Una nota descubierta por Vladislav Zubok, historiador de la London School of Economics, señala que en 1987 Gorbachov pidió a Honecker, a la sazón gobernante de Alemania Oriental, que derribara el muro de Berlín. El viejo comunista alemán respondió: “Mauer bleibt noch 100 jahre”, “el muro permanecerá cien años más”. Dos años más tarde, cayó el Muro de Berlín.

Algo parecido sucede en México y el mundo con el muro de la corrupción. Los cínicos pragmáticos, quienes se benefician de él y los que se han dado por vencidos en la lucha contra este mal, dan por hecho que la corrupción es un fenómeno cultural, tal como lo dijo el expresidente Enrique Peña Nieto. Todos coinciden en que la corrupción es una conducta innata a los mexicanos y que no hay forma de acabar con ella.

¿Podrá acaso derribarse un mal tan añejo? Andrés Manuel López Obrador no tiene poderes más allá de los humanos. Aunque muchos lo crean así, lo sostengan y lo defiendan. Del Presidente para abajo, en México hay de todo, personas bien y mal intencionadas, pragmáticos que navegan con la corriente y luchadores dispuestos a todo. Seres humanos al fin y al cabo, variopintos. Hasta el momento no conozco ni alcanzo a ver a un superhéroe dentro o fuera de las filas de la 4T.

La corrupción es un fenómeno con muchos y diferentes rostros. En el gobierno, por lo general, se presenta en sus compras, contratos, concesiones, permisos o en el robo directo de los activos gubernamentales.

En las compras suele aparecer en asignaciones o licitaciones, cuyas bases son lo suficientemente “socializadas” para conocer de antemano quien será el ganador. Si nos vemos rigurosos, la corrupción también incluye las promesas gubernamentales incumplidas, las maromas para evadir cuestionamientos, los legalismos y formalidades para soslayar los instrumentos en materia de transparencia, la administración de recursos humanos y financieros, y los servicios que mal presta el gobierno a los ciudadanos. Lo que complica más el problema es que, detrás de cada acto de corrupción, existe una amplia red de personas que sacan raja de ella y que harán todo lo posible por conservar ese privilegio. Sustituir a esas personas y grupos tampoco soluciona nada, es absurdo y contraproducente contratar al más recto y pulcro, porque el aparato y sus inercias propician que la tentación de un botín fácil sea constante, permanente y funcional. 

Los humanos solemos movemos por conductas que al repetirse se convierten en procesos. El mundo laboral es muy dado a la repetición de procesos, el gobierno lo es más, porque los procesos se sustentan en reglas y leyes que mandatan la actuación de los funcionarios públicos. Existe un principio constitucional universalmente aceptado según el cual el gobernante sólo puede hacer lo que la ley expresamente le permite, a diferencia de los ciudadanos que podemos hacer todo aquello que la ley no prohíbe.

Una noticia que ya no debiera serlo tanto, es que todos los procesos pueden digitalizarse, automatizarse conforme a fundamentos legales, sin que pasen por la subjetividad y discrecionalidad humanas, donde se gesta el primer paso para la corrupción. Poco a poco los gobernantes y beneficiarios de la corrupción se quedan sin argumentos para sostener este muro.

En esta era de compras digitalizadas con una sobreoferta que permite comparar calidad y precio, cuando los directores generales de las trasnacionales pueden observar en tiempo real los avances de sus directivos y trabajadores en cualquier parte del mundo, en estos tiempos en que los expedientes clínicos electrónicos irrumpirán cambiando por completo la relación paciente-hospital-médico, donde el comercio de medicamentos estará monitoreado y enlazado con un responsable, ahora que los gobernantes pueden conocer desde su celular cómo se comporta su ciudad en materia de seguridad, tráfico, pago de impuestos y obra pública, en esta era de digitalización de todos los procesos, ya no existe forma de justificar la corrupción imperante.

Lo que sigue en este escenario es que decidan corromper la compra y diseño de esos sistemas, para manipularlos y evadir responsabilidades. En todo caso, ese monstruo es mucho más fácil de atender que el actual estado de cosas.


@chuyramirezr
Rebasando por la Derecha
Jesús Ramírez Rangel