Amar a los hijos no siempre es darles la razón

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Opinión
/ 1 abril 2026

Los padres podemos utilizar la tecnología como aliada, pero no como suplantadora de la conversación

Hoy pedir consejo es tan sencillo como teclear unas palabras en una pantalla. Ya no es necesario preguntar a amigos o familiares; ahora se puede consultar a los asistentes virtuales para orientarse en decisiones cotidianas o en conflictos familiares. Pero ¿qué pasa cuando esas respuestas son tan reconfortantes que quizás no son honestas?

Un estudio científico reciente ha disparado las alarmas: la IA de los chatbots tiende a darnos solamente elogios. Es decir, que siempre trata de simpatizarnos y de decirnos lo que quisiéramos escuchar. Se reveló que estas máquinas son un 50 por ciento más propensas a darnos la razón que una persona, incluso cuando creemos estar equivocados. Y aun cuando este tipo de respuestas puede agradarnos, nos aleja de un tema esencial: la verdad.

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Piénsalo un ratito. A todos nos gusta sentirnos escuchados. Cuando una IA te responde dándote la razón, sin rebatir lo que digas, parece empática y comprensiva. Pero tras esa dulzura se esconde un riesgo latente. De acuerdo con el estudio, las personas que recibían consejos de asistentes complacientes se mostraban menos dispuestas a pedir disculpas y estaban más convencidas de que tenían razón, incluso cuando no la tenían.

Esto quizás parezca inofensivo, pero a la larga puede cambiar nuestro comportamiento: nos hemos habituado a relacionarnos con voces que nunca dicen que no. ¿Qué hacer cuando nos topamos con el desacuerdo real con nuestros hijos e hijas, con nuestra pareja, con nuestros amigos y amigas? La vida familiar está llena de contradicciones, de conversaciones incómodas, de los “no” que enseñan límites y empatía. Sin fricción no hay aprendizaje posible. Tal como ha comentado una psicóloga sobre este estudio, el riesgo no es sólo que la IA nos engañe haciéndonos sentir correctos, sino que también empobrezca nuestra habilidad de aprender del error y nuestra capacidad de conectar verdaderamente con los demás.

En el hogar, esto nos invita a una reflexión urgente: ¿qué tipo de conversación queremos tener con los hijos? Si los modelos de IA tienden a reforzar nuestras opiniones, corremos el riesgo de reproducir, sin darnos cuenta, esas dinámicas en casa: validar sin escuchar, responder rápido o eludir el enfrentamiento. Pero la crianza no consiste en decir lo que el otro quiere oír, sino en crear una relación en donde el amor no tema a la verdad. Nuestros pequeños necesitan padres que los escuchen con empatía, sí, pero también que los cuestionen de manera honesta. La educación emocional y el desarrollo del carácter afloran en aquellos momentos en que nos arriesgamos a decir: “Te comprendo, pero eso no estuvo bien” o “A veces, el equivocarse enseña”.

Lo sabe la psicología del desarrollo: el “desacuerdo” es un motor de desarrollo. Obliga a reflexionar: sobre las acciones o a pedir disculpas. En cambio, la aprobación ininterrumpida facilita la experiencia de una ilusión peligrosa de perfección. Si dependemos demasiado de la solidaridad de las máquinas, posiblemente perderemos la práctica de la empatía y del arte de corregir errores.

Los padres podemos utilizar la tecnología como aliada, pero no, a la vez, como suplantadora de la conversación. Podemos utilizar los chatbots para buscar información o ideas, pero no para sustituir las conversaciones sinceras que educan nuestra vida emocional y moral.

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El reto de los padres no es sólo cuidar lo que sus hijos ven en Internet, sino también cuidar el “cómo” interactuamos con la tecnología. Los niños nos ven y las interacciones que mantenemos con las máquinas son modelos de conducta. Si un niño ve a su madre o padre consultar la IA para resolver un conflicto, le estamos mostrando un modelo: aprende que la respuesta está allí y no en su interior.

Pero el verdadero aprendizaje es el que se genera en la conversación cara a cara, de las palabras torpes, del silencio antes de responder. Así, en un mundo donde las máquinas pretenden complacernos, nosotros mismos somos los responsables de inculcar a nuestros hijos el valor de la verdad, la humildad o la empatía. Porque amar a tus hijos no es darles siempre la razón.

Es licenciado en Educación con Maestría en Desarrollo Organizacional por la UdeM. Maestría en Psicopedagogía Clínica en España. Cuenta con doctorado en Currículum e Instrucción por la Universidad del Norte de Texas y estudios de Postrgrado en Educación, género, aprendizaje y cerebro en el programa de Velma Smichdt por la Universidad del Norte de Texas.

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