–Es lo que buscamos. Reinstalar a la gente y todo seguirá así —dijo Luquin—. Se alzó Perkins. No fue el suyo un movimiento que denotara furia o protesta, ni siquiera contrariedad. Sólo una pequeña, instantánea y pasajera irritación.

–Eso no, Luquín. Estamos aquí dándole vueltas a la cuestión desde por la mañana —se apoyó sobre sus pálidos puños, en el cristal de la mesa; un poco inclinado hacia Luquín, mirándolo rectamente a los ojos—: Eso no. De ninguna manera podemos reinstalarlos. En la Empacadora no necesitamos agitadores, ni políticos. Por más que uno sea su hijo. Estamos dispuestos a indemnizarlos y…

“–No nos interesa —intervino Ayala–, lo dice la ley. Estamos hablando con la ley en la mano —dijo el hombre de suaves maneras, que estaba a la derecha. Perkins asintió. –El licenciado Robles tiene razón. La ley está con nosotros”.

El pasaje del libro “Las Horas Violentas” de Luis Spota referencia el momento actual del movimiento obrero y la relación laboral en los tiempos de la “cuarta transformación” y segunda transformación laboral, siendo la primera propuesta de Carlos Abascal y las Centrales Obreras en 1997 a través de los acuerdos de la Nueva Cultura Laboral.

Ésta tuvo como objeto cambiar el paradigma de conflicto permanente entre trabajadores y empresarios, a una cultura en que se reconozca que las empresas son comunidades humanas productivas y quienes las integran son personas con igual dignidad, con distintas tareas y responsabilidades.

El mensaje era profundo porque incluía en los principios esenciales los fundamentos de una buena relación laboral entre ellos: 1) El trabajo humano tiene un valor ético y trascendente que debe ser respetado y protegido por la sociedad; 2) La raíz que determina el valor del trabajo es la dignidad de quien lo ejecuta, que determina su primacía sobre las cosas, sistemas económicos y administrativos; 3) El trabajo, además de ser el medio legítimo de manutención del ser humano y su familia, debe ser también el medio de desarrollo integral de la persona; 4) El trabajo es fuente de derechos y obligaciones. Los primeros deben ser respetados y promovidos. Los segundos, ser cumplidos con espíritu de responsabilidad y autoexigencia.

5) El lugar mayoritario del trabajo actualmente es la empresa, donde confluyen trabajadores, directivos e inversionistas; no podría existir sin ellos. La solidaridad entre sus integrantes y su decidida participación favorecen la productividad. La clave para avanzar en la productividad y la calidad para la competitividad radica sobre todo en la coordinación de los sectores productivos; 6) La idea central que ha conducido este esfuerzo es la de alentar la cooperación entre los factores de la producción, así como los procesos educativos y de capacitación al interior de los centros de trabajo y fuera de ellos, como los medios privilegiados para la valorización del trabajo humano, el aumento de la productividad y la satisfacción de las necesidades de los trabajadores y sus familias; 7) La revaloración del trabajo humano como elemento fundamental en la empresa para alcanzar niveles superiores de productividad y competitividad. El trabajo que posibilita la superación personal es garantía de paz social y 8) Los trabajadores han de percibir una remuneración justa y tener acceso a servicios de seguridad social de la mayor calidad, indispensables para ellos y sus familias, que les permitan asegurar un nivel digno de vida, durante y después de su actividad productiva.

De haber seguido estos principios la realidad fuera distinta, pero la productividad y el compromiso nos ganaron la carrera y entonces la relación hizo, por una parte, a un lado principios fundamentales de equilibrio y, por otra parte, derechos y prerrogativas llegando a los excesos de tachar a los trabajadores que no se querían poner la camiseta porque no querían laborar 12 horas diarias y aparte aventarse un sábado aunque fuera medio turno, o a las prácticas en el interior sindical de imponer liderazgos impopulares o esconder las cifras del manejo de las cuotas.

De aquí para el real, la realidad muerde porque será el retroceso de los tiempos en los que los conflictos laborales se manejaban a punta de pistola o garrotazos o con la toma de empresas, de carreteras y hasta el secuestro o el atentado, a fin de ser escuchados. La buena relación no tiene secretos, pero implica voluntad, creatividad, programación científica y sobre todo valor civil. ¿Quién está preparado?