Independientemente del modelo del que se trate y de qué porcentaje de partículas filtre cada una, ningún cubrebocas con válvula es efectivo en el contexto de una pandemia, advierten los expertos. ESPECIAL
Este tipo de protección solo es efectiva para quien la porta, aunque no impedirá que contagie, en caso de ser positivo al COVID-19

Los cubrebocas funcionan y son una de las pocas opciones basadas en evidencia sólida para controlar la pandemia de COVID-19, de acuerdo con la comunidad científica internacional.

Al principio la Organización Mundial de la Salud (OMS) dudaba de la eficacia de las mascarillas (cubrebocas, tapabocas o barbijos), pero tras los descubrimientos más recientes sobre el SARS-CoV-2, ya recomendó su uso masivo: puede ser uno de tela elaborado en casa, o clínico, lo importante es protegerse y evitar los cubrebocas que tienen válvula.

“Es bien importante transmitirle a la población que esos cubrebocas no están protegiendo a los demás, porque esa válvula permite que nosotros saquemos nuestro aire o gotas respiratorias; si estamos infectados y no lo sabemos, vamos a estar contagiando”, explicó Lorena Rodríguez Muñoz, infectóloga de la Secretaría de Salud e integrante del Comité Técnico de atención a la pandemia de COVID-19 en Coahuila.

Los cubrebocas con válvula son fáciles de identificar porque tienen un círculo al frente o a un lado que filtran el aire que inhala el usuario, pueden ser modelo N95 o de materiales como neopreno y algodón.

“Ahorita no podemos usar cubrebocas con válvula, esos cubrebocas están diseñados para otros motivos o fines”, enfatizó la doctora Lorena Rodríguez.

Estas mascarillas son más cómodas de usar, permiten una mejor circulación de aire, pues la válvula se abre durante la exhalación y así evita que la tela se humedezca, por lo que solamente protege a la persona que la utiliza y no a los demás.

En España son llamados cubrebocas “egoístas”, por el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), precisamente por proteger solo a quien la lleva.

En un contexto de pandemia no son recomendables porque el usuario puede seguir contagiando sin saberlo, como explicó la doctora Lorena Rodríguez, pues su fin es principalmente proteger a trabajadores de la construcción o un taller, lugares donde se genera polvo, para evitar respirar esas partículas.

Además del uso de cubrebocas de tela o clínico, es necesario evitar las aglomeraciones de personas, mantener la sana distancia, no estar en lugares cerrados o con poca ventilación, así como lavarse las manos con frecuencia o usar gel antibacterial.

TRANSMISIÓN POR AEROSOL

Al principio de la pandemia los científicos creían que el SARS-CoV-2, causante de la enfermedad COVID-19, se transmitía por gotas de saliva grandes y pesadas que caían al suelo, pero los estudios más recientes mostraron que el virus se transmite en mayor medida por gotas muy pequeñas que quedan suspendidas en el aire durante horas y que se llaman aerosoles.

“Lo que dio el giro para una recomendación de uso de cubrebocas universal fue entender la importancia de la transmisión del virus por aerosoles, por lo tanto, es muy importante que se use desde las dos partes, la persona que tiene el virus y la que no tiene”, aclaró la infectóloga de la Secretaría de Salud.

Como el cubrebocas funciona como un filtro que atrapa partículas que ingresan o salen de la nariz y la boca (dos de las tres vías de contagio del coronavirus), su uso es indispensable para disminuir los casos de COVID-19, además de respetar la sana distancia y evitar aglomeraciones.

Los cubrebocas de tela caseros atrapan menos partículas que una mascarilla N95, pero sirven para disminuir el riesgo de que el virus ingrese al cuerpo y, en caso de contagio, la carga viral puede ser muchísimo menor en comparación a no traer cubrebocas, por lo que los síntomas son menores.

En las calles de Saltillo es común ver a infinidad de personas sin protección, lo que pone en riesgo su salud.

Nazul Aramayo

1985. Reportero enfocado en temas de movilidad, medio ambiente, historias de vida, cultura popular, música, literatura. Autor de los libros “Cantinas que merecen ser amadas y personas que no” (Producciones El Salario del Miedo: 2019), “La Monalilia y sus estrellas colombianas” (FETA: 2017) y “Eros díler” (Jus: 2012). Ha sido ganador del Premio Estatal de Periodismo Coahuila 2017 y 2018, en los géneros de Crónica y Mejor Trabajo de Periodismo Cultural respectivamente. Ganador del XXIX Concurso Literario Nacional “Magdalena Mondragón” en el género de cuento. Ha sido becario del PECDA y FONCA.