Leonardo Da Vinci
Hoy se cumplen 500 años de la muerte de uno de los hombres más trascendentes de la historia del arte y de la ciencia

Leonardo da Vinci (1452-1519) no sólo era un genio, sino también un “simple mortal” que dejó varios proyectos sin terminar, “un hombre peculiar, curioso, obsesivo, juguetón y fácil de distraer”. Era el epítome de la mente universal, “alguien que buscaba comprender toda la creación, sin olvidar cómo encajamos en ella”.

El autor de dos de las pinturas más célebres de la historia, La última cena y la Mona Lisa, se consideraba por igual ingeniero y científico que artista y humanista, apunta el investigador estadunidense Walter Isaacson (1952) en su biografía Leonardo da Vinci, que acaba de publicar en español la editorial Debate.

Tenía capacidad para imaginar, bocetar y diseñar puentes, proyectos para desviar ríos, cañones, cerros, acorazados, máquinas voladoras, edificios públicos y ciudades ideales; pero también realizaba coreografías de espectáculos, producciones teatrales e instrumentos musicales.

"Disfrutaba más con el reto de la concepción, que con la propia tarea de la ejecución. Demuestra que la capacidad de establecer conexiones entre diferentes disciplinas es la clave de la innovación, la imaginación y el genio”, narra el también autor de la biografía del exitoso empresario estadunidense Steve Jobs, publicada en 2011.

Así recuerda quien estudió historia y literatura en la Universidad Harvard al artista polifacético del Renacimiento, que murió un día como hoy hace 500 años. “Rozando el límite de la fantasía, imaginó lo que los demás innovadores inventarían siglos después. Le entusiasmaba mucho la idea de un mundo en constante evolución. Consideraba que su arte, su ingeniería y sus tratados formaban parte de un proceso dinámico”.

UN INADAPTADO
 
Isaacson también aclara que el creador de La dama del armiño era “un bicho raro” que le daba poca importancia a ser “un inadaptado: bastardo, homosexual, vegetariano, zurdo, disperso y, a veces, herético”.

Detalla que para escribir este título tomó en cuenta las tres grandes biografías de Leonardo hechas por autores casi contemporáneos suyos: la del pintor Giorgio Vasari, el manuscrito Anónimo Gaddiano de 1540 y el libro de Giovanni Paolo Lomazzo confeccionado en 1560.

Estos textos antiguos, señala, lo describían como “un hombre de belleza y gracia llamativas. Tenía una larga cabellera de rizos de un rubio dorado, constitución atlética, notable fuerza física y vestía con coloridos atuendos”.

Para dar vida a esta biografía, prosigue, se basó en los cuadernos manuscritos que dejó Da Vinci, que constan de más de siete mil 200 páginas con notas y garabatos. “Peregriné en busca de los originales por Milán, Florencia, París, Seattle, Madrid y Londres, porque sabía que ahí estaba la esencia de su genio, pues lo mismo dibujaba rizos de cabello y remolinos de agua que turbulencias de aire”.

Juan Carlos Ortega, editor de Debate, recomendó el título de Isaacson. “Leer lo que fue Leonardo en una biografía con este rigor, hace ver que existen otros modos de enfrentar nuestro ser político y social. La vida se puede ver con otras perspectivas, no tan maniqueas, no sólo blanco y negro; eso es lo que este genio nos enseña”.

"Nos presenta al pintor desde otra perspectiva, acerca al personaje, lo desmitifica y dice qué tiene en común conmigo. Nos puede decir mucho a los lectores en este momento de incertidumbre, de ataque al humanismo. Da Vinci es uno de los pocos artistas y pioneros de la ciencia que sigue detonando la imaginación a nivel popular, académico y literario”, añadió (Excélsior, 30/01/2019).

Concluyó que también es digno de admiración el amor y el respeto que el genio florentino sentía por la naturaleza, “algo que ya se perdió”.

HOMENAJE EN SU PAÍS
 

Hoy se conmemora el quinto centenario de la muerte en Francia de Leonardo da Vinci, pero Italia también se suma a las celebraciones de su genio más universal con numerosas iniciativas en las ciudades en las que vivió, ideó y creó su legado.

El maestro nació en la aldea toscana de Vinci en 1452, pero en su niñez se trasladó con su padre a Florencia. Se puso a las órdenes de los más acaudalados nobles y mecenas de la época y, ya anciano y reputado, acabó su vida en Francia, donde vivió dos años a las órdenes de Francisco I, hasta su muerte.

Por esa razón, tanto Francia como Italia recuerdan al autor de iconos de la pintura universal como La Gioconda, que se conserva en el parisino Museo del Louvre.

Entre otras conmemoraciones, cabe destacar que su natal Vinci reabre hoy el museo ideal de Leonardo y mostrará además un mechón de su pelo, del que se espera sacar material genético para rastrear a sus descendientes.

Además, ofrece un rico programa para conocer su figura y el castillo de los condes Guidi, sede del Museo Leonardiano, viajará a los orígenes de su genialidad exponiendo el considerado primer paisaje que dibujó, prestado por la galería de los Uffizi, de Florencia. Esta ciudad también dedicará al pintor con diferentes muestras, que ahondarán en su visión del mundo.

Milán, donde vivió casi 20 años de su vida y dejó una huella de su talento, como su fresco de La última cena (1495) en el convento de Santa María de las Gracias, también le rendirá tributo.

La urbe ha impulsado su programa Leonardo 500, con exposiciones en la Pinacoteca Ambrosiana, en el Museo de la Ciencia y de la Técnica o en el célebre Castillo Sforza, que reabrirá una sala cuyas paredes, decoradas con vegetación, fueron pintadas por Da Vinci.

El Palacio Real albergará por su parte varias muestras durante todo el año, una de ellas sobre sus dibujos y estudios enciclopédicos sobre la naturaleza, las plantas o la anatomía de los animales.

Y Venecia acogerá en sus Galerías de la Academia una magna exposición sobre la representación de la proporcionalidad humana de Leonardo a través de 25 páginas, entre las que se encuentra, desde luego, el celebérrimo Hombre de Vitruvio.