Ilustración: Vanguardia/Esmirna Barrera

En muchos aspectos, el racionalismo cede el paso al pensamiento mágico que parece inherente a todos los seres humanos, se consideren o no personas espirituales. Eso puede explicar en parte la atención que se da para resaltar aniversarios de números redondos.

Desde hace mucho tiempo, gobernantes de todo el mundo se esfuerzan en llegar en caballo de hacienda a sus primeros cien días de gestión, como si el futuro de toda su administración dependiera de arrancar bien en ese lapso.

¿Y por qué evaluar y festejar los primeros 100, y no los 50 o los 200 días? Luego de que una alianza de potencias europeas derrotó a Napoleón Bonaparte, el emperador francés fue enviado a la isla de Elba como prisionero pero no tardó en huir de aquella roca en medio del Mediterráneo. En una audaz acción burló a sus enemigos para regresar a París y retomar el poder de su nación por exactamente cien días. Después de ese tiempo, Bonaparte fue derrocado y nuevamente lo desterraron a una isla –ahora Santa Elena– para pasar el resto de sus días.

Desde luego que la larga introducción surge a propósito de que este domingo se cumplen los primeros 100 días del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, quien asumió la Presidencia de México el 1 de diciembre del año pasado.

Los poco más de tres meses iniciales del sexenio lópezobradorista, han estado marcados, primero que nada, por una sensación de urgencia por cumplir las promesas de campaña del Presidente y de su brazo político, Morena.

El control político de México lo tiene, sin ninguna duda, AMLO, que no únicamente arrasó como candidato presidencial al captar 30 millones de votos, si no también porque tiene la mayoría en las cámaras de Diputados y de Senadores.

Hay quien opina, no obstante, que la rapidez con la que el Gobierno Federal concreta sus decisiones podría tornarse en un arma de doble fijo con la que los morenistas se cercenen a sí mismos.

Y es que tanta celeridad ha generado que en no pocos casos se hayan brincado procedimientos, incluso violando algunas leyes.

Que Paco Ignacio II no podía ser el titular del Fondo de Cultura Económica porque no nació en México, pues que los legisladores reformen la ley. Que Ana Gabriela Guevara no cumplía los requisitos para capitanear la Comisión Nacional del Deporte, pues repitan la “solución Taibo”.

En el caso de las propuestas de candidatos a ciertos cargos, que el Jefe del Ejecutivo federal debe enviar al Congreso de la Unión para su designación, AMLO y seguidores de toparon en seco. Las tres abogadas candidateadas para llegar al Tribunal Superior de Justicia de la Nación tienen conflicto de intereses para llegar al puesto, además de que su capacidad no está a la altura del reto.

Cómica si no fuera trágica la comparecencia de aspirantes a consejeros de la Comisión Reguladora de Energía que candidateó AMLO, fue un vergonzoso espectáculo en el que los recomendados del Palacio Nacional mostraron un absoluto desconocimiento de la materia que deberían dominar. Además, el presidente de la CRE, Guillermo García Alcocer, fue acusado de conflicto de intereses, a través de instituciones del Estado mexicano, porque descalificó a los ciudadanos propuestos para el organismo que preside.

López Obrador redujo los sueldos de la burocracia y les quitó la pensión a los ex Presidentes. Pero organismos como el INEGI y el Poder Judicial están peleando para que no les recorten sus salarios.

Y ni qué decir de la cancelación del proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, para que el Ejército construya uno en los terrenos de Santa Lucía. También en materia de infraestructura el Tren Maya provocó una andanada de reacciones a favor y en contra.

AMLO quiere desaparecer las estancias infantiles que cuidan de los niños mientras sus madres trabajan y anunció que los refugios para mujeres violentadas dejarán de recibir recursos federales.

Sobre política exterior, el tabasqueño evita molestar a Donald Trump hasta con el pétalo de una rosa, y no condena a la dictadura que Nicolás Maduro encabeza en Venezuela, cuando todas las democracias respaldan al Presidente encargado Juan Guaído.

El combate al huachicoleo le pegó, a querer y no, al precio de las gasolinas y semiparalizó al País unos días. En éste apartado, AMLO se olvidó de su promesa de campaña de sacar al Ejército de las calles y debió maniobrar para que el Congreso aprobara una Guardia Nacional, aunque signifique la perpetuación de la militarización del País.

Hay muchos más temas sobre los que el tres veces candidato presidencial incidió en sus primeros cien días de Gobierno, pero es difícil creer que él y sus colaboradores puedan aguantar este ritmo.