Las escuelas de verano para extranjeros en Saltillo
La Universidad Interamericana tuvo su propio edificio en la calle de Murguía, donde todavía hoy se ve su fachada de azulejos, y se le conocía como ‘Parque Azteca’
En Saltillo hubo en otros tiempos una sólida fuente de ingresos en dólares, provenientes de las llamadas escuelas de verano para extranjeros. Instituciones tan prestigiadas como el propio Ateneo Fuente ofrecieron ese tipo de cursos en las vacaciones desde la década de los cuarenta, pero el verdadero auge de esas escuelas dedicadas a la enseñanza del español a norteamericanos se dio en la década de los sesenta y en las siguientes.
Las calles, paseos, restaurantes, cafeterías y sitios de recreo se veían de pronto llenos de norteamericanos, jóvenes y mayores, y de todos los colores: blancos y güeros, de ojos claros y oscuros; gente de color muy oscuro y otros no tanto; morenos de ojos azules de orígenes austrohúngaros; otros muy blancos con el cabello oscuro y algunos más con raíces en el lejano Oriente.
La primera escuela de verano que surgió en forma independiente fue la de doña Cuca Galindo, que luego llevó el nombre de Universidad Interamericana. En aquellos tiempos, cualquier cosa podía llamarse “universidad”. Desde luego, la propia palabra incluida en el nombre era para los norteamericanos, además de atractiva, una especie de garantía de la seriedad de la institución a la que venían a estudiar por algunas semanas y obtenían un certificado válido de estudios en español.
La Interamericana tenía una forma muy particular de operar. Además de la gran publicidad que hacía en todo Estados Unidos, antes de iniciar sus cursos de verano realizaba una intensa labor en la ciudad, debido a que su oferta a los estudiantes incluía el alojamiento en casas particulares y la práctica del español con mexicanos de su edad. Gran cantidad de familias saltillenses hospedaban en sus hogares a norteamericanos, y muchos jóvenes, hombres y mujeres, y en menor cantidad algunos adultos, trabajaban en las tardes como “tutores” de los estudiantes.
También se solicitaban los servicios de personas que supieran inglés y quisieran impartir clases a los norteamericanos. Según su grado de dominio del idioma, los “profesores” eran asignados a los diferentes niveles. Además, se contrataban maestros para los cursos superiores en los que se impartían en español literatura española e hispanoamericana, filología, lingüística, lógica y filosofía.
De esta manera, la derrama económica recaía en muchos niveles de la vida saltillense. Se beneficiaban las familias que hospedaban a los estudiantes; los maestros que recibían ingresos extras a sus salarios de mentores y las personas que, sin ser maestros, aprovechaban sus conocimientos del inglés para ganar dinero en el verano. Y no se diga de la muchachada: los jóvenes se divertían en grande, pues su trabajo consistía en acompañar por unas horas al estudiante gringo de su mismo sexo y más o menos la misma edad y ayudarle a hablar y a conocer la vida mexicana cotidiana. Por otro lado, la proximidad del verano y la llegada de “las gringas” siempre motivaban la ruptura de las parejas de novios. Era clásico que los muchachos saltillenses consiguieran siempre una novia extranjera, cuyo comportamiento no se parecía en nada al recatado de las mexicanas, y ellos, por tanto, se dedicaran a demostrarles con hechos contundentes el carácter apasionado de los mexicanos.
La Interamericana tuvo su propio edificio en la calle de Murguía, donde todavía hoy se ve su fachada de azulejos, y se le conocía como “Parque Azteca”. Ambos, edificio y apelativo, acabaron por imponerse al nombre oficial de la escuela. La fachada y aún más la decoración interior de la construcción eran “ad hoc” para hacer sentir a los norteamericanos que se encontraban verdaderamente en México, pero en el México que ellos imaginaban conforme a algunas imágenes y estampas muy difundidas en películas y revistas de la época.
Quizás no venga al caso la comparación. Creo que debieron ser mucho más grandes los beneficios económicos que en dólares le dejaron a Saltillo las escuelas para extranjeros que los de las remesas en dólares que en sus buenos tiempos llegaban de Estados Unidos. Entiendo que estas no incidían en la economía coahuilense. No cabe duda que las políticas inciertas de los gobernantes, tanto como el mismo crecimiento poblacional, acaban en un dos por tres con eso que llaman economía informal. ¿O será economía familiar?