durante los primeros días tras el procedimiento.
“Aunque la micropigmentación y el tatuaje comparten el principio de depositar pigmento en la piel, son tratamientos muy diferentes tanto en profundidad como en finalidad”, explica a Efe. “La micropigmentación trabaja en capas más superficiales de la piel y utiliza pigmentos específicamente formulados para procedimientos estéticos”.
MICROPIGMENTACIÓN Y TATUAJE NO SON LO MISMO
Cada verano resurgen las mismas dudas entre quienes desean definir las cejas, realzar el color de los labios o corregir pequeñas imperfecciones mediante micropigmentación. La principal pregunta suele ser si el calor puede alterar el resultado o incluso impedir que el pigmento se fije correctamente.
Mientras el tatuaje deposita la tinta en capas más profundas de la dermis con vocación permanente, la micropigmentación actúa en niveles más superficiales y emplea pigmentos diseñados para degradarse de forma progresiva con el paso del tiempo. Esa característica permite adaptar el resultado a los cambios naturales del rostro y actualizar el diseño cuando sea necesario.
Su popularidad ha aumentado de forma considerable en la última década gracias al desarrollo de técnicas mucho más naturales y a la creciente demanda de tratamientos que permitan reducir el tiempo dedicado al maquillaje diario.
EL VERANO YA NO ES UN IMPEDIMENTO
Durante años se recomendó evitar estos procedimientos durante los meses de más calor por la dificultad para proteger correctamente la piel recién tratada. Sin embargo, los avances tecnológicos han cambiado en parte esa recomendación.
“La evolución de la micropigmentación ha sido muy significativa en los últimos años. Hoy contamos con equipos de mayor precisión, agujas más finas, pigmentos de alta calidad y protocolos de trabajo mucho más seguros, lo que hace que el tratamiento sea menos invasivo y favorezca una recuperación más cómoda”, señala Aránguez.
No obstante, la especialista insiste en que la mejora técnica no elimina la necesidad de respetar el proceso natural de cicatrización. “Aunque la técnica haya mejorado, la piel sigue necesitando un periodo de cicatrización. Por eso, el éxito del tratamiento continúa dependiendo en gran medida de que el paciente siga correctamente las recomendaciones posteriores”.
Las sociedades científicas y los especialistas en dermatología coinciden en que la exposición solar sobre una piel que está cicatrizando puede favorecer la inflamación, alterar la uniformidad del pigmento e incrementar el riesgo de hiperpigmentaciones. Por ello, el principal enemigo no es el verano en sí, sino una exposición prematura al sol o el incumplimiento de los cuidados recomendados.
LOS DIEZ DÍAS QUE MARCAN LA DIFERENCIA
La fase más delicada comienza una vez finalizado el tratamiento. Durante los primeros diez o quince días la piel inicia un proceso de reparación en el que cualquier agresión externa puede influir en el resultado final.
“Es importante evitar la exposición solar directa, el exceso de sudor, el baño en piscinas, playas o spas, ya que estos factores pueden interferir en la correcta recuperación de la piel y en la fijación del pigmento”, explica la especialista.
La recomendación no implica permanecer encerrado en casa durante las vacaciones. “Son unos días muy concretos, sobre todo los diez o quince primeros; después puede hacerse una vida completamente normal, al menos en el caso de la micropigmentación”.
Los especialistas aconsejan mantener la zona limpia, evitar frotarla, no retirar las pequeñas costras que puedan aparecer durante la cicatrización y utilizar los productos reparadores indicados por el profesional que ha realizado el tratamiento.
SOL, SUDOR Y PISCINAS: TODO LO QUE HAY QUE TENER EN CUENTA
El verano concentra precisamente algunos de los factores que más pueden dificultar la recuperación de la piel. Las altas temperaturas favorecen la sudoración, mientras que las vacaciones suelen ir acompañadas de baños en piscinas, playas o spas.
“Los cuidados básicos son prácticamente los mismos durante todo el año: mantener la zona limpia y seca durante diez o quince días, evitar el sudor excesivo, los spas o las saunas, la exposición solar directa y no aplicar maquillaje sobre la zona tratada durante ese mismo periodo”, resume Aránguez.
Estas recomendaciones responden a una razón fisiológica. Durante la cicatrización, la barrera cutánea todavía no se ha recuperado completamente y resulta más vulnerable frente a microorganismos, irritaciones o radiación ultravioleta.
Además, el exceso de humedad puede favorecer el desprendimiento prematuro de las pequeñas costras superficiales, fundamentales para que el pigmento termine asentándose de forma homogénea.
¿CICATRIZA PEOR CON EL CALOR?
Aunque muchas personas creen que el verano ralentiza la recuperación, la especialista matiza esa afirmación. “En términos generales, los tiempos de cicatrización no cambian de forma significativa por la estación del año. Lo que sí puede variar es la facilidad para mantener unas condiciones óptimas durante ese proceso”, añade.
En otras palabras, la piel cicatriza prácticamente igual en julio que en noviembre. La diferencia reside en que durante el verano resulta más difícil renunciar durante unos días a la playa, la piscina o las actividades al aire libre.
“Las altas temperaturas, el sudor o una exposición solar prematura pueden provocar irritación o dificultar la recuperación si no se siguen los cuidados adecuados. Por eso insistimos tanto en el postratamiento, ya que influye directamente tanto en la calidad del resultado como en la duración del pigmento”.
EL MEJOR MOMENTO ES CUANDO PUEDE CUIDARSE
Entonces, ¿existe una época ideal para realizar una micropigmentación? La respuesta vuelve a alejarse de los calendarios. “Más que hablar de una estación perfecta, hablaría del momento adecuado para cada persona”, afirma Aránguez.
Es cierto que el otoño y el invierno facilitan el cumplimiento de las recomendaciones, ya que disminuyen las horas de exposición solar y las actividades acuáticas. Sin embargo, la especialista insiste en que eso no significa que el verano esté descartado: “La micropigmentación puede realizarse durante todo el año”.
La clave consiste en planificar el tratamiento. Si las vacaciones incluyen largas jornadas de playa o piscina, probablemente convenga retrasarlo unas semanas. En cambio, si es posible dedicar los primeros diez o quince días a respetar la cicatrización, el procedimiento puede realizarse sin inconvenientes.
Lejos de los viejos mitos, la micropigmentación ha evolucionado hacia técnicas más precisas, naturales y seguras. Hoy, el éxito del tratamiento depende mucho menos de la estación del año que de un factor mucho más sencillo: seguir las recomendaciones del especialista durante los primeros días de recuperación.
EFE Reportajes | María Muñoz Rivera