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¿Podría ser la hipersexualización una consecuencia involuntaria de los avances de la igualdad de género? Así lo cree una investigadora

Es una especie de #MeToo para todos.

Una generación de chicas que está creciendo a la sombra de los millennials afirma sentir que todavía se la valoriza principalmente por su aspecto y que con frecuencia se siente insegura debido a su género. Ocho de cada diez tienen una o más amigas a las que un varón les pidió una foto sensual o de un desnudo.

Por su parte, los chicos luchan con antiguas expectativas: tener fuerza física y dureza mental y estar dispuestos a golpear cuando se los provoque. Los varones viven en un mundo donde la enorme mayoría de sus colegas afirman creer que se debe tratar a hombres y mujeres de la misma manera independientemente de su género.

Pero a puertas cerradas, los niños oyen —y hacen— con frecuencia comentarios y bromas subidos de tono sobre las niñas.

Estos son algunos de los desafíos que enfrentan los adolescentes, según un informe publicado el 12 de septiembre por Plan International, integrante de una federación global que defiende los derechos del niño y la igualdad para las niñas.

La encuesta, publicada mientras personas de todas las edades lidian con las acusaciones de mala conducta sexual durante la adolescencia contra personas con mayor poder, le dan voz a una parte de la población a la que rara vez se le pide opinión en las encuestas de opinión pública: los niños y adolescentes estadounidenses de 10 a 19 años.

El estudio expone un trasfondo preocupante de sexismo al que quedan expuestas las chicas preadolescentes, muchas veces en sus propias casas. Además, demuestran que los adolescentes son reacios a denunciar chistes y comentarios subidos de tono porque les preocupa que no les crean o volverse impopulares o bien porque les parece que esa conducta es “tan solo parte de la vida”.

No todas las revelaciones fueron perturbadoras. Tres cuartos de los adolescentes dijeron que habían oído hablar del movimiento #MeToo y su mensaje de que las mujeres y los hombres no tolerarán más el abuso y el acoso sexual.

Asimismo, la encuesta reveló hasta qué punto la influencia de los padres moldea las creencias del niño, desde las metas profesionales y los planes para formar una familia hasta las funciones del hombre y la mujer en la sociedad.

Pero también muestra que la igualdad de género no está presente ni es un deseo unánime de una generación a la que se le enseñó que básicamente hombres y mujeres son lo mismo. Hay por lo menos una erudita que cree que la hipersexualización de la cultura es una consecuencia involuntaria del énfasis en la igualdad de género.

Qué dicen las chicas

La encuesta fue realizada por PerryUndem, una empresa de investigación independiente, a pedido de Plan International, cuyas oficinas están en Estados Unidos. PerryUndem encuestó a 1.006 adolescentes entre abril y junio de este año.

La empresa descubrió a una generación de niñas que adoptan las ciencias o la matemática como materias preferidas y quieren ser líderes en carreras satisfactorias, pero que todavía creen que a la sociedad le importa ante todo su aspecto, independientemente de sus logros.

En este aspecto, las chicas reflejan en gran parte lo que creen sus madres, según una encuesta realizada por el Pew Research Center el año pasado.

En ese informe, la mayoría afirmó que las mayores presiones para las mujeres eran ser físicamente atractivas y madres dedicadas, y que las mayores presiones para los hombres consistían en mantener a sus familias y tener éxito en el trabajo.

La presión sobre las adolescentes para que sean lindas no se debe exclusivamente a la influencia de las redes sociales, según Barbara J. Risman, académica sénior del Council on Contemporary Families y profesora de Sociología de la Universidad de Illinois.

Risman cree que se hace más énfasis en los cuerpos y el aspecto de las mujeres porque eso es lo último que distingue a hombres y mujeres, que ahora compiten de igual a igual en el ámbito laboral y comparten cada vez más responsabilidades en el hogar.

“Este énfasis en el cuerpo es más intenso y problemático que en generaciones anteriores, cuando las chicas tenían muchas formas de ‘hacer’ el género”, declaró Risman, autora de “Adónde nos llevarán los millennials: una nueva generación lucha con la estructura de género”, publicado este año.

“Seguimos diciéndoles a chicos y chicas que la masculinidad y la femineidad son muy importantes, pero no hay manera de mostrarlas, serlas, hacerlas”, afirmó Risman. “El género se transformó en el énfasis que se hace en el cuerpo”.

Lexie Kite, codirectora de Beauty Redefined, una asociación sin fines de lucro, sostuvo que en esencia, las mujeres tienen dos identidades: “Viven, y viven para que las miren”.

“Este monitoreo de los cuerpos se llama autocosificación y plantea una amenaza seria y tangible a la vida de niñas y mujeres”, declaró Kite. “A medida que las niñas crecen, se las inicia en un mundo donde los mensajes de la cultura y los medios —incluso los de familiares— les indican que lo más importante que tienen son sus cuerpos”.

Esto no significa que sea malo desear ser atractiva, añadió Kite. Pero “las mujeres son más que cuerpos y creer eso es mejor para tener relaciones sanas”, sostuvo.

Tessie San Martin, presidenta y máxima responsable de Plan International, sostiene que cree que el informe demuestra que la actitud de los adolescentes frente al género es impulsada por más de un factor. “Nuestros jóvenes tienen ideas y opiniones muy claras sobre el género y la igualdad de género y sobre qué factores impulsan sus actitudes y su conducta. Quieren y necesitan ser escuchados”, declaró.

“Esperamos que este esfuerzo no sea algo puntual, sino parte de una iniciativa más amplia para involucrar a nuestros jóvenes en el debate sobre la igualdad de género”.

¿Problema de los chicos?

El 92 por ciento de los adolescentes sostiene que cree que los hombres y las mujeres son iguales, según el informe de Plan International, pero el 55 por ciento de las chicas afirmó que oye a los varones hacer comentarios o bromas subidos de tono varias veces a la semana. Casi la mitad de las niñas de 14 a 19 años oye esas cosas todos los días, y un cuarto de las de 10 a 13 años las oye a diario.

Además, más de un tercio afirma que oye esto en el seno de su propia familia y el 18 por ciento declaró que lo oyó de sus padres.

Y las chicas no son las únicas en escuchar esto. Seis de cada 10 niños oyen bromas y comentarios subidos de tono sobre chicas por lo menos una vez por semana, y uno de cada tres varones mayores los oyen a diario, según Tresa Undem, socia de PerryUndem y directora del estudio.

“Casi la mitad de los niños oyó esos comentarios de familiares varones. Es un tanto asombroso”, afirmó Undem. “Estos datos dejan bien en claro que los hombres hacen bromas y comentarios subidos de tono sobre las mujeres frente a los niños, pero no frente a las niñas”.

Los investigadores también preguntaron a las chicas si tenían amigas a quienes los varones hubieran pedido fotos sensuales o donde estén desnudas. El 81 por ciento dijo que le había pasado por lo menos a una amiga. Dos tercios de los varones declararon que tenían un amigo que pidió eso.

“En realidad, este es un problema de los varones, de los hombres, no de las mujeres”, declaró Undem. “Cuando uno ve lo que están internalizando los chicos, salta a la vista que todo esto refuerza las ideas sobre fuerza y dureza. No se trata solo de las chicas. Se trata de los chicos, y ellos también sienten muchas presiones”.

Weston Ivins, un estudiante de secundaria, no participó de la encuesta pero contó que oye que la gente le dice a alguien que se “está portando como una niña” con mucha frecuencia y que suele oír comentarios y bromas subidos de tono cuando está con otros varones adolescentes.

De vez en cuando alguien pone reparos, pero “muy pocos lo rechazan”, sostuvo Ivins. “Los adolescentes somos así; tratamos de tener onda, es así”.

La opinión de Ivins podría ayudar a explicar las discrepancias en las respuestas de los adolescentes. Por ejemplo, a Ivins le parece que varones y mujeres pueden competir de igual a igual en el aula, pero responde que “a veces está de acuerdo” con la afirmación “creo que hay que tratar de la misma manera a hombres y mujeres”.

“Depende de la situación”, afirmó, y añadió que hay que tener en cuenta las diferencias fisiológicas y anatómicas. En la encuesta nacional, el 82 por ciento de los varones afirmó que oyó a una persona decirle a otra que “dejara de actuar como una niña”.

