Luis García Abusaíd
Miguel estaba en su cama exhausto. Intentaba conciliar el sueño e imaginaba que debía haberle cantado las mañanitas a la Virgen de Guadalupe para revertir en 2015 las bajas calificaciones de su primer año que revoloteaban sobre su cabeza como buitres de mal agüero.
Miguel estaba en su cama exhausto. Intentaba conciliar el sueño e imaginaba que debía haberle cantado las mañanitas a la Virgen de Guadalupe para revertir en 2015 las bajas calificaciones de su primer año que revoloteaban sobre su cabeza como buitres de mal agüero.

Pero estaba agotado. El día anterior había repetido su Primer Informe en 4 escenarios diferentes. Todo era confuso. Entre brumas, le reprochaba al Gobernador su negativa a impulsar la candidatura de su amigo Rigo Fuentes para una diputación federal. Lo sentía como una mala señal para sus aspiraciones a la gubernatura. ¿Con qué otras cartas estará jugando el Jefe?, se preguntaba.

De repente, aparece una Regidora panista para reclamarle que tanto el gasto del automóvil como los electrodomésticos rifados entre 2 mil 500 promotoras de desarrollo social no había sido autorizado por la Comisión de Hacienda municipal. Enfurecido, Miguel le respondía: Lo pagué con mi dinero, vieja loca, y mi Jefazo me regaló el segundo automóvil que rifamos. ¿Cómo la ves?.

Cambia la escena. Miguel juega un partido de raquetbol con Paola Longoria, la campeona del mundo, en un tercer set definitorio muy agitado. La imagen se difumina cuando aparece el Chapulín Colorado, al cual Miguel reta con estas palabras: ¡Te tardaste en llegar a defenderme Chapulín!.

No te aproveches de mi nobleza, porque ni esquela publicaste cuando morí por séptima vez. Miguel le contesta en tono casi inaudible: Discúlpame Chapulincito, pero tenía que ahorrar para comprar los regalos que rifé con las promotoras. Si no las tengo contentas, ¿con quién ganaré las elecciones de 2015 y las de mi candidatura a la gubernatura?.

Vine a verte, porque tu amigo el Rascabuches me dijo que tenías problemas. ¡Si! ¡De a madre! A pesar de que trabajo desde las 6 de la mañana los 365 días del año, a los torreonenses les vale sorbete. Lo sospeché desde un principio. El problema no está en tu capacidad de trabajo, que además es tu obligación, sino en tu incapacidad para construir un principio de confianza ciudadana en tu gestión como Alcalde. Tus Consejos Ciudadanos son patito y la riegas gacho en transparentar el uso de los impuestos de los torreonenses y rendirles cuentas del cómo los utilizas.

¡Bueno, Chapulín! ¿Viniste a regañarme o a ayudarme?. Tranquilo, Miguel. No por mucho madrugar, cuchillo de palo. Te dejaré unas antenitas de vinil para que detectes tus posibilidades reales de ser gobernador. Están usadas, pero sirven todavía (bueno, más o menos). Te presto una chicharra paralizadora para que congeles a tus funcionarios corruptos (no temas quedarte con pocos). Te regalo un chipote chillón para que rompas la opacidad de tu presidencia (aunque estará cabrón). ¡Ah! Además te traje unas pastillas de chiquitolina para que no hagas tantos corajes. ¡Chanfle y recontrachanfle, no puedes quejarte Miguel!.

Son las 6 de la mañana, suena el despertador.