Alejo Carpentier: El Nuevo Patrono
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Aunque no se le conoce ningún milagro, el escritor cubano extiende sus territorios y llega a Saltillo a estrenar el templo que se ha construido en su memoria: la Cátedra Alejo Carpentier; Semanario estuvo en La Habana para retratar el rostro humano del narrador
Por los pasillos del Hotel Nacional llegan puntuales a su cita los "carpenterianos" de La Habana, listos para tirar las redes de la memoria y hablar sobre un escritor al que han convertido en el motor de su vida y en la materia prima de sus investigaciones.
Desde su llegada, Araceli García-Carranza, Ana Cairo, José Antonio Baujín y Julio Domínguez dejan claro que el lugar en donde se encuentran se había convertido en el sitio favorito de quien es el motivo principal de este viaje: Alejo Carpentier, quien al asistir a la inauguración del hotel, en 1930, lo describió como un castillo encantado.
Ahí, en ese majestuoso lugar, fue donde Armando Sánchez Quintanilla, Coordinador General de Bibliotecas, Publicaciones y Librerías del Estado, puso a girar, meses antes, los engranes para crear una cátedra en honor de un narrador que logró poner a Latinoamérica en boca del mundo. Y ellos, los expertos en la vida, obra y milagros del escritor, serán los que hoy en esta ciudad, en el marco de la Feria del Libro de Saltillo, colocarán la primera piedra de una catedral en donde se rendirá tributo a un santo laico, al patrono de los barrocos. La función de la Cátedra será celebrar al escritor año con año.
En Cuba, Carpentier es un nombre que se pronuncia con orgullo, y no es para menos, es el lugar donde el escritor decidió tomar la pluma para poner por escrito la realidad que le salía al paso y lo seducía. Pero la isla sólo sería el punto de partida, Carpentier realizaría un viaje iniciático hacia Haití, el lugar que con su magia, mitos, rituales, tradición oral y su sincretismo religioso y cultural, le regalarían al escritor una visión de América, la cual lo llevó a pronunciar por primera vez un término que se convertiría en el milagro que invadiría su obra literaria: lo real maravilloso.
Hay quienes afirman que sin Carpentier no hubiera existido Gabriel García Márquez, lo cierto es que su obra fue fundamental para el Boom latinoamericano.
A Carpentier le queda corto el título de escritor, pues antes que eso dejó ver al apasionado de la música, al culturólogo, periodista, crítico de arte, guionista de cine, locutor, editor y diplomático.
Sin duda, un hombre de talla universal que dejó rastro en el mundo, pero sobre todo en Cuba, la nación a la que aseguraba, le debía todo. Hasta ahí, Semanario acudió en su búsqueda y a través de un ritual, provocado por los recuerdos y el sonido enigmático de los tambores, se encontraría de frente con un Carpentier distinto: el amigo entrañable, el periodista que usaba el seudónimo de Jackeline, el ciudadano del mundo, el que escogió ser cubano, aquel conversador desenfadado, el que pedía chistes subidos de tono, el que sentía una fascinación por México y finalmente el amigo al que se invoca en las siguientes páginas, las cuales quedarán como una constancia de cuánto se le extraña.
`Entre él y yo hubo un amor a primera vista'
El primer encuentro con el escritor fue a través de sus libros, luego, un vuelco caprichoso del destino lo puso en la puerta de su casa, se trataba de Carpentier. Lo de ellos, dice el periodista Julio Domínguez, fue amor a primera vista
Al periodista Julio Domínguez García se le llenan los ojos de lágrimas al recordar no al erudito, al narrador, al culturólogo, Julio extraña a `Calpentiel' el amigo, ese que le rodeaba la espalda con su brazo, él que le llamaba por las noches y le preguntaba "¿Tienes algo mejor que hacer?", luego se aparecía en menos de un parpadeo y tocaba la puerta de un hombre afortunado, que por cosas extrañas de la vida tenía en su casa al escritor que, con sus libros, llenó de imaginación sus años de estudiante.
"Es imposible para un cubano no saber de Carpentier, no leerlo. Desde que era un niño siempre me fascinó porque era un hombre increíble para la narración, tenía el don de meterte dentro del libro, no podías dejarlo; eso como escritor, cuando lo conocí me pareció fantástico que yo pudiera estar hablando con ese hombre extraordinario, imagínate Carpentier visitándome a mí, yo decía `Dios mío, que cosa es esto'", esos son los primeros recuerdos que llegan a la memoria de un hombre nostálgico que hace música cuando habla.
En una ciudad que no tiene prisa, Julio pasaba las noches en vela devorando las páginas y el mundo mágico y misterioso creado por ese hombre que de nuevo le espantaba el sueño, pero ahora, sentado en la sala, de su casa "echando relajo y siempre sonriente", esa es la imagen con la que lo recuerda: "En las fotos lo he visto muy serio y no era así, él era un hombre con cara de `usted', pero en realidad era de `tú'. Era un hombre formidable, entre él y yo en seguida hubo un amor a primera vista".
Con dos atentos escuchas, Julio y su esposa Aracely, quien se convertiría en su bibliógrafa, Carpentier no se cansaba de hacer literatura, de contar y componer el mundo. El escritor lanzaba sus redes y pescaba la mirada de quienes, absortos, seguían el hilo narrativo de sus anécdotas. Una noche les contó que había cruzado el río Orinoco en Venezuela en una endeble canoa que se tambaleaba ante el acecho de las pirañas y que a punto de llegar a tierra lo esperaban un tribu de antropófagos, hasta que de pronto... Carpentier paraba de contar ante la gran expectativa de Julio, quien esperaba el final de la historia; el desenlace era una sonora carcajada: "Chico, todo lo que te dije es mentira", le decía ante la cara de asombro del escucha: "Mi mujer no se sorprendía porque él le guiñaba el ojo a escondidas. Siempre me hacía lo mismo, era un tipo fascinante, yo lo echo mucho de menos".
Su obra te subyuga, te fascina
Y fue en el cubículo de su mujer, en la Biblioteca Nacional José Martí, el lugar en donde se encontraron por primera vez. Ahí Julio escuchó las primeras palabras de un escritor que dominó con maestría una lengua que jamás escucharía en casa: "Me habló con su acento francés. Ese fue su primer idioma, en su casa lo hablaban todo el tiempo, después aprendió español en la escuela, pero nunca se pudo quitar el acento. Él me decía `a estas alturas yo no voy a tratar de perfeccionar mi pronunciación', lo curioso es que su obra es en español, y se convirtió en un déspota del idioma, hacía con él lo que le daba la gana".
De madre rusa y padre francés, Alejo adoptó el idioma de su progenitor, uno de los vínculos más importante con un hombre que, Julio asegura, muy rápido desapareció: "Su padre, Jorge Julián Carpentier, los abandonó cuando él tenía 14 años. Él se pasó años buscándolo, incluso pagó a investigadores privados para tratar de encontrarlo, y hubo una vez un indicio que lo llenó de esperanza, pero se perdió el rastro y nunca supo más de él. Su madre, Lina Valmont, se dedicó a dar clases de ruso, él la quiso mucho".
El también historiador asegura que el escritor era un gran observador que no paraba de investigar, de hurgar en las cosas que regala la vida: "A veces sacaba una libreta y anotaba, nunca supe en realidad qué". La curiosidad sería uno de los rasgos principales para quien no se cansaba de repetir que nada humano le era ajeno: "Cuando hablábamos de la función del periodista él decía que tenía que ser la persona mejor informada, que tenías que ser periodista 25 horas al día".
Para un hombre que antes de dormir leía a Carpentier como muchos leen la Biblia, su devoción por el patrono de los barrocos le trajo algunos inconvenientes: "Mi esposa me decía `¿a que hora vas a apagar la luz?', el problema era que no podía soltarlo, Dios le dio la habilidad extraordinaria de escribir de una manera tal que te subyuga, te fascina".
Un optimista incorregible
"Él tenía un sentido del humor extraordinario, era un optimista incorregible, decía que la vida se iba a encaminar. Le gustaban mucho los chistes y me decía `¿cuál es el último chiste?, quiero uno verde claro', nos divertíamos mucho".
Domínguez cuenta los chistes que le contaba a Carpentier, de pronto suelta una carcajada y cierra los ojos por un instante, quizá enfrente lo tenga a él, riéndose de las ocurrencias de su amigo, de su ingenio, de una risa franca con la que el amanecer lo sorprendió muchas veces.