Un tercio sostuvo que siente que la sociedad lo presiona para que se encarguen de los demás o los dominen. El 41 por ciento afirmó que la sociedad espera que sean agresivos o violentos al enojarse, y el 35 por ciento sostuvo que la sociedad espera que sean fuertes, duros y “hombres” cuando se sientan tristes o tengan miedo.

Estas opiniones fueron reflejadas por los adolescentes que asistieron a un grupo de apoyo “inspirado por chicas” organizado por WholeKids Emotional Wellness.

Ante la pregunta de qué espera la sociedad que haga una mujer al enojarse, una chica de 13 años dijo, “calmarse y estar bien”. Ante la misma pregunta, pero en el caso del hombre, la adolescente dijo “pelearse y gritar”.

Los investigadores también examinaron las correlaciones entre la visión de los adolescentes y la afiliación política de sus padres y si estos cumplían roles de género tradicionales en el hogar, como por ejemplo, si la madre se encarga de la mayoría de los quehaceres domésticos y del cuidado de los hijos. No encontraron ninguna asociación entre las funciones de los padres en el hogar, pero sí una correlación entre las opiniones de los pares sobre la igualdad de género y las creencias de sus hijos.

También concluyeron que los hijos de padres tradicionalistas eran menos propensos a ver el sexismo como un problema y más propensos a creer que la igualdad entre los sexos ya existe. También tendían más a estar cómodos con las funciones tradicionales de la familia, según el informe.

San Martin, la directora ejecutiva, afirmó que la encuesta no era de carácter político, pero sus conclusiones coinciden con las de otros estudios que demuestran que las opiniones de los adultos sobre la igualdad de género difieren más según la afiliación partidaria que de acuerdo al propio género.

“En este contexto, tenía sentido evaluar cómo la afiliación del padre podría influir sobre la opinión del hijo”, afirmó por correo electrónico. “No sorprendió observar que esa afiliación influía en las opiniones de los jóvenes. Pero la afiliación partidaria es solo uno de muchos factores, y una correlación no es una causalidad”.

Cómo pueden ayudar los padres

Haylee Bladen, fundadora y directora clínica de WholeKids Emotional Wellness, sostuvo que cuando trabaja con adolescentes, los trata de convencer de que no tienen que ser perfectos, la expectativa social más importante de todas.

Las chicas luchan por partida doble: se preocupan por su aspecto, lo que se agrava ante los constantes comentarios y observaciones subidos de tono de los varones, sostuvo Bladen.

“Oigo a las chicas hablar mucho de esto, de lo inadecuadas que se sienten”, declaró. “Estoy segura de que oyen cosas inapropiadas todo el día y de que esto afecta su autoestima”.

Un mensaje claro de la encuesta de Plan International es que los padres ejercen una influencia enorme en la manera de vivir la adolescencia y sobre lo que los adolescentes piensan acerca de hombres y mujeres.

Undem observó que los adolescentes que opinaron a favor de la igualdad de género y sus efectos también tenían padres con posiciones fuertes sobre este tema y que las habían compartido con sus hijos.

“Con solo hablar sobre eso ya avanzaríamos mucho”, declaró Undem.

De manera parecida, Bladen afirmó que las palabras elegidas por los padres influyen mucho en las creencias de los hijos, aunque aquellos no estén tratando de influir deliberadamente en ellos.

“La mayoría de las veces no es intencional. Muchas chicas son sensibles y internalizan cosas más de lo que creemos. Es muy importante que midamos nuestras palabras y usemos términos empoderadores”, declaró.

Risman, de la Universidad de Chicago, cree que el género es un sistema basado en una desigualdad inherente y que la sociedad debería dejarlo atrás. “Lo que realmente necesitamos es una cuarta ola de feminismo que pase por disminuir la importancia del género, o sea, criar a los niños para que sean niños y no varoncitos o mujercitas buenos”.

La académica recomienda a los padres restarle énfasis a la importancia del género para sus hijos. Una forma de hacerlo es darles juguetes unisex, otra cosa para la cual la encuesta de PerryUndem detectó una asociación con los adolescentes que creen con firmeza en la igualdad de género.

Como dijo Risman: “La gente dice que hay que ‘criar buenos hombres’. Yo creo que la salida es criar buena gente”.