En 1974, hace 45 años, se publicó un artículo científico en la revista Nature donde el Dr. Mario Molina y F.S. Rowland demostraban que la emisión de gases industriales, principalmente los clorofluorocarbonos (CFC) sustancias utilizadas en refrigeradores, aires acondicionados, aerosoles y otros productos, generaban el adelgazamiento de la capa de ozono. Se identificaron agujeros en el hemisferio norte, sur y en el antártico. Después, 21 años más tarde fueron galardonados con el Premio Nobel por sus aportaciones a la química atmosférica y sus investigaciones impulsaron el Protocolo de Montreal de las Naciones Unidas, el primer tratado internacional que logra resultados efectivos ante un problema ambiental provocado por actividades humanas. 

La capa de ozono es una concentración de gas que rodea la Tierra, a unos 15-30 kilómetros de distancia, y actúa como un escudo de protección contra la radiación ultravioleta B. Si los rayos traspasan sin este filtro se generan quemaduras y lesiones en la piel, incluso pueden provocar cáncer. No sólo los humanos se ven afectados, también los ecosistemas, ya que inhiben el proceso de fotosíntesis y el adecuado crecimiento de plantas, altera las moléculas de ADN y daña las membranas celulares. 

El deterioro de la capa de ozono es un ejemplo de un problema ambiental de dimensión planetaria, que gracias a la vinculación entre ciencia, sociedad y gobierno se alcanzó una solución. La ciencia permitió evidenciarlo y reconocerlo como un problema generado por procesos industriales, donde las consecuencias de no actuar eran incuestionables y catastróficas. La preocupación social se convirtió en un problema público que impulsó la actuación internacional y se iniciaron las negociaciones intergubernamentales para llegar a un acuerdo y eliminar gradualmente las sustancias que agotan la capa de ozono, principalmente los CFC, que se concretaron en el Protocolo de Montreal, que entró en vigor en 1989. Las empresas encontraron alternativas más seguras y desde entonces se han tenido importantes avances. 

Se ha impulsado la investigación, monitoreo, intercambio de información y fortalecimiento de políticas y medidas de control para evitar el agotamiento de la capa de ozono. Hoy en día, se celebran tres décadas de recuperación y cooperación internacional en esta lucha. Se logró eliminar el 99 por ciento de los productos químicos que afectaban el ozono, lo que ha permitido frenar el daño e iniciar con la recuperación. La última evaluación científica, muestra que cada década la capa de ozono se recupera entre uno y tres por ciento. Se espera que se recupere por completo en 2030 en el hemisferio norte y en 2050 para el hemisferio sur.  

Este tema, nos recuerda otro problema de dimensión global: el cambio climático, esperemos que no demore tantos años para tomar acción ante la preocupación, para sumar la investigación científica, la participación social, el compromiso y la voluntad política de empezar un cambio, para que dentro de 30 años se pueda hablar de resultados positivos y no de catástrofes cada vez mayores.


Reconexión Natural
Gabriela De Valle