La risa sólo se borra cuando narra lo inevitable: la partida del entrañable camarada. Julio Domínguez García por primera vez se pone serio: "Alejo murió del cáncer en la garganta que le causó el cigarrillo, sin embargo era un hombre con una esperanza tremenda en que se iba a curar en poco tiempo. La noche de su muerte, las últimas personas con las que habló fueron Cintio Vitier y Fina García, intelectuales cubanos.
"Cuando Lilia, su mujer, regresó de ir a dejar a los invitados, Carpentier estaba recogiendo unas revistas en la sala de la casa y de pronto se cayó, y cuando ella preguntó `que te pasa', un chorro de sangre salió de su garganta como un iceberg, él abrió los ojos, le tendió las manos a su mujer y de pronto cayó muerto".
Mientras relata, a Julio se le nublan los ojos y con voz entrecortada continúa con su duelo: "Fue una gran pérdida no sólo para Cuba sino para el mundo. Yo personalmente perdí un gran amigo. Cuando murió fue como si hubiéramos perdido un familiar porque era un hombre exquisito, el cual me ponía el brazo sobre el hombro. Lo he echado mucho de menos, él llegaba a mi casa a las nueve de la noche y se iba a las 5 de la mañana, y daba la impresión de que había estado dos horas porque era un conversador te arropaba, una persona tan especial que siempre llevaba puesta una sonrisa".
Que falta hace Alejo
Julio también fue testigo del amor que Carpentier le profesaba a Lilia Esteban, su mujer, con la cual se casó en 1941 y quien crearía en 1993 la Fundación Alejo Carpentier: "Lilia fue su amor, él la miraba y la trataba con una ternura especial, ella era su remanso, la tenía en un pedestal. El día del velorio del Alejo, ella me dijo: `Yo también he muerto por dentro'. El periodista recuerda que ella tenía una foto de él en su cama, la cual besaba religiosamente antes de ir a dormir: "No tuvieron hijos pero era una pareja tremenda, ella por los ojos de él, y él por los ojos de ella".
Hoy, sin la presencia de aquél que le contaba de viva voz los tejidos ocultos de su obra, Julio ha vuelto a un placer que descubrió en la niñez: la lectura: "Él murió físicamente pero su obra está ahí y debemos sentirnos orgullosos que un latinoamericano haya escrito lo que él ha escrito. Él todavía tiene mucho que decir, es un hombre imprescindible para los que quieran conocer Latinoamérica, además es muy amigo de México, como también lo somos todos los cubanos.
"Yo le platicaba a Aracely, mi esposa, una noche que estábamos muy aburridos, `qué falta hace aquí Alejo para que me cuente esas mentiras maravillosas que me contaba", dice Julio para culminar con la charla con un dejo de nostalgia y luego perderse en el hermoso silencio de una isla arrullada por el mar, la cual más tarde será testigo del mismo diálogo nocturno: "¿A qué hora vas a apagar la luz?" La culpa, como todas las noches, es de Alejo.
Julio Domínguez García (1935).
Nació en La Habana el 14 de julio de 1935. Estudió la carrera Diplomática en 1960, también se graduó de Bibliotecario Auxiliar en 1961 y de Periodismo en 1985. Ha recibido 23 premios por su actividad profesional dentro y fuera del país. Doctor en teología. Recibió la medalla Félix Elmuza que se les otorga en Cuba a los periodistas destacados. Recibió un premio de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), por el éxito obtenido por la publicación de su libro "Noticias de la República". Acaba de terminar el segundo tomo de esta obra. Actualmente preside la Unión de Historiadores en la Biblioteca Nacional de Cuba.
Una mirada real y maravillosa
Seguir la vida, obra y milagros del escritor por más de cuarenta años le ha dado a Ana Cairo la autoridad para revelar que el artista no nació en Cuba y usaba el seudónimo de Jackeline cuando se veía en la necesidad de escribir artículos sobre modaÂ
El rostro de Ana Cairo es muy conocido en Cuba. No es una casualidad que su imagen esté colgada en una librería del corazón de La Habana en donde los libros se mueven al ritmo del son cubano y su dependienta, al escuchar el nombre de Carpentier, acuda bailando por un par de ejemplares, los cuales abre con familiaridad e incluso recita pasajes que le parecen maravillosos.
Al encender el televisor del hotel ahí está ella de nuevo, hablando de literatura, citando a Martí y por supuesto impartiendo cátedra sobre un hombre que la cautivó y del cual, en unos minutos, como acto de magia y recién salida de la pantalla, está hablando con Semanario sobre él, a quien dibuja como un ser camaleónico que la atrapó por su capacidad de sorpresa: "Carpentier es uno de los grandes novelistas del siglo 20 en lengua española, pero también es un pensador cultural, para mí es muy estimulante ver como interactúa entre la teoría y su trabajo literario, es un vanguardista".
Y aunque la investigadora asegura que nunca fue una estudiosa de tiempo completo de Carpentier, al escritor llegó por un camino distinto al de su obra literaria cuando estudiaba al grupo Minorista Cubano, un colectivo de artistas que estaban instalados en un movimiento que se convirtió en una revelación para la investigadora: la vanguardia.
Un escritor solidario
Cairo, quien también es especialista en la obra de los poetas José Martí o Nicolás Guillén, se pronuncia como una estudiosa de los problemas de los intelectuales cubanos. Fue así como llegó a interesarse en cómo el grupo Minorista asimiló un movimiento de ruptura y renovación del arte: "Lo primero que me ancló no fue Carpentier, sino el movimiento cultural que él representa y que marca, define y da sentido al siglo 20. Esa pluralidad de experimentación cultural, artística y científica de las vanguardias es lo que puede hermanar a Picasso con Carpentier o con Diego Rivera. Lo que les da sentido a todos es el compromiso con la problemática social, porque todos vivieron dos guerras mundiales".
Cuando Carpentier llegó a París fue ungido por André Bretón, el padre de los surrealistas, quien lo invitó a escribir en la revista "Révolution Surréaliste", en donde reseñó la obra de quienes formaban parte de este colectivo, entre ellos Luis Buñuel, Salvador Dalí y Man Ray. Carpentier fungiría como uno de los cronistas favoritos de un grupo excéntrico que convertiría al arte en una genial provocación: "Lo primero que demostraron las vanguardias es que son artistas interdisciplinarios, para ellos el problema era crear y no importaba el soporte ni el lugar, eso es lo que me fascina de todos ellos. Sin duda redefinieron el humanismo del siglo 20. Carpentier se vuelve un neohumanista, por eso se sentía bien trabajando en México o París, o ayudaba a la guerra civil española; aunque él tiene a Cuba como su patria por adopción, se siente ciudadano del mundo, se siente muy comprometido con la realidad de cualquier lado".
Para comer escribía sobre moda
"Carpentier es una de las figuras que yo he venido siguiendo desde hace más de 40 años", asegura con orgullo Ana Cairo, quien en esa búsqueda se encontró no sólo con un narrador, sino también con un profesor de música, periodista, guionista de cine, promotor cultural, funcionario, relacionista público e incluso comentarista de moda: "Él era un periodista que no tenía sueldo, entonces comía de los artículos que hacía y si de pronto hacía falta una sección de moda y él estaba cojo ese mes, pues la escribía con otro nombre; cuando él realizaba artículos de moda y calzado se hacía llamar Jackeline, lo hacía porque tenía que comer".
Pero Cairo no se conformó con ser una lectora más del cubano, sino también se transformó en una especie de puente para acceder a sus piezas más difíciles. "Espero no morirme sin antes hacer la edición anotada de `El Siglo de las Luces' para que la gente la disfrute porque es una novela muy difícil, para la que hay que tener muchos saberes y para que no haya personas que le cojan miedo al texto, yo quisiera hacer "El Siglo de las Luces" con los grabados de Goya y con esto abrirle puertas a los lectores".
Con el paso del tiempo y el grupo Minorista disperso, la investigadora entró de lleno en el estudio de Carpentier, pero el que sería su objeto de estudio ya no sería el mismo: "Era muy difícil entrevistarlo porque no vivía en Cuba, él estaba en París, además era tan famoso que era muy difícil hablar con él. Cuando cumplió 70 años dio una conferencia en la Biblioteca Nacional y fui a verlo, me pude haber acercado, pero en esas condiciones era muy complicado el contacto. Yo sabía tantas cosas de él que si hubiéramos conversado, se hubiera muerto de la risa. Cuando yo lo veía hablando, me acordaba de todas las cosas que me habían dicho de él, porque a lo largo de los años acumulé mucha información por vías indirectas".
