Jesús crucificado, por encuesta morenista

+Seguir en Seguir en Google
Opinión
/ 1 abril 2026

En Morena, como la Roma antigua de Barrabás, se ejecutaba o salvaba gladiadores en el Coliseo, por ovación –por encuestas–, pero siempre que el dedo pulgar del emperador coincidiera con la encuesta

Por Germán Martínez Cázares

“¿A quién quieren que suelte, a Barrabás o a Jesús?”, preguntó el procurador romano Poncio Pilato al pueblo judío en la fiesta anual, cuando liberaban a un preso para recordar la salida de Egipto con Moisés. “¡A Barrabás!”, no dudó la muchedumbre. El pueblo manda, diría López Obrador, y Pilato se lavó las manos. Soltó a Barrabás.

Aldo Schiavone, biógrafo de ese Prefecto de Judea (Trotta), lo presenta como un burócrata del emperador Tiberio, custodio de sus tierras. Allí donde hoy es escenario de misiles, fuego, odio y dolor. Como “buen” funcionario, no quería broncas con Roma y su instrumento de trabajo era el cinismo, la “pax” del imperio lograda con un “quedar bien” al encuestar. “¿Qué mal ha hecho?”, insistió el gobernante romano con otra pregunta a la vociferante plaza pública. La multitud reunida en el zócalo gritó: ¡Crucifíquenle! (Mateo, 27). Pilatos mandó al patíbulo a Jesús como quería la masa. La encuesta manda.

https://vanguardia.com.mx/opinion/sin-via-crucis-caminos-con-muertos-pero-sin-cruces-HJ19760025

¿Cuántas veces el obradorismo se “lavó las manos” frente al griterío de la gente? ¿Cuántas veces mira para otro lado con el crimen, con el Poder Judicial desvencijado, hospitales pauperizados, pensiones hurtadas, corrupción? Las aguas tranquilas que observa una encuesta “arriba” pueden esconder lama y pudridero en el fondo. Encuesta es igual a superficialidad. Barrabás ganó el juicio popular de Pilato. Salió liberado por aclamación e inercia administrativa, de quien no quería enfrentar aprietos del ánimo callejero. Pero, en ocasiones, las encuestas engañan. Cariño comprado.

El sueco Pär Lagerkvist, Premio Nobel de Literatura en 1951, escribió “Barrabás” (Encuentro), una novela sobre ese enigmático personaje; llevada al cine por Anthony Quinn, donde encarna duda, arrepentimiento y culpa. Barrabás ganó, pero el triunfo por encuesta también tiene consecuencias y más cuando la manipulan.

Liberado del castigo, el suertudo Barrabás fue a presenciar la crucifixión y el entierro de Jesús al Gólgota, precisamente donde hoy está el Santo Sepulcro. Justo allí, donde el Patriarca de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa, intentó una ceremonia privada para mantener la tradición católica de iniciar la Semana Santa. Todavía existen hombres que desafían encuestas (y misiles).

Después de la ejecución de Jesús, Barrabás regresó a buscar a su mujer, en la novela, “la de labio leporino”; pero en la película la interpreta Silvana Mangano y se llama Raquel, símbolo de fe, pobreza, sencillez y cree en Jesús. El mismo gentío desaforado que salvó a Barrabás, lleno de disparatada emoción, condena a Raquel por ser cristiana y la lapidan en la calle. Las encuestas pueden ser asesinas; no siempre son verdad y razón.

Barrabás, después de una vida azarosa, en minas y en el Coliseo, también termina crucificado en Roma, culpado del incendio en tiempos del emperador Nerón. La suerte de los resultados buenos en las encuestas de hoy no garantizan aplausos mañana. No son eternas.

Gobernar “por” encuestas (no “con” encuestas) es onanismo político. En Morena, como la Roma antigua de Barrabás, se ejecutaba o salvaba gladiadores en el Coliseo, por ovación –por encuestas–, pero siempre que el dedo pulgar del emperador coincidiera con la encuesta. García Harfuch venció en la encuesta de la Ciudad de México, pero le faltó el dedo del soberano de Macuspana que apuntó a Clara Brugada.

Ese es el secreto del fracaso del Plan B: en ocasiones acabó crucificado en la coalición PT-PVEM-Morena el ganador de la encuesta. ¡El dedo vive en Tabasco y la procuradora se lava las manos!

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM