Destacan. Algunos expertos creen que podría tratarse de algún modo de comunicación alienígena. Especial
Se ignoran las causas que producen estos monstruosos impulsos de energía, pero los astrónomos coinciden en un punto: provienen de galaxias muy, muy lejanas.

CDMX.- Unas señales de radio provenientes del cosmos ponen a prueba a los científicos en la Tierra debido a su comportamiento poco común. Se trata de las “ráfagas rápidas de radio” (FRB, en inglés), de las que hasta el momento solo se ha logrado determinar dónde se originan.

Con la más reciente detección de un FRB que llegó a la Tierra en un ciclo constante de 16 días, el misterio se ha incrementado. Se han observado varios otros, pero solo 10 de ellos se han repetido. Algunos expertos creen que podría tratarse de algún modo de comunicación alienígena, mientras que la mayoría utiliza los radiotelescopios más avanzados del mundo para determinar qué las produce.

Desde su detección en 2007, los astrónomos no sabían casi nada de los FRB. Fue solo el año pasado en que un equipo internacional publicó en la prestigiosa revista Science halló por primera vez el origen preciso de un FRB, en inglés.

Estas ondas cósmicas pueden emitir en una milésima de segundo el equivalente a 10 mil años de energía solar, explican los investigadores.

IGNORAN LAS CAUSAS

Se ignoran las causas que producen estos monstruosos impulsos de energía, pero los astrónomos coinciden en un punto: provienen de galaxias muy, muy lejanas.

Desde que fueron descubiertas, se han detectado poco más de 85 FRB. La mayoría de ellas eran únicas: apenas un flash y luego nada. Pero algunas se reiteraban.

Fue en 2017 que un equipo de astrónomos pudo localizar con precisión, por primera vez, la fuente de una ráfaga repetida, a la que llamaron FRB 121102.

Los científicos utilizan instrumentos como el radiotelescopio ASKAP y telescopios ubicados en Chile y en Hawái para detectarlos. “[Este trabajo] Equivale a observar la Tierra desde la Luna y a ubicar no sólo en qué casa vive tal persona sino dónde se sienta para comer”, explicó Keith Bannister, de la Commonwealth Scientific and Industrial Research Organisation (CSIRO).