Coahuila: Llegó el día
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Vaya a votar aunque su voluntad le ordene no moverse el domingo: es importante hacer saber a las autoridades que somos las auténticas fuerzas que sostienen a los gobiernos
Como decía mi maestro de Obligaciones: “No hay día que no se llegue ni plazo que no se cumpla”. Llegó el dichoso día de la carrera –afamada como en el corrido de “El Potro Lobo Gateado”– y los coahuilenses elegiremos a los próximos “ministros del culto” de ese centro de alabanza mal llamado Congreso del Estado: diputadillos y especies similares y conexas, incluyendo a los de mayoría y a los de mentiritas, como solía bautizarlos aquel hoy pulpo radiodifusor de triste memoria.
Como refiere una máxima popular, falsamente atribuida al Quijote: “País este, amado Sancho, que destrona reyes y corona piratas, pensando que el oro del rey será repartido entre el pueblo, sin saber que los piratas sólo se reparten entre piratas”.
Y es que en estos comicios participará un gran número de candidatos que buscan la reelección por segunda o hasta tercera ocasión. Con ello, el electorado demuestra que le gusta votar por los piratas de la política, personajes que, una vez en el poder, terminan repartiéndose el botín a fin de incrementar sus propias mieses. ¡Haya cosa!
Tras unas campañas desangeladas –donde quedó demostrado que el valor de una despensa, una tapa de huevo o un bote de leche tiene más fuerza que la conciencia, porque ésta no da para comer–, este domingo concluye la fiesta que requiere el voto ciudadano para echarse a andar. Y una vez que la ciudadanía lo entregue, “hasta no verte, Jesús mío”: los ahora legisladores saldrán con las piernas por delante de sus distritos para desaparecer de territorio durante los próximos tres años.
Hoy se pondrá a prueba la efectividad de los recursos repartidos entre la federación y el estado. Poco importará cuántas casas fueron visitadas, sino la memoria corta del electorado en masa, que emite su voto según la conveniencia, agregándose ahora la amenaza velada del retiro de los subsidios en un engaño chino, ya que esos dineros pertenecen al pueblo por disposición constitucional.
Por lo que, a pesar de las amenazas por un lado y los cantos de sirena por el otro, el elector deberá analizar los perfiles de los candidatos y lo que representan los partidos que los postulan. Son elecciones injustas para los ciudadanos que aspiran a una candidatura independiente, prácticamente imposible de obtener, ya que se les exige acreditar más apoyos que los que reúnen los partidos morralla, satélites o paleros que surgen cada tres años en Coahuila para hacerle el caldo gordo al gobernante en turno y a su partido.
Una gran falla del sistema democrático en el país se da al elegir representantes legislativos, sobre todo mediante el esquema de alianzas y una mala copia del sistema D’Hondt –fórmula matemática de promedio mayor utilizada para asignar escaños proporcionalmente en sistemas de listas electorales–. Este método, que operó en tiempos de Jesús Reyes Heroles, fue alterado por los distintos regímenes mexicanos a conveniencia, hasta que dejó de servirles; como en la época actual de la sobrerrepresentación evidente y letal. “Vieran dicho”.
Al final, todo este desperdicio de fondos públicos para elegir un cuerpo de veneración improductivo y alejado de la gente. Recuerdo aquel trágico decreto que regularizó la deuda pública de Coahuila e impuso un aumento desmedido en derechos y servicios, que nos llevó, por ejemplo, a pagar 200 pesos por un acta de nacimiento, o la aprobación de cuentas públicas de verdaderos saqueadores de las arcas municipales.
¿Sabía usted que el centro de alabanza de Coahuila ocupa el último lugar nacional (puesto 32 de 32 estados) en productividad legislativa y que en 2024 apenas aprobó 19 iniciativas? Porque... ¡qué hueva!
Simple ciudadano como yo, vaya a votar aunque su voluntad le ordene no moverse el domingo: es importante hacer saber a las autoridades que somos las auténticas fuerzas que sostienen a los gobiernos y que, si nos lo proponemos, podemos cambiar cualquier ecuación o régimen. Si no lo hace, luego no se queje.
Habrá que acordarse que en este mundo moderno: “Una papeleta de voto es más fuerte que una bala de fusil”, como decía Lincoln.
ES CUANTO.