El pasado 25 de marzo, AMLO declaró: “vamos a impulsar una cuenca lechera en Tabasco, porque ya no se puede seguir produciendo leche en la zona de La Laguna”; donde los mantos acuíferos están contaminados con arsénico.

Más allá de estas verdades: ¿insistimos en esa ocurrencia pejista de trasladar la cuenca lechera a Tabasco o nos envolvemos como laguneros en el lábaro regionalista y defendemos las bondades de la explotación lechera en La Laguna?

La alternativa es otra: repensar estrategias para acotar el crecimiento de la industria lechera y remediar –hasta donde sea posible– el daño medioambiental causado por la misma.

Estos serían los cinco pasos mínimos:

1. La élite de empresarios lecheros agrupados en Lala debe reconocer de manera pública el problema de sobreexplotación y arsenicismo en La Laguna.

2. Esa misma élite –de manera personal– debe sentarse a deliberar con grupos y expertos medioambientalistas sobre posibles soluciones remediales para ambos casos. No puede dejar esa tarea, como ha sido su costumbre, en manos de su encargado de relaciones o asuntos públicos.

3. Esas reuniones de trabajo deben ser facilitadas por conocedores en la planeación de escenarios transformadores.

4. Su resultado es un escenario que comprometa en el corto-mediano-largo plazo a la empresa Lala y a las organizaciones medioambientalistas en programas de remediación y educación ambiental, respectivamente.

5. Los temas en esas reuniones serían, entre otros:

Instalar una red de medidores telemétricos que reporte en tiempo real el agua que es extraída de cada pozo.

Empatar los volúmenes extraídos de agua con los concesionados por la Conagua. Hoy los extraídos son 930 millones de metros cúbicos contra los 642 millones de metros cúbicos (m3) concesionados en la cuenca. Existe una sobreexplotación de 288 millones m3 de agua cada año.

Ojo: Los volúmenes concesionados de 642 millones m3 son, de por sí, superiores a los 518 millones m3 de recarga de los acuíferos: la diferencia es de 124 millones de m3.

Ajustar a la baja las concesiones de agua otorgadas por la Conagua.

Precisar alternativas sustentables para el manejo de excrementos pecuarios de cientos de miles de toneladas de excremento de 400 mil vacas lecheras y de 154 mil de engorda. Dar respuesta a este tema es crucial, porque ese excremento no sólo envenena el aire sino también “contamina el agua subterránea con nitratos”.

Abrir las presas no sólo para uso agrícola sino también para recargar los mantos acuíferos y reducir así el arsénico en los mismos.

Sólo así, ojalá, los laguneros con nuestros nietos, bisnietos y tataranietos, podríamos no morir por la leche.

Nota: Agradezco a la organización ambientalista Encuentro Ciudadano Lagunero por la información utilizada en este artículo editorial.

@Canekvin