Ilustración: Esmirna barrera

Amazon es la empresa más exitosa de los últimos años. Inició vendiendo libros por internet. Su dueño, Jeff Bezos, pasó del anonimato a ser el más rico del mundo. Es verdad que ese negocio ha promovido la lectura. He usado Amazon para comprar libros usados que era difícil hallar. Hay otra verdad: Bezos hizo que cerraran en los Estados Unidos más de tres mil librerías, una de ellas había celebrado 200 años de existencia. Dejó sin trabajo a miles de especialistas en autores, temas y editoriales; su éxito es el fracaso de muchos. 

Una catástrofe es el cierre de una de las librerías más importantes de París (que ya es decir). En 1887 un joven se hizo de algunos libros viejos y se puso a venderlos a la orilla del río Sena. Le fue bien. Compró más y así continuó hasta que pudo adquirir un puestecito (un baúl fijo junto al río) con obras desaparecidas del mercado, unas raras, otras curiosas. Luego abrió una librería en el Barrio Latino. A su muerte, sus hijos fundaron otras. Gibert Jeune era la librería parisina más ejemplar. Ahora, a más de un siglo de sus inicios, va a cerrar a causa del COVID 19. Es una verdadera desgracia. 

Cerca de Gibert estuvo colocada la librería de François Maspero, miembro del Partido Comunista Francés, quien no se limitó a vender, también se puso a producir y editar no pocos rechazados por otras editoriales. Su librería abría de 10 de la mañana a 10 de la noche para que obreros y estudiantes pudieran visitarla. Maspero fue miembro de la resistencia francesa contra los nazis. Su familia contaba con tres generaciones de científicos: fue su abuelo notable egiptólogo; fue su padre un experto en lengua y cultura chinas, y murió en el campo de concentración de Buchenwald. La derecha francesa intentó llevar la librería Maspero a la quiebra: jóvenes fascistas rompían y robaban libros; militantes trotskistas empezaron a defenderla con sus puños. Maspero editó obras prohibidas, como Frantz Fanon, “Los Condenados de la Tierra”, o “El Año Cinco de la Revolución Argelina”. Publicó testimonios de torturados árabes por el ejército francés. Enfrentó a los tribunales. Trataron de asesinarlo. 

Hace tiempo elogié en esta misma columna al mejor librero de la Ciudad de México (según varios escritores), Enrique Fuentes Castilla, nació en Huachichil, sierra de Arteaga, y estudió en el Seminario Diocesano de Saltillo. Dejó el libro “Antigua Librería Madero, el arte de un oficio”, de la cual era propietario. 

En Saltillo constatamos que las librerías están destinadas a la desaparición. Cerró la Martínez, la de Cristal, la Zaragoza, la Portales y otras ocho, incluyendo Educal. Es una vergüenza si sabemos que se define a Saltillo ciudad universitaria (hay más de veinte universidades). Por ello hay que elogiar y reverenciar a un vendedor de libros usados que tiene añales sirviendo al público lector, de nombre Rufino Rodríguez Garza, colocado en calle Purcell, frente a la Secundaria Viesca. 

Un argentino, Arnaldo Orfila Reynal, fue quien creó las dos mejores editoriales mexicanas, el Fondo de Cultura Económica y la Editorial Siglo XXI. El gobierno mexicano lo expulsó del FCE, por lo cual creó Siglo XXI en forma cooperativa, con capital aportado por cientos de personas. Ambas surtieron por décadas a la España de Franco y a países latinoamericanos bajo dictaduras. Gracias a Orfila, México fue el gran editor en lengua española. A su muerte, un consejero de Siglo XXI, el poeta Jaime Labastida, se apropió de la dirección. Y, puesto que detentaba información privilegiada, fue comprando acciones de la editorial y ahora la vendió en millones de dólares.

Labastida, miembro de un grupito de cinco que se dieron el nombre “La espiga amotinada” y presumían de “izquierdistas”, como Eraclio Zepeda, gran escritor de cuentos que, muy pronto, pasó a la derecha apoyando a los peores políticos chiapanecos y a la represión de indígenas. Labastida ha sido condenado por no pocos de los socios de Siglo XXI, como Elena Poniatowska. Cuarenta años antes, Labastida pedía que les confiaran a ellos, los jóvenes marxistas, la transformación de la sociedad mexicana. ¡Poeta mediocre y deshonesto!

Carlos Manuel Valdés 
DE HABLA Y TIEMPO