Foto: Marco Medina / Un kepi correspondiente al uniforme de Banda de Guerra del Colegio, fue colocada en la parte superior del féretro.
Quien por más de 50 años educó a generaciones de alumnos en el Colegio Zaragoza y el Instituto Vivir falleció este martes a los 76 años; amigos y familiares lo recuerdan
Sus allegados aseguran que le dio clases a casi todo Saltillo y que el rigor y disciplina que imponía en clase es algo que ayudó para bien a su formación, pues tras su partida, el maestro José de Jesús Galindo Villarreal parece haber dejado en la memoria de quienes lo conocieron a una figura culta, disciplinada y con una verdadera vocación por la enseñanza.

El docente, quien fue también encargado de las bandas de guerra del Colegio Ignacio Zaragoza y el Instituto Vivir, además de entrenador de basquetbol y cabeza de muchas otras agrupaciones y equipos estudiantiles, falleció este martes a los 76 años y fue velado el miércoles en las Capillas Renacimiento, donde amigos y familiares se reunieron para despedirlo y recordarlo.

En entrevista con VANGUARDIA, su hija mayor, Dora Alicia Galindo Ramos, recordó que estuvo 35 años en el Colegio Zaragoza y 20 en el Vivir, egresado de la Normal Superior en la época en que los maestros salían de la carrera a muy temprana edad, aunque luego hizo una licenciatura en matemáticas.
Foto: Marco Medina / Una fotografía del Maestro en su juventud, resguarda el féretro.
“Se jubiló primero en el Zaragoza y según él ya no iba a continuar pero no pudo estar sin los alumnos”, contó, “entonces mi papá se podría considerar una leyenda por mucha gente, que lo estima, que lo quiere, fue un maestro de los de antes, de los que te podía llamar la atención; era enérgico, muy amoroso, intachable”.

También lo recordaron como un excelente quarterback en el equipo de fútbol americano de la Normal, quien en dupla con su hermano Beto se convirtieron en estrellas de la escena deportiva de entonces, además, como entrenador del equipo de básquetbol del Colegio Zaragoza llevó a este conjunto a ser uno de los mejores tres de la ciudad rivalizados solo por el Ateneo Fuente y el Colegio México.

Del mismo modo, como director de la banda de guerra de las dos instituciones donde principalmente dio clases se convirtió en un referente de disciplina y rigor para sacar la mayor calidad de los músicos.