Retrató lo insólito de la realidad
Y es que Carpentier estaría rumbo a la canonización con un trabajo que acuñaría un término, de lo que para muchos sería la semilla del realismo mágico y el trampolín desde donde despegaría el llamado Boom de la literatura latinoamericana. Sin embargo, la investigadora lo tiene muy claro, Carpentier ofreció un cambio de perspectiva y puso la mirada en algo que ya existía: "Lo real maravilloso no es más que un modo de ver, es eso que enseñaron las vanguardias, que es cambiar los puntos de vista para mirar. Lo real maravilloso no es nada más que ver la historia, la naturaleza, los acontecimientos de la vida desde una perspectiva distinta, un cambio de mirada que te muestra cosas que nunca habías visto, lo insólito en la realidad. El hecho de que en la obra de Carpentier nazca una niña con cabeza de jabalí tiene que ver mucho con la oralidad, la cultura popular y las creencias".
Para Ana Cairo lo que convierte a Carpentier en un escritor universal es que, a través de su pluma, mostró una radiografía fiel de la condición humana, lo cual, en palabras de la investigadora, lo coloca a la altura de las grandes figuras de la literatura: "Carpentier es un pensador que dejó ideas centrales de los seres humanos a través de su literatura, él hizo lo mismo que en su época hicieron Dante, Shakespeare, Picasso o Luis Buñuel. Carpentier te deja lo mismo que te deja Bertold Bretch, Rulfo, Octavio Paz o Alfonso Reyes; te deja una visión del mundo, no son intelectuales provincianos, son pensadores que utilizaron la literatura para dar un sentido de la vida y del tiempo".
Antes de finalizar la charla, la investigadora hace énfasis en que antes de ser universal el escritor decidió ser cubano, y con esto da luz sobre un tema polémico: "Hoy día no hay duda de que Carpentier no nació en Cuba sino en Lausanne, Suiza, eso está documentado. Él es uno de esas familias de inmigrantes que vinieron de Europa a principios de siglo y se quedaron, por lo tanto él tenía la ciudadanía francesa por su padre, pero él quiso ser cubano y eso es lo que lo define, a mí me llena de orgullo una cátedra Carpentier dedicada a Cuba porque él es un hombre que eligió ser cubano, él no es cubano porque no le quedó mas remedio".
Ana Cairo
Doctora en Ciencias Filosóficas y Profesora Titular de la Universidad de La Habana. Pertenece a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Dirige el colectivo profesoral encargado de la docencia de Literatura Cubana en la facultad de Artes y Letras. Ha impartido Cursos en Universidades en México, Panamá, Francia y España. Es secretaria ejecutiva de la Cátedra Alejo Carpentier. Forma parte de los consejos editoriales de las revistas "Temas", "Universidad de La Habana", "Debates Americanos" y "Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. Coordina la colección Letras y Cultura en Cuba. Es la autora de treinta artículos y cuatro libros: "El Movimiento de Veteranos y Patriotas" (1976), "El Grupo Minorista" (1978), "Historia de la Universidad de La Habana" (1983, coautora) y "La Revolución del Treinta en la Narrativa y Testimonio Cubano" (1993)
La biógrafa del erudito desenfadado
Araceli García-Carranza Basseti es la cubana que se ganó la confianza de Alejo Carpentier. En sus manos no sólo los originales de su obra, sino también dos libros inéditos que la harían cómplice de su vida
Desde 1962 Aracely García pasa sus días en el interior del paraíso soñado por Borges: una enorme biblioteca. Desde ahí salió una carta con su firma que fue suficiente para que recibiera un tesoro que jamás imaginó tener en sus manos: los documentos personales de Alejo Carpentier, los cuales se disputaban varias universidades extranjeras que estaban dispuesta a pagar grandes sumas de dinero.
Lo mejor que había creado su pluma se quedaría en casa y la depositaria sería la Biblioteca Nacional José Martí, dirigida por Carranza, quien desde 1971 se había entregado de tiempo completo a recopilar la bibliografía del escritor.
