Padre de Oribe, orgulloso de su hijo

Coahuila
/ 13 junio 2014

Miguel Ángel, a sus 58 años, 21 dedicados al Simas rural, pidió permiso para observar las dos horas de juego

Torreón, Coahuila. Miguel Ángel Peralta, padre del delantero mexicano Oribe Peralta, observó el juego de México contra Camerún desde el almacén del Sistema de Aguas y Saneamiento (Simas) rural, donde con algunos de sus compañeros trabajadores, gritaron gol cuando su hijo anotó el tanto de la victoria.

En esta ocasión no hubo reunión familiar. La hora del partido (11 de la mañana) impidió que se juntaran primos, tías y sobrinos. La mamá de Oribe, Julieta Morones, tenía cita en el Seguro Social y regresó apurada hasta su casa en La Partida para poder ver el juego. Miguel Ángel, a sus 58 años, 21 dedicados al Simas rural, pidió permiso para observar las dos horas de juego.

 Vestido con su uniforme gris despintado, Miguel Ángel dejó su camión vactor para acomodarse en una vieja silla extendida de madera. Estamos felices porque Oribe trabajó mucho. Sacrificó mucho porque lo relegaron mucho tiempo para que le dieran oportunidad. Pero siempre luchó. Nunca me imaginé verlo ahí, comentó Miguel Ángel, con el tono de voz bajo, como si susurrara.

Oribe se fue sin alcanzar a despedirse. Su padre no ha hablado con él desde que se fue al juego de despedida contra Israel, en el estadio azteca pero a la distancia le dijo: Que tenga un buen mundial. Ojalá haga historia y ganen por el país.

 Don Miguel aseguró que ve a un Oribe maduro y concentrado. El coahuilense estuvo a punto de ir al mundial sub 17 en Brasil pero una lesión lo relegó. 13 años después, con la selección mayor, Oribe jugaría el mundial y sería el primer coahuilense en marcar un gol en la máxima justa del futbol.

Tensión durante el juego

Miguel Ángel Peralta no tiene muchas expresiones. Su mirada se centra en la pantalla. Atrás de la misma se hallan decenas de materiales para reparar tuberías de agua. Don Miguel aplaude y sonríe. Nada de aspavientos. No reclama mucho ni hace berrinches ni se lleva las manos a la cara, ni siquiera cuando el juez de línea marca dos fueras de lugar inexistentes.

-        Nomás porque no los metió Oribe, a él no se los anula, dice un compañero de Don Miguel.

La tensión crece en la segunda mitad del partido y la selección no se encuentra con el gol. Sin embargo, en una descolgada Giovani Dos Santos dispara al marco, el portero africano rechaza el balón y Oribe llega para anotar el gol. Todos gritan el tanto. A primera instancia no se sabe quién lo metió. Fue Oribe, dice un compañero de trabajo. No se ve quién lo metió, dice el padre de Oribe. ¿Fue Oribe?, le preguntan a don Miguel. Eso dicen, responde Miguel. Y en eso, en la pantalla, Oribe Peralta recibe los abrazos y palmadas de los jugadores. Fue Oribe. Miguel Ángel aplaude y sonríe.

 Los últimos minutos México se echó atrás y los cameruneses presionaron a base de centros al área. Fue entonces que don Miguel se retorcía y sonreía con los nervios colgándole. Se sufre desde aquí. Mucho, sostiene. Al final, el árbitro silbó el final y México se llevó los tres primeros puntos de la mano del coahuilense Oribe Peralta, el orgullo de la Partida, Coahuila.

       A la una de la tarde, Don Miguel regresa a trabajar.

-        ¿No piensa en el retiro?

-        ¡No qué! Aún me falta.

       A miles de kilómetros, Oribe es el héroe nacional por el gol anotado ante Camerún. En Torreón, su padre Miguel, vuelve a su empleo como operador del Simas rural.


Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad La Salle Laguna y maestro en Periodismo digital por la Universidad de Guadalajara. Es editor y reportero de Semanario, el suplemento de periodismo de investigación de Vanguardia, y es autor de la columna Reflector.

Ha recibido diferentes reconocimientos como el Premio Nacional de Periodismo Rostros de la Discriminación y posteriormente Rostros por la Igualdad, mención en los premios de la SIP y del Breach/Valdez de Periodismo y Derechos Humanos, entre otros.

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM