El gobernador del estado, Miguel Ángel Riquelme, reveló ayer que fue consultado por el Presidente de la República respecto de la posibilidad de rescatar los restos de los mineros que perdieron la vida en la explosión de la mina Pasta de Conchos, hace 13 años. En la conversación habría advertido sobre la existencia de opiniones que desaconsejan intentar dicha operación.

“Le dije que era su decisión, pero que habría que ver los datos técnicos. Hablé de manera imparcial y lo hice con la mejor de las intenciones”, señaló el mandatario quien reiteró que, pese a las reservas, apoyará la decisión del Gobierno de la República.

En caso de que se decida implementar lo anunciado en la semana, en el sentido de iniciar con las tareas de rescate de los restos, el Gobierno de Coahuila recomendará solamente que se realice un nuevo estudio de suelos que permita tener claras las condiciones del terreno, preciso Riquelme.

El titular del Ejecutivo estatal también reiteró la solidaridad de su administración con los deudos y sumó su voz a la advertencia de que cualquier intento de rescate de cuerpos no debe significar poner en riesgo a ninguna persona.

La revelación del gobernador Riquelme tiene una arista que valdría la pena aclarar y es la relativa a si la conversación que sostuvo con el Presidente de la República ocurrió antes o después del anuncio realizado el 1 de mayo.

No es un asunto menor, y ese dato revelaría mucho respecto de los parámetros a partir de los cuales se toman decisiones y se realizan anuncios en el Gobierno de la República.

Más allá de esto, la visita que a partir de hoy realiza el presidente López Obrador a Coahuila servirá para “ponerlo al día”, con toda la información relacionada con el siniestro que costó la vida a 65 mineros hace ya casi 13 lustros, adelantó el Gobernador de Coahuila.

Valdrá la pena en ese sentido que ambos mandatarios sean capaces de hacer a un lado sus diferencias políticas y/o ideológicas, y establezcan un claro puente de colaboración entre ambas administraciones que implique uniformar el discurso del Estado mexicano ante los hechos.

Lo peor que podría ocurrir en este caso es que alguien ceda a la tentación de obtener dividendos políticos y que ello contamine el proceso de tomar una decisión, que no debe basarse más que en estrictos criterios técnicos porque, como ya se ha dicho, se trata de una operación que implicaría, eventualmente, poner en riesgo vidas humanas.

López Obrador y Riquelme Solís tendrán casi dos días para dialogar, intercambiar puntos de vista y ponerse de acuerdo. En el tema de Pasta de Conchos, sin duda el más sensible de la agenda que tratarán en las próximas horas, habrían de empeñar toda su buena voluntad para asumir un compromiso conjunto frente a los deudos de los mineros caídos.

Cualquiera que sea la decisión, tendría que ser una en la cual ambos estén de acuerdo y, en consecuencia, una respecto de la cual ambos asuman plenamente las consecuencias.