Foto: Marco Medina
El Ballet de Coahuila se unió a los festejos por el 40 aniversario del Teatro de la Ciudad con una gala donde exploraron la amplitud de su repertorio

Las expresiones artísticas en la actualidad suelen venir desde dos bases: la académico o lo contemporáneo. La primera instancia ofrece productos de fácil acceso para el público, con un lenguaje más universal, mientras que la segunda toma riesgos al utilizar sus materias primas y experimenta con los mismos lo que da resultados fuera de lo ordinario.

En el marco del 40 aniversario del Teatro de la Ciudad Fernando Soler el Ballet de Coahuila —el cual celebra este año 15 de su creación— se unió a los festejos con la gala “Retrospectiva”, el pasado jueves 15 de marzo, en la que ofrecieron un recorrido por su repertorio contemporáneo y clásico. El evento comenzó con una serie de coreografías montadas por el maestro Óscar Ruvalcaba, quien ha colaborado con la compañía desde sus inicios en 2004 y de la cual su más reciente pieza “Espacio Intercorporal”, fue interpretada por Anahí Serrano y Fernando Gaspar, primeros bailarines, jugaron con los roles de una pareja y las interacciones que hay entre ellos.

En entrevista con VANGUARDIA, Javier Rodríguez, director del Ballet de Coahuila, comentó que el repertorio de la noche fue creado específicamente para dar cuenta de la trayectoria del grupo a lo largo de estos 15 años y como un tributo a Ruvalcaba quien “ha sido un agente esencial en el proyecto”, comentó.

“Es uno de los coreógrafos más destacados de su generación y ha sido varias veces miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Él nos ha apoyado desde el inicio y vimos obra de él desde que se empezó el proyecto en 2004 hasta ahora”, agregó.

Foto: Marco Medina

Del mismo modo, con las otras piezas los bailarines ofrecieron al público una variedad de coreografías en las que exploraron los límites de su propia expresión corporal, con discursos y narrativas, si bien no tan explícitos como en el ballet clásico sí presentes.

“Creemos que es importante que los bailarines tengan esta posibilidad de expresarse y de crecer como artistas. Eso los hace mejores bailarines, tanto de un género como del otro. El repertorio clásico atrae público, es amable, y tuvimos la oportunidad de tener invitados de la Escuela de Danza del Estado, lo cual es un gusto para nosotros pero permite que nuestros chicos que están como elementos de la compañía tengan retos y crezcan artística y técnicamente”, recalcó Rodríguez.

Ir del lenguaje clásico al contemporáneo, sin embargo, es un reto para los artistas, pues los cánones y tipos de movimientos a los que están acostumbrados requieren de ellos una adaptación particular y un rompimiento con las formas tradicionales.

“El proceso a veces es complejo. Hay gente que tiene la calidad de movimiento natural, sin embargo como tienen el vocabulario clásico, moverse de una forma menos codificada como es el clásico cuesta trabajo. Siempre es un reto para ellos presentar este tipo de obra porque no están acostumbrados a ese tipo de movimientos y sí cuesta trabajo”, explicó.

“Y eso enriquece muchísimo. Desde que Sylvie Guillem empezó a trabajar esta cuestión del contemporáneo con Forza y con toda esta gente, todos los bailarines de clásico empezaron a voltear y a darse cuenta de que había unas posibilidades increíbles de crecimiento e interpretación”, continuó. En la segunda mitad interpretaron una coreografía clásica basada en el trabajo de Marius Petipa, donde contaron con el apoyo de alumnos de la Escuela de Danza del Estado de Coahuila.

Foto: Marco Medina

“El clásico les da la estructura, les da la fuerza, les da la presencia escénica, les da todos los elementos académicos que necesitan para estar en el foro, para merecer estar en un foro pero a la hora de hacer contemporáneo ellos tienen que hacer un cambio de switch y eso implica también más emoción y una serie de elementos que a veces en ballet también se utilizan pero la aproximación es un poco diferente”, añadió.

En cuanto a la recepción del público aseguró que no ha encontrado inconvenientes al ofrecer este otro tipo de expresiones, pues aunque el arte contemporáneo en muchas ocasiones exige del espectador una serie de códigos e información adicionales el repertorio del Ballet de Coahuila ha buscado permanecer accesible.

“Yo creo que en mi experiencia personal del proyecto que tenemos las obras contemporáneas que presentamos generalmente no necesita el público tener un código, porque están planeadas y está planeado el programa para tener un acercamiento al público, queremos generar un público de danza, que cada que haya una función la gente se emocione y diga ‘esa compañía me gusta’”, concluyó.

Foto: Marco Medina