"En 1966 se había publicado un catálogo, pero no era suficiente, entonces se me ocurrió escribirle a París, pensé que no me contestaría, pero no, enseguida me escribió muy entusiasmado y a partir de esa fecha todos los veranos, cuando venía a Cuba, se hospedaba en el Hotel Nacional y se aparecía en la biblioteca lleno de documentos para donarlos", comenta Aracely sentada en el lobby del tradicional hotel.
El mundo de la investigadora de pronto tomó un giro insospechado: bajo su resguardo no sólo tenía la obra y milagros de un célebre personaje nacional, sino también cosecharía una estrecha amistad que la llevaría luego a convertirse en la biógrafa de un hombre "conversador, desenfadado, diáfano, sencillo y espontáneo", como lo define Aracely mientras desvía la mirada por uno de los pasillos por los que transitó su héroe al que primero conoció, como la mayoría de los cubanos, a través de su obra creativa.
Lo inédito
La mujer que se había sumergido en los paisajes barrocos de la selva latinoamericana y el enriquecedor mundo primitivo que mostraba Carpentier, de pronto se topó con un texto inédito: "El Libro de la Gran Sabana", una obra que nunca se llegó a publicar y que significa el antecedente de la novela "Los Pasos Perdidos": "Ese fue mi primer descubrimiento al empezar a procesar toda su colección. Entre esos documentos estaban también los manuscritos de sus grandes novelas de las que tengo hasta tres versiones", comenta aún entusiasmada.
Los borradores y el material inédito serían un aliciente para entrar de lleno al trabajo bibliográfico. En 1984, la investigadora publicó un volumen bastante grueso que incluía más de 4 mil descripciones bibliográficas, después publicaría dos suplementos más.
Con modestia, Aracely asegura que pudo reconstruir el itinerario periodístico del escritor, la biblioteca se enriqueció con una donación en la que se encontraba la columna "Letra y Sol Fa" que Carpentier publicaba en el periódico Nacional de Caracas. Mil 800 crónicas que se publicaron en nueve volúmenes.
Lo cierto es que su trabajo bibliográfico colocó a García-Carranza como una referencia obligada para quienes estudian la trayectoria del cubano. No es casualidad que "El Siglo de las Luces", una de las obras más representativas de Carpentier, contenga una cronología que ella realizó, la cual va acompañada de un prólogo escrito por un autor abiertamente `carpenteriano': Carlos Fuentes.
La sorpresa de su vida
Para la académica, el mayor premio que pudo tener en la vida se empezó a cocinar cuando Alejo le pedía regularmente bibliografía de distintos temas. En cierta ocasión le solicitó los acontecimientos más significativos en Cuba de 1952 a 1959: "Fue el tiempo de una tiranía sangrienta que padecimos acá. Él me pidió que le buscara los titulares de la prensa de esos años, le busqué muchísimas cosas, y cuando publica `La Consagración de la Primavera' y la empecé a leer, la alegría más grande de mi vida fue cuando me encontré intertextualizadas la bibliografía que yo le había dado. Por lo menos ese capítulo fue hecho a dos manos. Esa fue la experiencia más preciosa que tuve en mi vida, el haber podido colaborar con un cubano universal como lo fue y lo es Carpentier".
La biógrafa del escritor asegura que el mundo creado por Carpentier se convirtió en la semilla de un árbol que daría sombra a mucha de la literatura que se gestaba en esos tiempos en Latinoamérica: "Los grandes que le sucedieron le deben mucho, no quiero decir nombres, pero lo veo como padre de una etapa muy importante de la literatura y la realidad latinoamericana. América recorre su obra desde los años treinta, cuando él publica en París para dar a conocer a América".
Está claro porqué Carpentier se ganó el título de latinoamericanista y, aunque mucha de su obra se editó fuera de la isla, en Cuba se enamoraron de Alejo.
Pero a García-Carranza no sólo la ha marcado la obra de Carpentier que todos conocen, ella es testigo presencial de la obra que no está publicada, es una lectora privilegiada que ha tenido acceso a ella, como en el caso de "El Clan Disperso", novela inédita que representó su segunda sorpresa al internarse en la inmensidad de documentos que le entregó el escritor: "En su papelería encontré esta otra novela que es sobre el grupo Minorista, un colectivo de intelectuales que se reunían en el año 1927 en La Habana y que abogaban por el arte nuevo y todo eso lo puso en una novela que está sin publicar y ya he leído".
Lo que falta por descubrir
La viuda de Carpentier, Lilia Esteban, siempre rechazó que se publicaran estas obras inéditas, pero a unos meses de su muerte, Aracely está preocupada por el paradero de otros documentos inéditos que se encuentran en la que fuera la casa del escritor.
"Yo participé en el inventario y al parecer el estado cubano va decidir que la papelería, sino la reclama ninguna familiar, va a pasar a la Biblioteca Nacional. Seguramente habrá cosas escondidas con las que me voy a topar, tengo grandes expectativas con la correspondencia".
Sólo hace falta escuchar a Aracely para darse cuenta de las pasiones que despierta Carpentier en su tierra: "Su trabajo me marcó muchísimo, Alejo era un hombre extraordinario, un hombre de muy fácil acceso, muy natural, no era pedante", comenta la investigadora, quien hace una pausa para tomar aire y seguir hablando de otra de las facetas de Carpentier: "Además de ser un excelente novelista, un ensayista maravilloso y un gran cronista, Alejo es un periodista tan grande como lo fue como narrador. Yo les recomendaría que antes de leer su novelística lean su obra periodística, porque él intertextualiza el periodismo en su narrativa".
Araceli García-Carranza Basseti
Es Doctora en Filosofía y Letras y es investigadora en la Biblioteca Nacional José Martí desde 1962.
Ha publicado más de 20 libros. Ha realizado la Bibliografia de José Lezama Lima, Lisandro Otero y José Martí, además de la Biobibliografía de Eusebio Leal Spengler y Alejo Carpentier y la cronología de Fernando Ortiz y Alejo Carpentier para una edición de "El Siglo de las Luces". Es curadora de la Colección Alejo Carpentier desde 1971 y además asesora de la Fundación Alejo Carpentier y jefa de Redacción de la Revista de la Biblioteca Nacional "José Martí".
`Carpentier no es la regla, es la excepción'
Alejo Carpentier no sólo transformó la vida de José Antonio Baujín, sino invadió también su casa, tanto que hasta su hijo lo reconoció como un miembro más de la familia.
La obsesión de José Antonio Baujín por Carpentier se puede resumir en un hecho sencillo, pero revelador: dos de las primeras palabras que su hijo pronunció fue "abuelo carpentiero", resultado de tanto escuchar el nombre del escritor en boca de su padre.
A Baujín, decano de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, no le resulta extraño que su obsesión sea compartida en un desierto que se erige al norte de un país que, dice, Alejo amaba profundamente.
"Alejo por naturaleza fue un hombre puente y México es el lugar que en 1926 le descubre una dimensión no aislada, y subrayó esa idea de aislamiento que le produce el haberse formado en una isla, porque México le da una dimensión continental".
Gracias a esa cercanía, este país se convertiría en un privilegiado testigo que vio cómo Carpentier fue el cronista oficial de la magia que transitaba libre por las calles de un continente majestuoso que encontró en su pluma a un aliado con una enorme capacidad creativa: "No es posible pensar en la gigantesca obra de Carpentier sin `Concierto Barroco', que tiene como centro medular la cultura, el arte y el barroco mexicano".
La influencia mexicana
Según José Antonio, México se insertó rápidamente como un punto de referencia vital para Carpentier y eso es rastreable no sólo en su producción literaria, sino también en su obra ensayística y su trabajo periodístico: "En el continente no hay una figura a la que él le haya dotado de una dimensión mayor como lo hizo con Diego Rivera, al pintor le da la posibilidad de asimilar la vanguardia de la estética y el pensamiento contemporáneo y darle una expresión autóctona. Eso lo encuentra por primera vez en la obra de los muralistas".
Cuba sería un punto de partida, mientras que México, el país que editó su obra, sería la pista desde donde alzaría el vuelo para recorrer el mundo y asentarse por una larga temporada en París. Quizá ese vínculo con Europa llevaría a uno de los forjadores de la identidad Latinoamérica a ser acusado de ser un escritor eurocentrista, a pesar de que lo real maravilloso nacería como una visión opuesta al surrealismo y al realismo mágico europeo.
Una obra fundacional
Al pedirle que enuncie cuáles son las obras del escritor que le parezcan fundamentales, el especialista entra en aprietos: "Es una pregunta difícil de contestar, y va más allá del problema del gusto literario, es muy difícil por que desde su primer novela `Ecue Yamba O', -la cual quiso desaparecer-, realizó una novela fundacional por la utilización que hace de los mitos afrocubanos y afrocaribeños como ejes estructurales de la novela; desde esa perspectiva ya resulta una obra que funda por lo tanto un derrotero en el ámbito más circunscrito de la novela caribeña".
A Baujín le sudan las manos cuando se adentra en las obras de Carpentier, lo hace con cuidado, habla como si se tratara de sus hijos y le resultara imposible pronunciarse por un favorito: "En `El Reino de Este Mundo' Carpentier se va a situar a la vanguardia de la narrativa lationoamericana, la cual cambia a partir de esta obra, ahí hay un hito, un punto de partida, pero, cuando llegamos a `Los Pasos Perdidos' el escritor ha dado un giro nuevo a su propia literatura y al antecedente que tenía; eso mismo sucederá con `El Siglo de las Luces' con la que va a marcar otros derroteros, y dando un salto hasta `Concierto Barroco' y `El Arpa y la Sombra' Carpentier ya está marcando el post-boom de la literatura latinoamericana, de manera que es una figura que no sólo se supera a sí mismo, sino que funda en cada momento una manera de hacer un arte de vanguardia dentro de la literatura latinomericana".
Como lector, Baujín no se cansa de enumerar los poderes curativos de cada uno de los títulos del brujo mayor, y a pesar de que en principio "Concierto Barroco" lo decepcionó y le fue difícil acceder a esta obra, asegura que sumergirse a la narrativa barroca de Carpentier no es nada difícil: "La originalidad del texto, la cita, el pastiche y la parodia hacen muy rica la lectura de su obra. Como se trata de un hombre erudito, toda su obra de ficción está cimentada con base en investigaciones históricas profundas, lo cual no implica que sea de difícil acceso, es una obra que permite lecturas diversas.Las obras de Carpentier son disfrutables para todo tipo de público".
Un hombre adelantado
Como un gran clásico al que se disfruta leyéndolo es como José Antonio Baujín recomienda ingresar al mundo de un autor que enciende la luz sobre una realidad que va más allá de los maravilloso: "Hay que conocerlo como un fundador adelantado, adelantado con mayúsculas, como los adelantados históricos. En primer lugar como un autor que desde un conocimiento absoluto de la historia del mundo, y particularmente de América Latina, es una figura que lleva a la ficción la historia latinoamericana desde la más absoluta amenidad.
"Lo presentaría como un fundador del nivel de Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez, que son figuras que no podemos desconocer de ninguna manera. Leer a Carpentier vale por varios cursos intensivos y tomos de la historia de nuestra región. Cuando hablamos de Carpentier hablamos de una figura verdaderamente excepcional, pero insisto en la idea de excepcionalidad porque en el caso suyo podemos ir directamente a la confirmación etimológica del término, se trata de la excepción, Carpentier no es la regla de los grandes nombres de la literatura latinoamericana, es una figura de excepción".
Finalmente, para ilustrar lo que Carpentier significa en su vida, Baujín hace una revelación que logra poner sobre la mesa una pasión que significa un motor importante de su mundo: "Sólo hace falta contar que mi hijo, quien ahora tiene 8 años, una de las primeras cosas que aprendió a decir fue `abuelo carpentiero' que fue su traducción de un nombre que tanto escuchaba decir. Carpentier ha marcado mucho la concepción sobre el mundo en que vivo, sobre mi realidad cubana, latinoamericana, caribeña; mi historia personal está marcada por la obra de Alejo, me gusta decirlo de esa manera, porque creo que es la mejor forma de rendirle tributo a un escritor que te transforma la vida y te la transforma para bien".
José Antonio Baujín
Doctor en Ciencias Filológicas de la Universidad de La Habana, coautor de "A Puertas Abiertas: Textos Críticos Sobre Arte Español", editado por la Cátedra de Cultura Cubana Alejo Carpentier de la Universidad de Santiago de Compostela. Decano de la Facultad de Artes y Letras. Dentro de sus obras se encuentran: "Otro Visitador del Griffón", "Del Donoso y Grande Escrutinio del Cervantismo en Cuba", "Alejo Carpentier y España".