El consumo inmoderado de alcohol es un problema serio en nuestro País. De acuerdo con la más reciente Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco, la población que declaró haber consumido alcohol “en exceso” durante el mes previo al estudio creció significativamente entre 2011 y 2016.

Lo más preocupante del estudio es que demuestra cómo un porcentaje importante de la población consumidora de bebidas alcohólicas está representada por menores de edad, además de ofrecer evidencia en el sentido de que las acciones implementadas por las autoridades para inhibir el consumo entre adolescentes han fracasado, pues este se ha mantenido estable durante los últimos años.

Frente a esta realidad resulta necesario revisar las políticas públicas del rubro y repensar en las estrategias seguidas para evitar, en general, que el consumo inmoderado de alcohol sea la regla y, en particular, que los menores de edad se inicien en esta adicción.

En este camino sin duda se requiere usar la imaginación y considerar como susceptible de discusión cualquier propuesta, por “exótica” que pueda parecernos, pues a partir de esta pueden surgir, al final del camino, estrategias que pueden llegar a ser exitosas.

Pero una cosa es no cerrarle el paso a las ideas “novedosas” y otra muy diferente es no saber distinguir entre una idea “provocadora” y una simple ocurrencia, tal como lo demuestra la iniciativa que ayer se puso sobre la mesa en la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México, para prohibir la venta de cerveza fría como mecanismo para inhibir su consumo.

El sentido común advierte de inmediato que prohibir la refrigeración de bebidas alcohólicas previo a su venta no solamente no va a disuadir a nadie de adquirirlas, sino que puede incluso dar pie al surgimiento de actividades ilegales que “suplan” lo que la ley impide.

La experiencia de lugares como Saltillo, donde largamente han existido reglas que prohíben la venta de alcohol en determinados horarios y lo restringían totalmente durante los domingos, demuestra claramente que tales medidas no inhibieron el consumo en el pasado y sí dieron lugar al surgimiento de docenas de lugares donde podía comprarse cerveza en forma clandestina durante los horarios de prohibición.

Claramente la idea planteada por el Grupo Parlamentario de Morena no solamente ha merecido la burla de los cibernautas en redes sociales, sino que es una de esas ideas a las cuales ninguna autoridad de otras latitudes debe sentir inclinación de adherirse.

Eso no quiere decir, desde luego, que el problema representado por el consumo inmoderado de alcohol deba ignorarse, soslayarse o dejarse de lado por considerar que no existe solución posible.

Sin duda se trata de un asunto que amerita análisis y decisiones puntuales que ayuden a resolverlo. Pero las propuestas que se pongan sobre la mesa deberían tener un mínimo de seriedad y no rozar los linderos del absurdo, como ocurre en este caso.