El filósofo griego Platón, quien vivió hace cerca de 2500 años y fue alumno de Sócrates y profesor de Aristóteles, fundó La Academia, lo que se considera la primera versión de la universidad moderna y en La República, una de sus principales obras (diálogos), atiende el tema de la justicia y por qué los humanos prefieren, por naturaleza, ser justos y no injustos. Entre sus apreciaciones sobre el individuo y la organización de una sociedad trae a la mesa el concepto de la “mentira noble” en el contexto de una sociedad o ciudad justa.

Es difícil pretender que uno no envejece cuando la interacción más relevante de la semana con una de tus hijas es sobre la “mentira noble” de Platón y cómo en un ensayo de 3 mil palabras ella está en total desacuerdo con Platón. ¿Será que Platón ya pasó de moda entre los jóvenes? Pues así es como el tema de la “mentira noble” vino a mis manos en estos días y me ayuda a compartirles estas líneas.

Platón atendía el tema de la verdad y el manejo de la misma en la relación entre gobernantes y gobernados y si en algún momento era necesario y aceptable alejarse de la verdad y recurrir a lo que él llamó una “mentira noble”, la cual se considera una herramienta válida para alcanzar una sociedad justa y la felicidad de los ciudadanos. Como ustedes imaginarán, el tema y el análisis de Platón tiene una profundidad que no pretendo tratar de entender, pero me llama poderosamente la atención cómo desde hace 2 mil 500 años ya existían quienes consideraban que era razonable proteger a los ciudadanos con mentiras justificadas. Esto es algo que podemos extrapolar de la época de Platón al mundo moderno y en particular al México de las últimas décadas. Aplica para muchos gobernantes en todos los niveles y nos debe hacer pensar que de pronto nuestros presidentes y gobernadores se tomaron muy en serio la validez de la teoría de la “mentira noble” y se volvieron, junto a Aristóteles, en seguidores de Platón.

Pensemos en las campañas publicitarias, slogans y frases famosas de nuestros gobernantes. Podríamos, de entrada, darnos cuenta que las primeras palabras que salen de su boca al ser juramentados en su puesto representa la primera “mentira noble” oficial: “Protesto guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes que de ella emanen…”. Lanzan campañas con slogans al estilo de “La solución somos todos” (JLP); “La renovación moral” (MMH); “Bienestar para tu familia” (EZPL); “El voto del cambio” (VFQ); “El presidente del empleo” (FCH); “El gobierno de la gente” (H. Moreira); “El gobierno de todos” (R. Moreira); “Mi compromiso es contigo” (EPN); “Las cosas buenas no se cuentan, pero cuentan mucho” (EPN); y ahora se viene “La cuarta transformación” (AMLO) que vemos con esperanza casi derrotada al ver el patrón de las últimas décadas.

Parte de mí coincide con Platón, los gobernantes deben mantener a los gobernados con la mira en cosas mejores y con el mayor convencimiento posible de que las metas agresivas son factibles, el problema viene cuando consistentemente esa clase gobernante se despega de la realidad y empieza a creerse sus mentiras; saben que los slogans son huecos. Se rodean de sus Goebbels (jefe de propaganda de Hitler) para vender mentiras de todos tamaños y así la simulación se perpetúa, mientras los gobernados pierden la confianza y el interés de ser parte de una sociedad que difícilmente llegará a ser justa.

Gracias Regina por traer el tema a este espacio. Espero tu ensayo sea bien recibido por tu profesor.

@josedenigris

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