A principios de este año se hablaba de un desabasto de vacunas contra el sarampión y que había aparecido un brote, se comentó que el Gobierno anterior no había solicitado a tiempo la cantidad de vacunas necesarias para el tripe antiviral (sarampión, rubeola y parotiditis) en el 2018.

Esta semana se informó que solamente había llegado el 13 por ciento del total de las vacunas necesarias a Guerrero para niñas, niños y adolescentes, es decir, se han entregado 402 mil de las 945 mil necesarias referentes a la primera y segunda Semana Nacional de Vacunación, entre las que destacan vacunas contra el tétanos, tosferina, sarampión, rubeola, hepatitis, tuberculosis y difteria, por mencionar algunas.

En las últimas semanas, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha mencionado en más de una vez los precios excesivos que tienen las farmacéuticas y sostuvo que solamente se pagaría el precio justo, y que si las empresas no estaban de acuerdo saldrían a buscar al extranjero mediante una licitación.

En este sentido, me llamó la atención la declaración de esta semana del secretario de Salud del Estado de Guerrero, quien afirmó que las empresas de laboratorios ya no estaban produciendo las medicinas y/o vacunas que se producían generalmente, porque simplemente ya no era costeable para ellos o, como se dice coloquialmente, ya no es negocio.

Si bien es cierto, los procesos de adquisición dejaba mucho que desear porque gran parte de ellos se hacían cerrados, invitando a los de siempre y normalmente se pactaban los precios antes de la presentación de propuestas. También es cierto que se ha demostrado el impacto positivo que tiene el libre mercado. ¿Qué quiero decir con esto? La capacidad que tienen las empresas privadas de ponerle el precio a sus productos conforme a la oferta (cantidad de un producto en el mercado) y la demanda (la cantidad de producto que se desea en un mercado) y sus mismos costos de producción (la cantidad de dinero que se necesita para hacer el producto), como son la creación de empleos formales y bien remunerados, el acceso a servicios sociales, el desarrollo local de regiones específicas, entre otros.

En este sentido, que el Ejecutivo Federal quiera imponer un precio que considera justo a un producto básico, como son medicinas y vacunas, es preocupante. ¿Por qué? El rol del Gobierno en el mercado tiene que ver con regular, asegurar la competencia justa entre los actores privados y darles igualdad de oportunidades y condiciones para el desarrollo. ¿Qué pasa si esto no es así y el Gobierno decide imponer precios que no son los reales? Las empresas deciden ya no producir y se van, lo que provoca desempleo de manera inmediata, pobreza y desigualdad a mediano plaza y violencia a largo plazo.

Señor Presidente, con la salud de las niñas, niños y adolescentes no se juega.

Las niñas, niños y adolescentes en México tienen derecho a la salud, a vivir una vida feliz y sana. Las niñas, niños y adolescentes necesitan sus vacunas.

@garciacecy_

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